Desde Palestina a Kurdistán, la resistencia en Medio Oriente y la lógica del Estado-Nación

Distancia entre Kurdistán y Palestina

Entre Jerusalén y Kobanê, la ciudad kurda más cercana al territorio palestino tras entrar en Siria desde el norte de Jordania, hay 13 horas en coche en “condiciones normales”, pasando por Damasco, Hama, Alepo, Bab y Manbij. También es posible hacer esta distancia caminando durante una semana, aproximadamente. Sin embargo, desde hace tiempo es imposible recorrer esta corta distancia entre dos territorios de resistencia, ya que en la región prevalecen las condiciones de ocupación e invasión más que normales. Mientras que el área de Jerusalén hacia Damasco está bajo el control de la ocupación del Estado de Israel, la carretera de pasa por Bab está ocupada y controlada por grupos yihadistas, armados y pagados por el Estado turco. La ocupación físico-militar de estos estados-nación no es la única razón que corta el camino Palestina-Kurdistán, sino también las percepciones políticas e ideológicas que han creado y las consecuencias emocionales de estas percepciones.

Los pueblos kurdo y palestino, que lideran las resistencias más importantes en Medio Oriente, solían tener una relación mucho mejor que la que tienen hoy. El líder del pueblo kurdo Abdullah Öcalan, en 1979, un año después de la fundación del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) en la aldea de Fis, Diyarbakır -sudeste de Turquía- cruzó a Kobanê para establecer una relación internacional. Con la ayuda del Partido de Izquierda Democrática del Kurdistán sirio siguiendo tal ruta, se reunió con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). El FPLP era/es una organización marxista-leninista fundada en 1967 que se ha formado en la lucha armada por el Estado independiente (socialista) de Palestina.

Öcalan, después de algunas reuniones, acordó con el FPLP para la formación armada de un grupo militante del PKK en el campamento Hevre, en el valle de Bekaa, en Líbano. El valle estaba controlado por varias organizaciones guerrilleras palestinas y era el hogar de internacionalistas que venían de diferentes partes del mundo para apoyar la lucha palestina por la libertad. Por otro lado, brindaba entrenamiento armado a muchas organizaciones nacionales que querían levantar la lucha armada en sus territorios. Así, el primer grupo del PKK llegó al campamento Hevre del FPLP antes del golpe militar de 1980 en Turquía. En Bekaa, los kurdos no solo tuvieron chance de conocer los palestinos, sino también a los sandinistas nicaragüenses y los indígenas colombianos y, en 1982, los del PKK obtuvieron sus primeras experiencias de guerra en defensa de Palestina. Luego, en 1984, el PKK lanzó la guerra contra Turquía con la redada de Batman-Eruh. Es decir que la relación con los palestinos fue esencial y la primera relación internacionalista del PKK en su historia.

Sin embargo, aunque hoy en el día los kurdos apoyan la lucha justa del pueblo palestino, no mostraron una participación organizativa en las manifestaciones y marchas de solidaridad con Palestina, celebradas en muchas partes del mundo la semana pasada.

Al parecer, Turquía es el Estado más activo que apoya la lucha palestina en la región, a través del antisionismo y la hermandad religiosa. Tanto es así que mientras las mayores manifestaciones de “solidaridad” se celebraban en Turquía, también los turcos nacionalistas que viven en Europa participaban en las manifestaciones con las banderas turcas y con los gritos de “Takbir-Allahuekber” (por el nombre de Dios).

El hecho de que el apoyo del Estado turco no sea criticado/rechazado por ninguna organización política en Palestina, e incluso valorado positivamente, crea un serio resentimiento entre los kurdos con respecto a la lucha palestina. Sin embargo, los kurdos no habían aceptado la oferta de ayuda del Estado israelí debido a la “persecución de Israel al pueblo palestino”, mientras Turquía invadía las regiones de Serêkaniyê y Girê Spî, bajo el nombre de zona de protección en 2019. Pero el Estado turco no ve ninguna reacción por parte de los palestinos, a pesar de hacer las mismas políticas en Kurdistán que hace Israel en Palestina. Está ocupando tierras kurdas, especialmente en Rojava, lugar por lugar, haciendo limpieza étnica y transformando la demografía con los asentamientos, desplazando al pueblo kurdo. Matan a los kurdos con los gritos de “Takbir-Allahuekber” y cuelgan las banderas en los lugares que destruyen e invaden. La desaparición forzada, la agresión sexual, la tortura y muchas otras violaciones de derechos humanos se utilizan sistemáticamente como armas. En otras palabras, el presidente turco que acusa al Estado israelí como terrorista, actúa de la misma manera, y todo su espectáculo es una operación de imagen para mantener su poder en el país y la región. Pero lo más preocupante es que la política de Turquía está destinada a romper y fragmentar la resistencia en Palestina. La prueba más concreta de ello es que Israel es el tercer país al que más exporta Turquía: en 2020, lo hizo con un volumen de 4.704 millones de dólares.

La lógica del Estado-nación

Medio Oriente es una geografía que alberga diferentes culturas, idiomas, identidades y religiones en cada centímetro de tierra; de hecho, como muchas geografías del mundo, pero quizás más específica en Medio Oriente, es que cada nación y/o religión define su identidad nacional y/o religiosa a través de la hostilidad/oposición que tiene hacia otra. Sólo un idioma, una religión, una nación y la eliminación de las otras, es la célula básica de los estados-nación que fueron formados con la mentalidad dominante.

El genocidio armenio, que se realizó por no ser musulmanes, y las políticas sistemáticas de masacre y opresión hacia los kurdos, por no convertirse en turcos o árabes, son productos de la misma mentalidad. Esta mentalidad se sigue produciendo de la misma manera cuando los judíos, uno de los pueblos más antiguos de Medio Oriente y que fueron masacrados primero por casi todos los estados, establecieron un Estado. Esta vez, Israel (el Estado de los judíos) está matando a palestinos porque son musulmanes, y la triste verdad es que un Estado palestino fuerte probablemente estaría matando a los judíos. Porque el problema de las guerras y los conflictos en Medio Oriente no son las identidades étnicas y religiosas como se suele leer o reflejar, sino cuando una de estas identidades domina como Estado-nación único y considera a los otros como enemigas.

Por lo tanto, no es posible que los movimientos que no rechazan la mentalidad del Estado-nación y, además, no tienen una política y una práctica de liberación basada en la paz social, en la que pueden coexistir las diferencias, generen una verdadera emancipación social. Y eso no se puede construir con los objetivos y alianzas de los estados-nación, sino con una postura político-ética y la solidaridad entre los pueblos. De esta manera, quizás un día sea posible volver viajar libremente de Kobanê a Jerusalén.

FUENTE: Azize Aslan / Desinformémonos

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