Etnocidio contra la población yezidí en Afrin

Inmediatamente después del inicio de la revolución en Rojava, el 19 de julio de 2012, la aldea yezidí de Qestel Cindo, en el cantón de Afrin, fue atacada por las milicias islamistas. Cuando el ejército turco entró en esa región el 20 de enero de 2018, la aldea volvió a ser objeto de ataques. A pesar de todos estos hechos, los yezidíes de Afrin se organizaron en todos los ámbitos de la vida desde el comienzo de la Revolución de Rojava, y han formado parte del autogobierno democrático.

Durante el ataque de Turquía, en violación del derecho internacional y bajo la posterior ocupación, volvieron a producirse innumerables ataques contra los asentamientos y lugares religiosos de los yezidíes, las estructuras democráticas que habían construido y contra la población yezidí en su conjunto. Al asentar a familias de milicianos yihadistas procedentes de otras partes de Siria o del extranjero, el Estado turco está cambiando la demografía de la región. En los pueblos yezidíes están surgiendo mezquitas y asentamientos para los yihadistas y sus familias.

En 2018, el número de yezidíes en Afrin era todavía de unos 25.000, pero hoy solo viven en la región 2.000 miembros de la comunidad. Están expuestos a la persecución étnica y a la violencia por motivos religiosos de las milicias apoyadas por el Estado turco.

La violencia de los islamistas obligó a muchos a huir

Tras el fin del Imperio Otomano, la República turca participó repetidamente en masacres de kurdos yezidíes. La limpieza étnica durante la ocupación de Afrin, que ya dura más de tres años, es acompañada de una política de islamización de yezidíes y alevíes de la zona.

Pero los yezidíes de Afrin no sólo se convirtieron en un objetivo del Estado turco desde el inicio de la ocupación. Justo después de que comenzara la revolución, en 2012, Turquía utilizó a las milicias del llamado Ejército Sirio Libre (ESL) para atacar las aldeas yezidíes.

Al comienzo de la guerra civil siria, entre 30.000 y 35.000 yezidíes vivían en Afrin, y otros 5.000 en Alepo. La guerra también marcó el inicio de la promoción de los grupos yihadistas por parte de Turquía y otros estados de la región. La violencia de los islamistas contra los de otras confesiones obligó a grandes segmentos de la población yezidí a huir a Europa. Uno de los primeros actos de violencia fue el ataque de las milicias del ESL a Azaz, en el norte de Alepo, contra la aldea yezidí de Qestel Cindo, en el distrito de Shera, en octubre de 2012. A éste le siguieron otros ataques contra la aldea y otros lugares como Qitme. La aldea de Êlî Kino fue completamente ocupada entre 2012 y 2013, y muchos de los yezidíes que vivían allí fueron secuestrados.

Los ataques a las aldeas yezidíes continuaron en los años siguientes. El ataque de la milicia terrorista Estado Islámico (ISIS) a la región yezidí de Shengal, en el norte de Irak, y las incesantes amenazas de las milicias turcas en las regiones cercanas a Afrin, hicieron que más personas huyeran a Europa.

Sin embargo, una parte no despreciable de la población yezidí insistió en no abandonar su tierra natal y seguir construyendo sus propias instituciones como parte del autogobierno democrático, al mismo tiempo que preservar la identidad yezidí.

Con el inicio de la invasión turca, en enero de 2018, gran parte de la población yezidí se vio obligada a huir de las ciudades. La mayoría de los que inicialmente permanecieron en las ciudades también se vieron obligados a huir durante el transcurso de la ocupación, debido a las políticas caracterizadas por las masacres, las violaciones, los secuestros y la islamización. La Asociación Yezidí de Afrin, que se vio obligada a trasladar su sede a la vecina región de Shehba debido a la ocupación, estima que el número de yezidíes que permanecen en Afrin es sólo de unos 2.000.

Milicias respaldadas por Turquía amenazan abiertamente con un genocidio

Al comienzo de la invasión, el primer ataque se dirigió de nuevo a Qestel Cindo, que también fue el primer objetivo de las milicias del ELS en las primeras horas de la Revolución de Rojava. Los mercenarios del Ejército Nacional Sirio (ENS), construido por Turquía, amenazó a la población yezidí de los pueblos alrededor de Shera y Sherawa, haciendo referencia al genocidio cometido por el ISIS en Irak: “Haremos en Afrin lo que hicimos en Shengal”.

El ex presidente de la Asociación Yezidí de Afrin, Süleyman Cafer, relató sus experiencias poco antes de la invasión: “Unos cuatro días antes, estábamos sentados frente al centro de la asociación cuando se acercó un grupo de mujeres. ‘Todas llevamos veneno, si los yihadistas vienen a Afrin nos quitaremos la vida. No permitiremos que nos pase lo mismo que a las mujeres de Shengal’, nos dijeron. Turquía y sus milicias no son diferentes del ISIS. Muchos de ellos antes fueron combatientes del ISIS. Todos los comandantes estuvieron con el ISIS. Al igual en Shengal porque eran ‘infieles’, atacaron en Afrin bajo el lema ‘Destruiremos a los infieles’”.

Destrucción de innumerables lugares sagrados

Durante los ataques y la posterior ocupación, se destruyeron innumerables lugares sagrados de la fe yezidí. El 26 de enero de 2018, un ataque aéreo turco convirtió el templo de Ain Dara, de 3.300 años de antigüedad, en un campo de escombros. Antes de la invasión, había 19 lugares sagrados yezidíes en la región de Afrin. Cinco de estos lugares y dos cementerios fueron saqueados y completamente destruidos. Muchos otros lugares fueron devastados y los árboles de los deseos, típicos de la fe yezidí, fueron cortados.

El centro de la Asociación Yezidí, fundada en 2013, fue minado y volado por los ocupantes en junio de 2018. En la explosión, la histórica estatua de Zaratustra que se guardaba allí también quedó completamente destruida. En el centro se habían reunido innumerables libros de la fe yezidí. Tras la destrucción, se construyó en el mismo lugar una escuela coránica de la milicia.

El mayor cementerio yezidí de Siria, situado en el monte Şex Berkêt (Sheikh Barakat), en Dar Taizzah, fue saqueado y sustituido por una base militar turca. Como parte de esta reconstrucción, se eliminaron todas las pruebas de la fe yezidí y se sustituyeron por símbolos islámicos.

Desde el comienzo de la ocupación, al menos 13 civiles yezidíes han sido asesinados y 42 secuestrados en Afrin. 11 de los secuestrados eran mujeres. No hay información sobre el paradero de Afiyet Cuma, de 35 años, y de Sedika Ibo, de 32, desde que fueron secuestradas en la aldea de Qitme por milicianos, en octubre de 2019. Omer Şemo, de 66 años, fue ejecutado por disparos de las milicias tras negarse a convertirse al islam.

El 21 de marzo de 2021, la salafista “Sociedad Ebadullah” (“Amigos de Alá”) invadió la aldea de Qibar. El grupo, formado por 15 personas, entre ellas ciudadanos sirios, permaneció en las casas de 23 residentes yezidíes durante unas dos semanas con el propósito de convertirlos por la fuerza al Islam, según fuentes de la aldea. Durante el Ramadán, los milicianos con uniformes del ISIS visitaron las casas de varias aldeas yezidíes y recordaron a los residentes que debían respetar el ayuno.

En Afrin se aplican normas similares a las introducidas por el ISIS en su antigua “capital”, Raqqa, bajo la ocupación. Las mujeres tienen prohibido salir de casa sin un velo negro. Los niños están obligados a asistir a las madrasas, aseguró el actual copresidente del grupo de defensa de los yezidíes, Suat Huso.

La demografía y la cultura están cambiando

A lo largo de la ocupación, que ha durado más de tres años, el Estado turco ha asentado en Afrin a más de 450.000 personas procedentes de otras partes de Siria, así como de otros países. Muchos de ellos son yihadistas y sus familias. Así, la demografía de la región, antes multiétnica, ha cambiado mucho. Los yihadistas también se instalaron en los pueblos yezidíes. Los vestigios de la cultura yezidí y kurda han tenido que dejar paso a las mezquitas y las escuelas coránicas.

Antes de la ocupación, el 90% de los residentes en Qestel Cindo eran yezidíes, mientras que el resto eran kurdos musulmanes. De las 450 familias yezidíes, hoy sólo quedan 25 en el pueblo, la mayoría de ellas ancianas. Tres casas de familias yezidíes se han convertido desde entonces en mezquitas.

Como en el resto de los antiguos pueblos yezidíes, varias casas del pueblo de Shadire se han convertido en mezquitas. Sólo un puñado de familias yezidíes siguen viviendo en el pueblo, donde el Estado turco está reasentando a personas procedentes del bastión islamista de la provincia siria de Idlib. Junto a Shadire, se está construyendo un asentamiento de 96 casas para los familiares de los yihadistas fallecidos.

Algunas aldeas están bajo especial presión

Los pueblos de Baflûnê, en Shera, y Basûfane, en Sherawa, están sometidos a una presión especialmente fuerte por parte de los ocupantes. De los 3.500 habitantes yezidíes de Basûfane, hoy sólo quedan 200. El ejército turco estableció una base en el pueblo e inicialmente instaló mercenarios de la milicia Faylaq-al-Sham. Recientemente, también se han instalado allí miembros del Frente Al Nusra, un grupo derivado de Al Qaeda. Según los informes, el ejército turco planea asentar la aldea en su totalidad con miembros de Al Nusra y sus familias debido a su proximidad con el cantón de Shehba, que todavía está bajo el control de la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES).

En octubre de 2020, los milicianos de Faylaq-al-Sham comenzaron a construir una mezquita en Basûfanê. Tras las protestas en contra de esto, la construcción se detuvo, pero al menos tres antiguas viviendas se convirtieron en mezquitas. Los niños yezidíes que quedan siguen siendo obligados a asistir a las mezquitas.

Una situación similar se da en la aldea de Baflûnê, cuya población entera se vio obligada a huir debido a los intensos bombardeos durante la invasión. El pueblo y un campamento adyacente de 70 cabañas, están ahora habitados por mercenarios de los grupos Furqat al-Hamza, Ahrar al-Sharqiya y Ahrar al-Sham. Los residentes originales se niegan a regresar y, de nuevo, algunas de las casas se han convertido en mezquitas.

“Hoy son los nietos de los otomanos los que nos expulsan”

Suleyman Cafer señaló la continuidad histórica de la violencia contra los yezidíes, diciendo lo siguiente: “Mientras que los primeros 72 genocidios contra la comunidad yezidí fueron perpetrados por el Imperio Otomano, hoy son los nietos de los otomanos los que están masacrando y expulsando a los yezidíes. En Afrin no ha quedado ni una sola obra histórica que pertenezca a la cultura kurda. Todas fueron llevadas a Turquía. Además, los lugares sagrados fueron destruidos. Creo que Erdogan pronto sacará libros y mapas diciendo: ‘Afrin pertenece a los turcos, aquí no hay nada kurdo’. La situación de los kurdos y los yezidíes en Afrin es muy mala ahora mismo. Turquía no quiere que un solo yezidí permanezca en Afrin. Porque como dijo Abdullah Öcalan: ‘Si no hay más yezidíes, entonces la cultura kurda también dejará de existir’”.

“El Estado turco ha destruido todos los lugares históricos y sagrados de los yezidíes, y se están construyendo mezquitas en los pueblos yezidíes –denunció Cafer-. Se está imponiendo la vestimenta religiosa islámica a los niños y mujeres yezidíes, y se obliga a todos los yezidíes a convertirse al Islam. La humanidad debe alzar por fin su voz contra esto. Debe romper el silencio. Turquía ha ocupado Afrin y trata de convertir una zona kurda en una zona turca. Para ello lleva a cabo una política genocida contra los yezidíes y los kurdos. Todo el mundo debe alzar su voz contra esta política. Turquía debe retirarse de Afrin, de Serêkaniyê y de toda Siria”.

FUENTE: Beritan Sarya / ANF / Edición: Kurdistán América Latina

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