No hay igualdad, incluso en la muerte

Una característica común en la humanidad, desde el principio de los tiempos, es el dolor que se siente ante la muerte y afrontar ese dolor. Las personas tienen el derecho universal al duelo. Este derecho está reconocido en todas las religiones y en todos los ordenamientos jurídicos. Incluso en la guerra, la profanación de los muertos se considera un crimen de guerra. La profanación de los muertos también está reconocida como delito en la legislación turca, asegura la abogada de derechos humanos Ayse Acinikli.

Acinikli, integrante de la Asociación de Abogados por la Libertad (ÖHD), escribió un artículo al respectos para el diario Yeni Özgür Politika.

A continuación publicamos los extractos más importantes del artículo:

No hay igualdad, incluso en la muerte.

Una característica común en la humanidad, desde el principio de los tiempos, es el dolor que se siente ante la muerte y el afrontar ese dolor. Las personas tienen el derecho universal al duelo. Este derecho está reconocido en todas las religiones y en todos los ordenamientos jurídicos. Incluso en la guerra, la profanación de los muertos se considera un crimen de guerra. La profanación de los muertos también está reconocida como delito en la legislación turca.

Los derechos de una persona que ha muerto no quedan abrogados por su muerte. Incluso si una persona está muerta y enterrada, tiene derecho a esperar el respeto a su memoria que le otorga el hecho de haber vivido. Esto también incluye los derechos de los seres queridos de la persona fallecida a tratar a sus muertos de acuerdo con las obligaciones de su religión, a exigir respeto por los muertos, el cuerpo y la tumba, a que se les permita llorar para cerrar al dolor. Respecto de todos estos derechos, la importancia del paradero del cuerpo, es decir, de la tumba, es absoluta.

No debería ser necesario escribir sobre estas cosas. Pero, trágicamente, la experiencia actual dicta lo contrario…

En Turquía, en los últimos años, se ha producido un aumento de los casos de ataques a cementerios y cadáveres. Se han profanado cementerios, se han exhumado y enterrado cuerpos o huesos bajo las aceras, se han enviado por correo huesos de difuntos a las familias, y se han atacado funerales a la vista de todos, incluida la policía, cuyo deber es protegerlos.

Se ha negado a la gente el derecho a imanes u otros clérigos, se ha intimidado a los clérigos, se han negado coches fúnebres o ambulancias, y se han exigido enormes tarifas para transportar los cuerpos, se ha negado a la gente el derecho a velar y se ha restringido el número de personas en los funerales a solo dos o tres.

Tu raza, religión y opinión política son suficientes para que no seas visto no como un ciudadano, sino como un enemigo que merece este abuso. La profanación de los muertos sirve tanto como intimidación de la familia como una advertencia efectiva para otros con la misma opinión política.

Si bien estas acciones, encaminadas a castigar a los fallecidos o a sus familiares, son legalmente infracciones, no se tramitan las denuncias, se deniegan los recursos y se rechazan las demandas ante el Tribunal Constitucional, o se prolongan indefinidamente para retrasar cualquier traslado a la arena internacional.

Cabe señalar que los lugares donde se obstruyen los ritos religiosos son los mismos lugares donde los líderes electos legítimamente (ya sean alcaldes o diputados) han sido removidos y reemplazados por funcionarios designados por el Estado.

Estas acciones no es que se puedan aplicar a ciudadanos e individuos considerados como iguales, y a pesar de su proliferación, que debería estar causando una protesta pública, las únicas voces que se escuchan son las de aquellos que realmente sufren el dolor. Es un hecho incontrovertible que está en juego el concepto de “otro”.

La política de impunidad no hace más que confirmar que todo esto es, en realidad, una política de Estado. Todo está de la mano del Estado, nadie es sancionado por acciones que son delitos, y quienes las realizan lo hacen seguros en este conocimiento.

Lo que quieren es que esto se normalice, que la gente se acostumbre a ello… Los ataques a los muertos son actualmente tan frecuentes y generalizados que la gente se resiste a preparar las tumbas de sus hijos. Que no puedan llorar y que no se puedan cerrar las tumbas significa que el dolor ante una muerte no cede y las heridas siguen sangrando. En esta situación, la forma de resistencia más poderosa es no endurecerse, seguir gritando la verdad, que estas cosas son crímenes, y aumentar la lucha.

FUENTE: Medya News / Edición y traducción: Kurdistán América Latina

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