Asirios: las imágenes de los cristianos de la Anatolia cuyo genocidio no ha reconocido Joe Biden

El pasado 24 de abril, Joe Biden se convirtió en el primer presidente estadounidense en reconocer como genocidio al asesinato sistemático de entre un millón y medio y dos millones de armenios. Las matanzas tuvieron lugar en los territorios otomanos hace 106 años.

En la imagen, desplazados asirios de Nahla (Irak) y Hassake (Siria) en Nuhadra, norte del Kurdistán.

De este modo, Biden cumplió una de sus promesas electorales. Todos sus predecesores habían evitado utilizar ese término para no comprometer sus relaciones con Turquía.

En la imagen, mujeres asirias durante un funeral en el valle de Nahla.

La reacción de Ankara no se hizo esperar y su pronunciamiento enfureció a uno de sus principales aliados en la OTAN. Casi de forma inmediata, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan aseguró que las palabras de Biden eran “infundadas” y le instó a retractarse.

En la imagen, jóvenes asirias que fueron expulsadas de la ciudad de Karakosh o Bajdida, en 2014, tras la invasión del Daesh.

Los turcos no fueron los únicos en sentir un cierto malestar por el modo en que Biden había llevado a cabo el reconocimiento.

En la imagen, una peluquería asiria en el barrio cristiano de Ainkawa, Erbil, Kurdistán iraquí.

Tanto los griegos pónticos como los asirios perdieron a la mayoría de los suyos durante el Año de la Espada y se han sentido despechados e ignorados por la historia una vez más.

En la imagen, un funeral celebrado en el campo de desplazados de Ainkawa, por las víctimas de un naufragio en el Mediterráneo.

En la actualidad, quedan solo alrededor de 15.000 asirios en Turquía, frente a los cerca de 750.000 que vivían en la Anatolia antes de que las tropas auxiliares kurdas al servicio de los otomanos los despojaran de sus bienes y prácticamente, los aniquilaran.

En la imagen, milicianos de la guardia asiria NPU, en Alqosh, llanos de Nínive, Irak. Esta guardia fue creada bajo el paraguas de Al Hasd Al Shaabi para defender a los cristianos del Daesh.

En los últimos 20 años, los asirios han sufrido un nuevo descalabro demográfico tanto en Irak como en Siria debido, esencialmente, al terrorismo islamista y a la irrupción del ISIS en la escena geopolítica.

En la imagen, un fiel yezidí en el templo de Lalesh, Kurdistán de Irak.

Se estima que hoy viven en las zonas iraquíes administradas por Bagdad y por los kurdos no más de 300.000, frente al millón y medio que había cuando cayó el régimen de Sadam Husein.

En la imagen, la ciudad asiria de Teleskoff fue completamente abandonada durante la invasión del Estado Islámico, en 2014. Allí se fijó el frente.

También en la Yazira su población se ha reducido a un tercio de modo que sus comunidades más pujantes se hallan hoy en la diáspora y, muy particularmente, en ciudades como Chicago, en los Países Bajos, Australia y Escandinavia.

En la imagen, refugiado asirio calentándose frente a una estufa, en Dahok, 2017.

Estos cristianos dicen ser los aborígenes de Mesopotamia y llevan más de un siglo defendiendo sus derechos políticos y culturales y abogando sin éxito por un estado propio o, en el peor de los casos, un territorio autónomo.

En la imagen, milicianos asirios plantan la bandera de Mesopotamia sobre las ruinas de una casa destruida por el Daesh en Teleskoff.

Se reparten esencialmente por tres iglesias: la Caldea, de obediencia vaticana, la del Este y la Siriaco-Ortodoxa.

En la imagen, un cementerio asirio en el valle iraquí de Nahla. Todos los habitantes de este valle son descendientes de los supervivientes del genocidio de 1915.

El rostro de la esperanza.

En la imagen, desplazados asirio de Bajdida, en Ainkawa, Erbil, Irak.

FUENTE: Ferran Barber / Público

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