El peligro de hacer nuestros los criterios antidemocráticos de Turquía

Uno de los resultados más sorprendentes de la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid ha sido el reforzamiento de Turquía, al haber podido imponer sus criterios políticos sobre la lucha antiterrorista a cambio de levantar su veto a la incorporación de Suecia y Finlandia en la Alianza. A estas alturas, huelga decir que el gobierno de Erdogan se ha dedicado en los últimos años a aniquilar cualquier atisbo de oposición, amordazando la prensa, deteniendo a miles de opositores, disolviendo cientos de ayuntamientos y purgando quirúrgicamente Judicatura, Ejército, Policía y sistema educativo, especialmente en el nivel universitario, siempre bajo el mantra del antiterrorismo.

Menos conocidas son las formas de exportar su régimen de miedo y terror allende las fronteras, como está haciendo desde las partes de Irak y Siria que, desde hace años, ocupa militarmente, violando flagrantemente la soberanía e integridad territorial de ambos países. En unos casos, utilizando las milicias islamistas que apoya, arma y financia, convirtiendo su “franja de seguridad” al norte de Siria en un territorio sin ley, donde solo en los seis primeros meses de 2022 el Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha registrado 146 muertes violentas, algunas de ellas por torturas, al menos 400 secuestros y más de medio millar de denuncias por violar los derechos fundamentales de las personas.

En otros casos, con drones de última generación que, en la más absoluta de las impunidades, se dedican a “cazar” dirigentes kurdos como si de una veda abierta se tratara, destripando vehículos y viviendas, sin tener en cuenta si están o no acompañados por otras personas que, sin duda, correrán la misma y fatal suerte. De acuerdo con la citada y prestigiosa organización humanitaria, en lo que va del año únicamente en el norte de Siria han muerto 21 personas, entre ellas dos niños y seis mujeres, debido a los 33 ataques con ese tipo de drones, uno de los cuales mató a una familia entera que viajaba en una camioneta seleccionada como blanco por error.

Con la misma impunidad, Turquía está actuando dentro de territorio iraquí. En los dos últimos meses, una docena de personas han perdido la vida en distintos puntos de Irak debido a atentados perpetrados por comandos terroristas o por los misiles lanzados desde aeronaves turcas no tripuladas. El 18 de mayo, era acribillado en Suleimaniya por dos individuos que iban en una motocicleta el dueño de un restaurante que se distinguía por impulsar campañas contra las intervenciones turcas en Irak.

Tres días después, otro dron reventaba el Toyota en que viajaban tres militantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) cerca de Kirkuk, cuando se dirigían a una consulta médica acompañados de dos kurdos locales: Aram Kakajan e Ismail Ibrahim. Todos murieron en el atentado terrorista, dejando estos dos últimos huérfanos de padre a siete y diez hijos respectivamente. En esa misma jornada, otro dron, causando al menos un muerto, alcanzaba el campamento de refugiados de Makhmur, que acoge a 10.000 kurdos que huyeron durante los años noventa de las campañas de limpieza étnica lanzadas por el ejército turco.

El 15 de junio, se repetía la operación en la región iraquí de Sinyar (Shengal), habitada por la comunidad yezidí y asolada por el Estado Islámico durante el verano de 2014, en un genocidio que buscaba borrar del mapa esta religión de origen zoroastriano. Un poderoso proyectil impactaba en la sede de una organización próxima al PKK, provocando decenas de heridos y dos muertos, entre ellos un niño de 12 años. El 24 de junio, le tocaba el turno a Ferhat Shibli, una de las figuras más destacadas de la autonomía que las fuerzas kurdas están levantando en el norte de Siria, cuando circulaba junto a la ciudad iraquí de Kalar. Con él murieron las otras tres personas que le acompañaban.

Los drones turcos del terror ni siquiera han dejado de actuar con motivo de la cumbre de la OTAN en Madrid, siendo alcanzados los días 27 y 28 de junio sendos objetivos en la región de Hesekê, al noreste de Siria, junto a la frontera iraquí, provocando una nueva muerte. Obviamente, esta forma de actuar tiene muy poco que ver con los valores democráticos occidentales que, de acuerdo con las declaraciones de nuestros mandatarios, han salido tan reforzados de la cumbre atlantista de Madrid.

No vamos a descubrir ahora nada si afirmamos que, por enésima vez, han prevalecido los intereses geoestratégicos sobre los derechos humanos. En realidad, en la OTAN siempre ha sido así y el caso de Turquía, en este sentido, es ejemplar. El verdadero peligro estriba en que, debido a las necesidades defensivas, terminemos haciendo nuestros los criterios antidemocráticos de Turquía, como ya lo está exigiendo Erdogan a Suecia y Finlandia para ratificar definitivamente su ingreso en la Alianza.

FUENTE: Manuel Martorell / Diario de Navarra

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