El Estado Islámico no ha sido derrotado

Hasta hace pocos días, la mayor insurrección del Estado Islámico (EI) / Daesh desde su derrota en el norte y este de Siria, en 2019, aterrorizaba a la población de la ciudad de Hesekê. Los medios de comunicación internacionales (mucho menos los españoles) prácticamente no se han hecho eco de estos sucesos, que demuestran claramente la reorganización de este grupo terrorista en la región.

El pasado jueves 20 de enero, varias células “durmientes” del Daesh arremetían contra la prisión de Sina’a, el mayor centro de detención de presos del EI/Daesh en el norte y este de Siria, donde residían al menos 5.000 miembros de diferentes nacionalidades, muchos de ellos líderes de la organización. Tras prender fuego a tres camiones de combustible provocando el caos en la zona, asaltaron la cárcel mientras los prisioneros en el interior se amotinaban contra los vigilantes, asesinando a varios de ellos. Miles de prisioneros lograron escapar y esparcirse por los barrios y edificios colindantes, utilizando a los civiles como escudos humanos.

Los combates por retomar el control de la zona y recuperar a los prisioneros fugados han durado casi una semana, y hasta el día de hoy continúa el toque de queda impuesto por la administración en toda la ciudad de Hesekê. 45.000 personas han sido desplazadas de sus hogares y hay al menos 180 muertos confirmados. Hasta el momento, no hay un recuento oficial de cuántos prisioneros han logrado escapar y de cuáles son las cifras finales de heridos y muertos.

Este ataque no es para muchas una sorpresa: la reorganización del EI/Daesh en Siria e Iraq es una realidad latente para quienes siguen la actualidad en la región. Los ataques a pequeña escala, el tráfico de armas y combustible, y la presión sobre la población más marginal de estos dos países han aumentado en los últimos años. La Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES) señala a la comunidad internacional como la principal responsable del resurgimiento del EI en la región.

“Estos incidentes son el resultado de la incapacidad de los Estados extranjeros para cumplir con sus obligaciones. Es cierto que en Baghuz pusimos fin a la presencia militar del EI en la región. Sin embargo, el terrorismo del EI está lejos de terminar. La victoria fue meramente militar. El EI sigue activo. Las células durmientes están atacando todo el tiempo. En lugares que habían estado bajo el control del EI durante años, la ideología del EI no ha desaparecido.” declaró Abdulkarim Omar, copresidente del Departamento de Relaciones Exteriores de la AANES.

Miles de combatientes y familias del Daesh están encerrados en las cárceles y centros de detención de la AANES. Poco a poco, a través de un proceso de selección y de acuerdos con las tribus de las regiones de Siria e Iraq, cientos de ellos han ido retornando a sus lugares de origen, siempre y cuando se asegurara su reintegración a la vida civil. Pero miles de ellos son extranjeros de diferentes nacionalidades: holandeses, ingleses, americanos, canadienses, rusos, españoles, etc. La perspectiva de estos prisioneros es incierta, a varios de ellos sus Estados de origen les han retirado el pasaporte y los han convertido en apátridas, sacudiéndose la responsabilidad de su juicio, seguridad y manutención. La mayoría de países solo quieren aceptar el retorno de los menores, separándolos de sus madres. Son muy pocos los países que están haciendo un esfuerzo por responsabilizarse de sus nacionales.

La carga económica y de seguridad recae directamente en la AANES y las Fuerzas de Autodefensa, que deben asegurar el control y manutención de los mismos, respetando los derechos internacionales de los prisioneros de guerra. Más de 11.000 combatientes de las Unidades de Protección Popular (YPG), Unidades de Protección de Mujeres (YPJ) y Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) perdieron la vida en la lucha contra el Daesh en el norte y este de Siria de 2012 a 2019 por la seguridad mundial contra esta organización terrorista.

La respuesta de la comunidad internacional a este sacrificio ha sido prácticamente nula, manteniéndose en silencio a los continuos ataques del Estado Islámico y a las invasiones de Turquía sobre la región; sin apoyar económica ni políticamente a la AANES, la cual sigue sin estar reconocida por los estados internacionales. ¿Qué necesita la comunidad internacional y principalmente los países occidentales para hacerse responsable de este problema de seguridad mundial? ¿Necesitamos que retornen los atentados terroristas en los países del llamado primer mundo para hacernos consciente del peligro que supone esta organización? ¿Cuántos más muertos tiene que asumir la población del norte y este de Siria en esta lucha contra el terrorismo yihadista?

FUENTE: Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez / El Salto Diario

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