Adle Bekir: una de las heroínas del frente de batalla en Kobane

Adle Bekir es del pueblo de Kaniya Kurdan, en Kobane. Su familia tuvo 10 hijos, tres niñas y siete niños. Sus padres fallecieron. La madre de Adle Bekir le dijo: “Después de que muera, vete con los revolucionarios del Kurdistán y trabaja para la revolución”, lo que efectivamente cumplió. “En cuanto desmonté la tienda de duelo de mi madre, fui con los revolucionarios y les dije: ‘Quiero participar en los trabajos de organización, no quiero casarme y encerrarme en casa’. Ellos dijeron: ‘De acuerdo’.

Adle dice que tiene suerte y cree que Dios le ha dado dos cosas afortunadas. La primera es estar con los revolucionarios durante nueve años, y la segunda es no casarse.

Pasamos a nuestro tema principal. Adle Bekir es una de las heroínas de la guerra de Kobane. Queremos escuchar cada historia por separado. Adle no deja de expresar su agradecimiento a nosotros y a los que antes de nosotros quisieron escribir las crónicas de Kobane en la historia. Adle es consciente de que también es un deber contar lo que pasó.

Kobane es atacada

Adle dice que las bandas del Estado Islámico (ISIS) capturaron los puntos con elementos básicos de vida (panadería, molino, tanque de agua, etc.) en Kobane, y comienza a describir el día en que la guerra en la ciudad se inició con el ataque desde tres direcciones.

“El ataque comenzó en Til Şehr, Kaniya Kurda y Qulbe. En ese momento, estábamos cocinando para los combatientes de las YPG y las YPJ en la mezquita de Heci Reşit. De repente, un compañero dijo: ‘Apagen las bombonas de propano, el ISIS está muy cerca’. Dijimos: ‘No hasta que terminemos de cocinar’. Estaban atacando con armas pesadas. Un mortero alcanzó el minarete de la mezquita y explotó. A pesar de eso, terminamos de cocinar. Luego recogimos nuestras pertenencias y nos fuimos a la zona cercana a la puerta de la frontera. Entre las 4 y las 5 de la tarde, ISIS entró en Kobane”.

Rutas migratorias

Adle recuerda la retórica de los miembros salvajes de ISIS diciendo: “¡Si capturamos a las mujeres de Kobane, haremos pulseras con sus pezones!”.

A pesar de ello, la gente, reunida en la zona fronteriza durante seis o siete días, se traslada al Kurdistán del Norte a medida que la guerra se intensifica. Un pequeño número de personas de Kobane decide esperar cerca de la frontera. Adle y sus compañeros empiezan a cocinar para las personas que se quedan cerca de la frontera.

Adle dice que el Estado turco abrió la puerta de la frontera y permitió a la gente salir, y también envió a miembros de ISIS a Kobane a través de Til Şehr y Kaniya Kurda. En ese momento, se reflejaron en la prensa fotos que documentaban cómo cruzaban la frontera, así como las imágenes de soldados turcos y miembros de ISIS de pie uno al lado del otro.

“Nosotros prometimos”

Adle continúa: “Contra el discurso de Erdogan de que ‘Kobanê caerá’, una combatiente de la YPJ, levantó su arma y golpeó su culata en el suelo, diciendo: ‘¡Mientras Kobane tenga combatientes como nosotros, nunca caeremos, no daremos la espalda a nuestros mártires!’. Y así fue. Se mantuvo sola, resistió a un enemigo al que nadie podía hacer frente y cuya barbarie no podía describirse. El pueblo de Suruç mostró una gran solidaridad diciendo: ‘Estamos con Kobane’, desde los ancianos, los jóvenes hasta sus hijos. De esta manera se prometió que Kobane no caería”.

“El Líder nos escuchó, Kobane no caerá”

“Tomé una siesta por un tiempo –recuerda Adle-. Vi al Líder (refiriéndose a Abdullah Öcalan) en un sueño. Vino a Kobane. En mi sueño éramos cuatro o cinco mujeres amigas. Teníamos un ovillo de cuerda. No podíamos desatar el nudo. Un ovillo blanco de cuerda. El Líder dijo: ‘Tráiganmelo, yo lo desataré por ustedes’, y lo tomó y lo desató. Cuando me desperté se lo conté a mis amigos. Ellos vinieron y me besaron, y dijeron: ‘El Líder también nos escuchó, Kobane no caerá’. En la mañana de ese día, no quedaban ni puertas ni alambres fronterizos. La gente del Kurdistán del Norte fluyó hacia Kobane como una avalancha con el llamamiento del Líder a la movilización”.

Ahora Adle explica que en medio de las batallas, “lavábamos la ropa de los heridos y de los mártires y cocinábamos. A veces llegaban cuatro o cinco bolsas de ropa de los mártires y de heridos al día. Nunca permitimos que nuestros combatientes pasaran hambre o sed en el frente. Fueron tiempos difíciles. Pronto recibimos noticias del martirio de los guerrilleros que habían preguntado por nuestro bien y se marcharon. Heval Evar estaba herido en la mano. Dijo: ‘No puedo quedarme aquí, mis compañeros están todos luchando en los campos de batalla’. Cuando le dijimos ‘estás herido, no te vayas’, no escuchó y se fue. Nos enteramos de que esa noche fue capturado por las bandas”.

“A pesar de todo, intentamos mantener el ánimo alto –prosigue Adle-. Cuando terminamos nuestro trabajo por la noche, visitamos a nuestros compañeros heridos con nuestras panderetas. Intentábamos animarles con ululaciones, aplausos y canciones”.

Construimos cuatro cementerios de mártires

“Construimos cuatro cementerios de mártires durante la guerra –cuenta Adle-. Despedimos a más de mil mártires. Jóvenes, ancianos, padres… Por supuesto, no eran sólo de Kobane. Eran del este, del sur, de Afrin, de Alepo, etc. Todos ellos derramaron su sangre aquí. Nosotros también somos fieles a esa sangre y a esa causa”.

“Por ejemplo, estaba el heval (camarada) Kader –dice-. Venía de Estambul. Los soldados turcos la asesinaron y martirizaron. Lo vimos con nuestros propios ojos. Trajimos el cuerpo de nuestro mártir, lo lavamos, lo pusimos en el ataúd y lo enviamos a su familia al día siguiente”.

Adle continúa: “Nuestros días transcurrían con el ajetreo de hacer el pan, cocinar, lavar la ropa, enterrar a los mártires, atender a los heridos, secar la ropa y llevarla a los frentes, pero no recuerdo haber dicho ni una sola vez que estuviéramos cansadas. Después de lavar los uniformes de los heridos, solíamos verter esa agua en los árboles para que la sangre de los héroes no se desperdiciara y los árboles echaran raíces con su sangre”.

“Hubo un combatiente de Amed que dijo: ‘Te debemos, Kobane’. Yo pregunté: ‘¿Por qué le debes a Kobanê, heval? Ya has dado tu alma’. En cuanto salimos por la puerta del hospital, ese guerrillero fue asesinado”, recuerda.

Nuestros médicos ayudaron a los heridos

Adle explica que en ese momento “no había electricidad, ni pan, ni agua. El pan, la comida, los suplementos de medicina llegaron más tarde. Nuestros médicos tampoco se fueron de allí, curaron las heridas en la heroica batalla. El Dr. Mehemed Ehmed y el Dr. Welat trabajaron sin descanso durante cuatro o cinco meses”.

“Hacíamos pan hasta la mañana –reitera la mujer-. Luego lavábamos la ropa y cuidábamos a los heridos. Si teníamos un mártir, lo enterrábamos. Volvíamos y nos apresurábamos a realizar otros trabajos. Pero nunca nos cansábamos. Por ejemplo, yo no enfermé durante la guerra, sólo un dolor de muelas”.

A esto, Adle agrega: “Por supuesto, es pesado hablar de Kobane. Los combatientes vinieron de todas partes y fueron martirizados aquí. Somos seguidores de esa causa. Seguimos la sangre roja derramada. Esa ropa ensangrentada que lavamos, las botas, las partes humanas que quedaron en las mantas, las manos cortadas, los pellizcos de pelo… Somos los seguidores de la causa por la que se sacrificó todo esto”.

“Muchas personas vinieron a Kobane y cayeron como mártires –enfatiza-. Expreso mis condolencias a las familias de todos estos mártires. Esos héroes eran personas de causa, valientes y abnegadas. Sus padres deben estar muy orgullosos de ellos. No puedo expresar la felicidad del pueblo kurdo abrazado en Kobane, independientemente de su procedencia. Nunca olvidaré el sacrificio de la gente del Norte, que se apoyó en esas barras de hierro y permaneció allí durante días”.

Lo único en lo que creemos es en nuestra fuerza

“Kobane era un lugar pequeño –manifiesta Adle-. Sin embargo, ha sido reconocido en el mundo con la sangre de los mártires. Hicimos todo lo que pudimos. Sin embargo, no es suficiente. Todavía estamos en deuda con aquellos que sacrificaron parte de sus vidas y sus ojos, brazos y pies”.

Para esta luchadora, “en lo que creíamos era en nuestra propia fuerza. Ahora algunos dicen que ‘fue gracias a los americanos’. No tuvo nada que ver con ellos. Esto se ha saldado. Porqué los americanos no ayudaron al principio, antes de las ruinas, los saqueos, la inmigración y la muerte. Estos rumores son falsos. Tenemos confianza en nosotros mismos. Creemos en nuestra propia fuerza, en el poder de nuestra propia unidad. No confiamos ni creemos en nadie más”.

Por último, Adle reflexiona: “Hiciera lo que hiciera el enemigo, no pudo derrotarnos. Todo se convirtió en Kobane y la victoria fue nuestra. Qué día tan maravilloso fue cuando retiramos la bandera del ISIS y plantamos la nuestra en Kaniya Kurda. De hecho, el día que Erdogan dijo ‘Kobane está a punto de caer’, nos hicimos más fuertes, nos levantamos. Los kurdos tienen un dicho: ‘El kurdo es duro de cabeza, terco’. Ese día quedó claro. Nos levantamos, y ellos huyeron de vuelta”.

FUENTE: Bircan Yildiz / ANF / Edición: Kurdistán América Latina

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