La política de “Estados Unidos ha vuelto” de Joe Biden debería comenzar con Siria

La semana pasada, las calles de Turquía estallaron en protestas, con mujeres pidiendo que se respeten sus derechos, después de que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se retirara de la Convención de Estambul para poner fin a la violencia contra las mujeres. El presidente Joe Biden calificó la medida de Turquía como “un paso hacia atrás desalentador para el movimiento internacional para poner fin a la violencia contra las mujeres en todo el mundo”.

Las palabras de Biden son una señal esperanzadora: los líderes como Erdogan no obtendrán un pase gratuito de Estados Unidos, como lo han hecho durante los últimos años. Ha habido un preocupante aumento mundial de la persecución de los partidos políticos de oposición, el silenciamiento de los periodistas, el odio étnico, y el genocidio y la violencia contra manifestantes pacíficos.

Si Biden pide cuentas a Turquía, el resto del mundo puede simplemente creer que “Estados Unidos ha vuelto” a liderar los derechos humanos y respetar las normas internacionales, como dijo el presidente estadounidense en su primer gran discurso sobre política exterior en el Departamento de Estado.

Erdogan ha estado probando la determinación de Estados Unidos durante varios años en Siria, viendo como puede salirse con la suya. Su primera prueba importante fue la invasión de Afrin, en el norte de Siria, mi ciudad natal. Turquía cruzó la frontera e invadió nuestra región a principios de 2018. Han estado ocupando desde entonces, ejerciendo el control a través de un cóctel mortal de represión militar y gubernamental, además de patrullas de miembros de la milicia mercenarias. Es una pesadilla que Estados Unidos hasta ahora ha decidido no ver.

Afrin era una región conocida por los olivares, la población kurda y la política progresista. Luego, Turquía invadió y derrotó a nuestro ejército en marzo de 2018.

Más de 600 personas han sido asesinadas por el ejército turco o las milicias respaldadas por Ankara en tres años de ocupación. Cualquiera que hable es acosado, arrestado o asesinado. Más de 300.000 personas han huido y aproximadamente 400.000 colonos de otras partes de Siria viven ahora en las casas que dejaron. Mi hogar no se salvó. Ahora, los miembros de una milicia viven en la casa que construí con mi familia. Los colonos son, en su mayoría, familias de milicianos islámicos pro-Turquía. El resultado neto es que una ciudad que era 97 por ciento kurda hace tres años, ahora es asolo una fracción de ese porcentaje.

La campaña de Turquía contra las mujeres es evidente no solo en el retiro de la Convención de Estambul, sino que es evidente en todas partes de Afrin.

Mientras el resto de Siria entraba en erupción en una guerra civil, Afrin había visto un creciente movimiento de mujeres. Aproximadamente, el 40 por ciento de los funcionarios gubernamentales eran mujeres. A diferencia de otras partes de Medio Oriente, las mujeres eran propietarias de negocios y de viviendas, intelectuales influyentes y figuras públicas respetadas.

Ahora se han documentado 213 casos de mujeres civiles asesinadas, así como 150 casos documentados de mujeres y niñas secuestradas, violadas y/o asesinadas. Una comisión de la ONU, en septiembre de 2020, descubrió que funcionarios turcos estaban presentes en los lugares de detención donde las personas eran encarceladas y violadas. Esos son solo los casos que conocemos, ya que la mayoría de los casos no se denuncian. En una ciudad donde florecían los derechos de las mujeres, ahora quienes quedan tienen miedo, incluso de salir de sus casas.

Los ocupantes también han talado todos nuestros olivos y árboles frutales para librar una guerra económica, vendiendo árboles centenarios en los mercados de leña.

Como mujer kurda, siento en mis huesos la opresión de nuestro pueblo y nuestras mujeres. Como las mujeres de Turquía en las calles el pasado fin de semana, sé que si no nos ponemos de pie podemos perecer. Alguien debe proteger a la gente de la violencia de los dictadores. Es hora de pedirle a Turquía que se detenga. Estados Unidos tiene ahora la oportunidad de corregir los errores de los últimos años.

La administración Biden busca promover los derechos humanos, para “reconstruir mejor” la política exterior de Estados Unidos de los últimos años, lo que permitió al ejército de Turquía invadir más profundamente nuestra región, en octubre de 2019.

Erdogan apoya la violencia contra las mujeres en Turquía, las mujeres en Siria, los kurdos en Afrin y en otros lugares. ¿Reforzará Estados Unidos sus principios y unirá las palabras con la acción?

El presidente Biden puede mostrarle al mundo que podemos volver a confiar en el liderazgo de Estados Unidos, deteniendo a Turquía, pidiendo que se retire de Siria y haciendo que rinda cuentas por sus abusos. Si Estados Unidos no lo hace, nadie lo hará.

FUENTE: Sinam Sherkany Mohamad / Syrian Democratic Times / Artículo publicado originalmente en The National Interest el 30 de marzo de 2021 / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

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