En el altar de la OTAN

“No apoyamos la política expansionista de Rusia ni de la OTAN dirigida por Estados Unidos, que ignora la voluntad de los pueblos… Estamos del lado de la paz”.

Esta cita pertenece a la declaración realizada el día 1 de marzo por del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) y otros miembros de la Alianza para la Democracia (de Turquía). Sirve para recordar que la OTAN está lejos de ser la fuerza benigna que a muchos les gusta imaginar. De hecho, desde que se hizo esta declaración, Estados Unidos y Gran Bretaña parecen haber abandonado toda idea de un acuerdo de paz, prefiriendo verter armas en Ucrania con la esperanza de poner a Rusia de rodillas, sin importar la destrucción de la muerte y el peligro que esto implica.

El extraordinario apoyo a la OTAN en los países occidentales se basa en una imagen cuidadosamente construida de que la OTAN defiende a un pueblo atacado y evita la capitulación ante las tácticas de los matones. Es una imagen que nunca tuvo sustancia, pero ahora Turquía la está haciendo añicos muy públicamente. Las noticias de esta semana (por la semana pasada) han estado dominadas por el veto de Turquía a las solicitudes de ingreso en la OTAN de Suecia y Finlandia, y su explotación de la situación para intentar obligar a los países nórdicos a unirse a su guerra contra los kurdos. En otras palabras, Turquía está tratando de utilizar la OTAN para intimidar a Suecia y Finlandia para que ataquen a un pueblo oprimido. Turquía siempre ha utilizado su pertenencia a la OTAN como escudo de impunidad para sus ataques a los kurdos, pero esto va más allá. Lo que ocurra ahora sigue siendo objeto de muchas columnas de especulación, pero el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se ha referido a la necesidad de abordar las “preocupaciones de seguridad” de Turquía; y el ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlüt Çavuşoğlu, tuvo una reunión muy amistosa con el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, en Nueva York el miércoles, en la que acordaron profundizar en la cooperación en materia de defensa y lucha contra el terrorismo, tras lo cual Çavuşoğlu informó que Blinken le dijo que transmitiría las preocupaciones de Turquía a Suecia y Finlandia. El escenario parece estar preparado para algún tipo de pacto fáustico.

La lista de exigencias de Turquía, que debe considerarse como su posición inicial de negociación, comenzó con la demanda de poner fin a los embargos de armas introducidos en respuesta a la invasión de Turquía en Siria, en 2019; y con la exigencia de tomar medidas drásticas contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y otras organizaciones kurdas, y de extraditar a más de treinta personas. Diecisiete de ellas son supuestamente miembros del PKK, y el resto son presuntos partidarios de Fethullah Gülen, antiguo aliado de Erdogan al que se atribuye el intento de golpe de Estado de 2016. Al final del miércoles, se había revelado la lista completa de demandas de Turquía; y Turquía había bloqueado la decisión de procesar las solicitudes de la OTAN. Turquía también exige la readmisión en el programa de aviones de combate F-35 -del que fue expulsada tras comprar misiles rusos- y la ampliación y modernización de su flota de F16 -para lo que ha habido una gran resistencia en el Congreso de Estados Unidos-. Y piden a Suecia y Finlandia que rompan todos los lazos con las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), en Siria, que Turquía se niega a diferenciar del PKK. El embajador turco en Estocolmo dijo al Financial Times que esta última era la más importante de sus demandas, comentando: “Ellos (Suecia) afirman que este grupo está luchando con Daesh, pero Daesh ya no existe”. Lamentablemente, Daesh, o ISIS, no sólo sigue existiendo, sino que prospera gracias a la inestabilidad creada por los constantes ataques turcos. Además, muchos antiguos miembros del ISIS se han unido a los grupos que Turquía emplea como mercenarios. Las exigencias turcas de prohibir todas las actividades de las organizaciones que Turquía considera simpatizantes del PKK o de las YPG plantearían graves problemas legales y de derechos humanos.

El principal objetivo de Turquía es Suecia, que mantiene mejores relaciones con su comunidad kurda que la mayoría de los países, aunque éstas no han sido nada fáciles. En diciembre de 1984, se convenció a Suecia para que declarara al PKK como organización terrorista, siendo el primer país en hacerlo. Cuando el primer ministro Olof Palme fue asesinado en febrero de 1986, se culpó a los kurdos, de quienes se dijo que tomaban represalias contra esta designación, aunque Palme había mostrado simpatía por la causa kurda. En junio de 2020, el caso de asesinato se cerró, y el gobierno declaró que un sueco que había muerto veinte años antes era el principal sospechoso. Pero para entonces se había hecho un enorme daño a la imagen del movimiento kurdo, en Suecia y fuera de ella. Esto contribuyó a allanar el camino para la prohibición del PKK por parte de Alemania en 1994 y su inclusión en la lista de terroristas de la Unión Europea (UE) en 2002.

Sin embargo, la tradición socialdemócrata de Suecia ha permitido el crecimiento de una fuerte comunidad de inmigrantes kurdos con organizaciones culturales y políticas activas, que actualmente cuenta con seis diputados kurdos. La sociedad sueca se ha mostrado especialmente receptiva con el movimiento kurdo de Rojava y su resistencia al ISIS, y la ministra de Asuntos Exteriores, Ann Linde, se reunió con la presidenta ejecutiva del Consejo Democrático Sirio, Ilham Ahmad, durante la invasión de Turquía en 2019. Esta semana, la Fundación Internacional Olof Palme acogió en Estocolmo la tercera conferencia de grupos de la oposición democrática siria, incluido el Consejo Democrático Sirio (MSD).

Ayer, Ann Linde publicó un tuit en el que se jactaba del apoyo histórico de Suecia a la inclusión en la lista del PKK, a pesar del creciente movimiento a favor de la exclusión de la lista, que cuenta con el apoyo de los 27 diputados del Partido de la Izquierda sueco. Como era de esperar, este tuit no ha gustado a nadie.

Finlandia tiene una comunidad kurda mucho más pequeña, y Turquía ha sugerido que Finlandia está más dispuesta a acceder a algunas de sus demandas, pero la OTAN está considerando ambas solicitudes conjuntamente. Todas las partes están buscando un “compromiso”, mientras que Estados Unidos ha ofrecido apoyo militar bilateral a los países nórdicos hasta que se consiga. El gobierno sueco debe su supervivencia al voto de la diputada kurda Amineh Kakabaveh, con quien llegó a un acuerdo el pasado mes de noviembre para apoyar a los kurdos y especialmente para colaborar con el autogobierno de Siria. Las concesiones al acoso de Turquía también podrían costarles votos en las elecciones del próximo otoño.

Más allá de querer las cosas que ha exigido en sí mismas, el presidente Erdogan estará viendo esto como una oportunidad para presentarse ante la audiencia doméstica como un líder fuerte de importancia mundial, que no puede ser ignorado. Ha adoptado su habitual estilo de diplomacia fanfarrona, calificando a Suecia de “centro de terrorismo total, un nido de terrorismo”. Las relaciones exteriores turcas se han convertido en un rehén frecuente de la política interna. El ministro del Interior se jactó, hace apenas diez días, de la información obtenida a través de escuchas ilegales en una reunión en la embajada alemana, en un intento de desacreditar al opositor Partido Popular Republicano (CHP).

Política de odio en Jerusalén y Ankara

Los kurdos se enfrentan a ser sacrificados, de nuevo, por la política de otras personas. La semana pasada quedó muy clara la amplia falta de preocupación mostrada hacia la opresión kurda, y se trazaron paralelismos con la opresión de los palestinos. Las potencias internacionales permiten que ambos pueblos sean oprimidos con impunidad, pero la opresión kurda apenas tiene mención, para indignación de sus activistas.

El viernes 13 de mayo, la policía israelí atacó el funeral de la querida periodista palestina Shireen Abu Aqleh, muerta por disparos de las fuerzas israelíes cuando estaba claramente identificada como prensa. El ataque policial estuvo a punto de provocar que los portadores del féretro dejaran caer su ataúd, e incluso produjo tuits de desaprobación de la UE y Estados Unidos; pero, como observó Jalal Abukhater en The Guardian, “si haces eso con la mirada del mundo encima, es porque crees que no habrá consecuencias”. Israel calcula que las consideraciones geopolíticas significan que Estados Unidos y sus aliados les permitirán actuar con impunidad.

Turquía también puede contar con la impunidad y, en su caso, la mayor parte del mundo ni siquiera está mirando. Dos días después del funeral de Abu Aqleh en Jerusalén, la policía turca atacó el convoy funerario de la política kurda Aysel Doğan. Doğan pasó diecisiete de sus 69 años en prisión por sus actividades políticas, y solo fue liberada en 2015 por motivos de salud. La policía impidió que el convoy funerario llevara el cuerpo de Doğan a su casa en Dersim, y cuando cientos de dolientes se sentaron en la carretera en señal de protesta, la policía los atacó con gases lacrimógenos y cañones de agua. Sólo permitieron la entrada al cementerio a los familiares cercanos.

No es ni mucho menos la primera vez que la policía turca ataca un funeral. En 2020, los dolientes fueron atacados en el funeral de la abogada de derechos humanos encarcelada, Ebru Timtik, que murió tras una huelga de hambre de 238 días para exigir un juicio justo. En 2017, en el funeral de la madre de la política y abogada de derechos humanos encarcelada Aysel Tuğluk, la policía no impidió que una banda fascista impidiera el entierro y destrozara las tumbas adyacentes. Se ha sugerido que el trauma de esta experiencia podría haber desencadenado la demencia temprana de Tuğluk.

Y los ataques no cesan después del entierro. Un nuevo informe cataloga la destrucción sistemática de tumbas del PKK por parte de Turquía, detallando 122 ataques conocidos contra cementerios kurdos entre septiembre de 2015 y abril de 2020, que destruyeron completamente al menos 1.644 tumbas y vandalizaron al menos 2.926. Hace dos años, Halise Aksoy recibió los restos de su hijo guerrillero -asesinado tres años antes- en una caja por correo. La semana pasada su casa fue asaltada por la policía.

Las potencias mundiales no sólo permiten estos ataques, sino que pueden dificultar la protesta contra ellos. De todos los países que dijeron “nunca más” después del holocausto, Alemania parecía tomarse el mandato más en serio. Pero su interpretación ha sido tan literal y limitada que se ha convertido en lo contrario de lo que se pretendía. El miedo a cualquier cosa que pueda ser percibida como antisemita se ha traducido en una persecución de cualquiera -incluso de los judíos- que haga críticas políticas a Israel, mientras que otros grupos no reciben protección. En Berlín se prohibieron las protestas en conmemoración de la Nakba -el éxodo forzoso de los palestinos que acompañó a la creación del Estado de Israel- y en el Día de la Nakba, el pasado domingo, cualquier persona que mostrara su apoyo llevando una kufiya o los colores palestinos era violentamente acorralada.

Muchas banderas kurdas están prohibidas en Alemania, y el día anterior la policía de Berlín utilizó la presencia de banderas como excusa para atacar y lanzar gases lacrimógenos a los manifestantes tras una marcha y una concentración contra la actual invasión de Turquía en la región del Kurdistán de Irak. Los manifestantes han comentado la agresividad y la provocación de la policía, incluidos los insultos y las amenazas de los policías de origen turco, que nunca deberían haber sido asignados a una manifestación de este tipo y que estaban allí a pesar de las advertencias previas contra su despliegue en los eventos kurdos.

Silencio mundial

La indiferencia oficial hacia los kurdos por parte de las potencias mundiales no puede quedar más claramente demostrada que en la negativa de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) a cumplir su función sin prejuicios, y a investigar las numerosas versiones sobre el uso de armas químicas por parte de Turquía contra los kurdos de Irak. El martes, los activistas intentaron entregar en sus oficinas de La Haya un archivo de pruebas recopiladas por el periodista de Morning Star, Steve Sweeney, pero la OPAQ se negó a aceptarlo. Se ha informado de que se han utilizado sustancias químicas en repetidas ocasiones contra los guerrilleros del PKK en sus túneles de montaña, y también contra los aldeanos locales. Sweeney ha hablado con los aldeanos afectados, y también con médicos locales cuyo informe de diagnóstico de ataque químico fue censurado por las autoridades. Mientras no haya una confirmación oficial de los ataques, éstos pueden ser ignorados, y muchos políticos están contentos de que la situación siga así. (Para más información, véase mi entrevista con Steve Sweeney para Medya News).

La indiferencia oficial se extiende a toda la guerra no informada de la que forman parte estos ataques. De hecho, es peor que la indiferencia. Estados Unidos y sus aliados apoyan plenamente los ataques de Turquía contra el PKK, a pesar de que el PKK lleva mucho tiempo exigiendo negociaciones de paz. Esto hace que estas naciones estén dispuestas a hacer la vista gorda ante los brutales daños colaterales de lo que sólo puede entenderse como una invasión no provocada. Irak se ha sentido finalmente obligado a presentar una queja formal por la invasión ante las Naciones Unidas; pero también lo han hecho en el pasado sin resultado.

Además de la guerra en curso en las montañas del norte de Irak, la semana pasada se produjo lo que se cree que fue un asesinato selectivo por parte del servicio secreto turco (MIT). Zekî Mihemed Çelebi era un refugiado político del Kurdistán del Norte/Sudeste de Turquía y una figura conocida y respetada. Le dispararon a la salida de su restaurante en Sulemani. Este hecho se suma a dos asesinatos anteriores de refugiados políticos del Kurdistán del Norte.

En Siria, las potencias mundiales miran hacia otro lado mientras, cada día, Turquía desafía el alto el fuego que Estados Unidos y Rusia han acordado supervisar, bombardeando aldeas kurdas y acabando con las esperanzas de un futuro pacífico. La semana pasada, una mujer nómada y sus cuatro hijos resultaron heridos frente a su tienda de campaña, cerca de una base rusa en Ain Issa, en una zona donde se han refugiado muchas familias desplazadas. El hospital aún no ha comunicado a la madre herida que su hijo mayor ha quedado parcialmente paralizado.

Aparte de elaborar algún que otro informe en el que se enumeran algunos de los numerosos y horribles abusos que se cometen en las zonas bajo ocupación turca, las organizaciones internacionales no hacen nada para detener la violencia y la devastación. El saqueo de estas tierras se extiende incluso a su historia antigua, y esta semana hemos visto otra historia sobre la destrucción completa de un antiguo yacimiento arqueológico en Afrin, que ha sido arrasado en busca de antigüedades vendibles.

Cuando se trata de, quizás, el mayor ataque a la tierra y a su gente, las autoridades internacionales apenas han reconocido que está ocurriendo. El empeoramiento de la sequía, a pesar de unas lluvias primaverales mejores que la media, ha obligado a la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria a advertir de un “desastre inminente que amenaza la vida y los medios de subsistencia de más de cinco millones de personas… que dependen del río Éufrates para obtener agua potable, riego y electricidad”. Casi nadie menciona el papel de Turquía en la retención de la mayor parte del agua del río que debería entrar en la región.

En Siria, Turquía es un agresor extranjero y un ocupante. Pero el gobierno turco también trata las tierras predominantemente kurdas dentro de sus fronteras como una colonia, y a los kurdos como un pueblo colonizado.

Partes de estas tierras son esencialmente zonas de guerra, donde el ejército turco responde a las acciones de las guerrillas kurdas con castigos masivos ilegales a la población. A los aldeanos se les prohíbe ir a sus pueblos, o se los mantiene restringidos a los alrededores de sus casas y se les obliga a vender sus rebaños. Y las laderas de las montañas son sistemáticamente despojadas de sus árboles.

Todas estas agresiones, Turquía las justifica como dictadas por sus “legítimas preocupaciones de seguridad”, al igual que justifica sus exigencias de extradición y encarcelamiento de periodistas y políticos disidentes de Suecia.

El domingo se celebró el Día de la Lengua Kurda, pero para las autoridades turcas ha sido el momento de prohibir los conciertos y el teatro kurdos. En la última entrega de una abultada historia de eventos prohibidos, el municipio del distrito de Derince canceló un concierto de la cantante kurda-aleví Aynur Doğan; el municipio del distrito de Çayırova canceló la obra “Don Kixot”, del Teatro de la Ciudad de Amed, y la Oficina del Gobernador de Muş canceló un concierto de los hermanos Metin y Kemal Kahraman. Un pequeño resquicio de esperanza lo proporcionó la protesta realizada por la diputada del CHP, Nurhayat Altaca Kayışoğlu, en el Parlamento turco, que expuso su punto de vista cantando en kurdo: más fuerte por el hecho de que el CHP históricamente no ha sido amigo de la lengua kurda.

Contraatacando

He dedicado la mayor parte de esta semana a analizar la despreocupación egoísta de los gobiernos. Esto sólo puede ser desafiado por un movimiento de masas que incorpore a activistas y organizaciones de trabajadores, por lo que esta semana fue bueno ver un pequeño paso adicional en esta dirección dado por los sindicatos británicos. Dieciséis dirigentes sindicales, entre ellos los líderes de Unite y GMB y de los Congresos Sindicales de Escocia y Gales, han firmado una carta abierta al embajador turco en Londres, en la que condenan la agresión turca en Irak y Siria, que comparan con el ataque de Rusia a Ucrania, y se basan en el ejemplo de Irlanda del Norte para instar a que se retomen las conversaciones de paz.

Por último, aunque es difícil estar segura de lo que está ocurriendo, no podemos olvidar la extraordinaria resistencia que está mostrando la guerrilla en las montañas iraquíes contra los asaltos masivos del ejército invasor turco. Dudo en reproducir informes no confirmados de pérdidas turcas significativas, pero es notable que Erdoğan no ha podido reclamar la victoria que cambia el juego que busca desesperadamente. Una canción producida por artistas de Rojava recoge el espíritu de la resistencia: ¡Vamos, Zapê!

FUENTE: Sarah Glynn /Medya News / Traducido por Rojava Azadi

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