La ley de la frontera kurda con aroma a pimientos dulces

Gracias a las plataformas digitales, llegan a nuestras pequeñas pantallas filmografías alejadas de los cánones de Hollywood, películas incómodas que nos hacen ver otras realidades, con otras miradas, con otras voces. Una de esas películas es coproducción franco-alemana-iraquí, My Sweet Pepper Land (titulada aquí como Tierra de Paprika), que fue premiada en 2013, en el año de su estreno, en el Chicago International Film Festival, donde obtuvo el máximo galardón, el Hugo de Oro, participando también en el Festival de Cannes, en la sección Un Certain Regard. La película está dirigida por el director y guionista kurdo iraquí Hiner Saleem.

A Hiner Saleem lo conocemos porque Anagrama publicó, en 2005, su libro El fúsil de mi padre, donde narra su infancia en el Kurdistán, en unas condiciones muy duras, que no le impidieron desarrollar una gran imaginación y un refinado sentido del humor. Con un hermano combatiendo en las montañas, y su padre teniendo siempre a punto su viejo fúsil, Hiner declaraba entonces: “El fusil de mi padre es la historia real de un niño que vive las situaciones más adversas pero que conserva siempre las ganas de vivir, el humor y los sueños”. Mientras tanto, su padre tiene a punto un viejo fusil ruso, un primo adiestra palomas acrobáticas y un hermano lucha en las montañas. Como escribe el autor: “Yo quería hablar de los kurdos de lrak, que soñaban con una vida feliz y vivieron un desastre. Pero no quería escribir como un hombre político: todo es visto a través de la mirada de un niño. Eso me permitió evocar cosas muy serias con soltura”.

En My Sweet Pepper, Saleem volvió a sus raíces, a las comunidades rurales del Kurdistán iraquí, para filmar una historia con atmósfera de western, que mantiene el patrón clásico del género, sino estuviera tan alejada del Oeste Americano. La acción transcurre en el pueblo fronterizo de Brandost, entre lo que los kurdos llaman Başûr y Rohilat (el Kurdistán iraquí y el iraní), donde el paisaje podría incluso evocar los paisajes montañosos de las películas de John Ford. En esta agreste tierra, sitúa el director iraquí afincado en Francia su historia, en la era post-Sadam, en la que los anhelos de la población por la democracia, pronto fueron ahogados por los clanes kurdos que se hicieron con el gobierno en esa parte del Kurdistán, especialmente el de Barzani, que preside el Gobierno Regional (KRG), desde la invasión americana de 2003.

En este ambiente de caciquismo y corrupción, donde la tradición también es un arma de control social, conocemos a los dos protagonistas principales, Govend, interpretada por la actriz iraní Golshifteh Farahani, una joven maestra que busca en el destino de la pequeña escuela rural de Brandost, una huida del opresivo patriarcado familiar, padre y doce hermanos varones, que quieren forzarla a un matrimonio arreglado. A la pudimos ver en la excepcional película afgana “Syngué Sabour” de Atiq Rahimi, y en la británica “Altamira” de Hugh Hudson. El otro personaje es Baran, es el actor kurdo –nacido en Pilemor, dentro de las fronteras turcas- Arslan Korkmaz, un ex guerrillero que, tras la finalización de la guerra, llega al pueblo para ejercer como comisario de la policía local. Korkmaz participó también en la película “The Cut”, de Fatih Akin, que narra el genocidio armenio, en “Soeur d’armes”, de Caroline Fourest, que cuenta la historia de dos jóvenes francesas que se unen a una brigada internacional que lucha junto a las combatientes kurdas.

Ambos, Govend y Baran, son dos personajes que no encajan en la cerrada sociedad rural de Brandost, gobernada por el tirano Aziz Aga, pues esta sigue anclada en el pasado, donde el peso de la tradición, del patriarcado y de la corrupción de los clanes, choca con el futuro que ellos representan, a través de la educación como herramienta de cambio, y una ley igualitaria para todos, que no pueda ser burlada por los poderosos. Mientras tanto, irán desfilando por la historia contrabandistas y guerrilleras, condenados a muerte, niños que imitan a sus mayores, hermanos defensores del honor, mujeres que gritan en silencio. Es, por tanto, una búsqueda de la libertad, en medio de un entorno donde impera el silencio, la resignación, el peso de la tradición, de la religión y, sobretodo, el patriarcado.

FUENTE: Ángelo Nero / Nueva Revolución

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