¿Qué tan realista es la visión de Erdogan de un cinturón de seguridad desde Siria hasta Irak?

Tras su oferta de reconciliación al líder sirio Bashar al-Assad, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan intenta suavizar el clima con Damasco, por un lado; mientras, insiste en su plan de crear una zona segura a lo largo de la frontera, por otro.

En un acto celebrado el 25 de agosto, Erdogan esbozó por primera vez públicamente una zona segura para Siria e Irak, para contrarrestar las amenazas que Turquía percibe de los grupos armados kurdos en sus dos vecinos del sur. “No detendremos nuestra lucha hasta que aseguremos nuestras fronteras del sur de punta a punta, con un corredor que se extienda a una profundidad de 30 kilómetros (19 millas)”, declaró Erdogan, prometiendo que las operaciones militares de Turquía continuarían “de acuerdo con su propia planificación”.

Sus declaraciones parecían reflejar también el enfado con las condiciones planteadas en respuesta a sus propuestas a Damasco, a saber, que Turquía retirara sus tropas de Siria y pusiera fin al apoyo a los grupos rebeldes armados del país.

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que Ankara cataloga como grupo terrorista por su campaña armada de casi cuatro décadas en Turquía, mantiene desde hace tiempo bases en las escarpadas montañas del Kurdistán iraquí a lo largo de la frontera turca y está vinculado a las Unidades de Protección Popular (YPG), el grupo armado al frente del impulso de la autonomía kurda en el norte de Siria.

La búsqueda de Turquía de un cinturón de seguridad de 30 kilómetros de profundidad en Siria ha estado al descubierto desde 2019. En Irak, su larga persecución al PKK ha visto un control territorial ampliado en los últimos años, sin que se hayan establecido límites explícitos. Ahora, Turquía parece estar pasando a una nueva etapa que vincula sus objetivos en Irak y Siria.

Ante la perspectiva de enmendar el cerco con Damasco, Erdogan está dibujando el marco de sus principales condiciones para la paz. En cierto modo, dice que Turquía se reservará el derecho a mantener el control en una franja de 30 kilómetros de profundidad a lo largo de la frontera o a llevar a cabo operaciones militares en ella, incluso si se retira de Siria, hasta que se satisfagan sus preocupaciones. Es probable que esta visión esté sobre la mesa de negociación si Ankara y Damasco aceptan revisar un acuerdo de seguridad de 1998, conocido como el Acuerdo de Adana, que Moscú ha estado promoviendo como base para la reconciliación entre los dos vecinos.

El Acuerdo de Adana se firmó en octubre de 1998, poco después de que Damasco obligara al líder del PKK, Abdullah Öcalan, a abandonar su antiguo refugio en Siria, bajo la presión de Turquía. En Turquía se interpretó que el acuerdo otorgaba el derecho a perseguir al PKK hasta una profundidad de cinco kilómetros (tres millas) dentro de Siria. Los sirios lo han rechazado, lo que hace dudar de su disposición a aceptar la cifra de 30 kilómetros.

El Acuerdo de Adana exigía que Siria cerrara los campamentos del PKK y pusiera fin a todas las actividades del PKK en su territorio, que juzgara o entregara a los militantes capturados, y que impidiera a los miembros del PKK viajar a otros países a través de Siria. Las dos partes acordaron establecer una conexión telefónica directa y grupos de trabajo para perfilar medidas contra el PKK.

El texto del acuerdo, disponible públicamente, no contiene ninguna disposición que otorgue a Turquía el derecho a adentrarse cinco kilómetros en Siria. Se atribuye a una cláusula secreta, a la que se hace referencia en una carta que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía envió a la Comisión Europea para informarle del acuerdo. La carta, fechada el 22 de octubre de 1998, cita un anexo del acuerdo, según el cual “la parte siria entiende que su incumplimiento de las medidas y obligaciones de seguridad necesarias, establecidas en este acuerdo, da a Turquía el derecho a tomar todas las medidas de seguridad necesarias a cinco kilómetros de profundidad en territorio sirio”.

Sin embargo, el acuerdo no fue ratificado mutuamente para convertirse en un acuerdo interestatal y ambas partes firmaron un Acuerdo de Cooperación Conjunta contra el Terrorismo, en diciembre de 2010. El acuerdo, que entró en vigor en abril del año siguiente, exigía a Siria que impidiera al PKK utilizar su territorio, incluso para el reclutamiento de militantes y la adquisición de armas y recursos financieros, pero de nuevo no llegó a dar derecho a Turquía a realizar intervenciones unilaterales. El artículo correspondiente sólo dice que las dos partes “explorarán las oportunidades de realizar operaciones conjuntas si surge la necesidad”.

Desde el inicio de la guerra civil siria, la única vez que Turquía consiguió hacer constar el término de 30 kilómetros fue en un acuerdo con Moscú, no con Damasco. El acuerdo de 2019 exigía la retirada de las fuerzas de las YPG, vinculadas al PKK, a una profundidad de 30 kilómetros de la frontera turca en el noreste de Siria.

Para Damasco, la presencia militar de Turquía en Siria es un obstáculo fundamental para la reconciliación. El periodista sirio Sarkis Kassargian cree que una retirada turca podría animar a Damasco a ofrecer garantías de seguridad y ampliar el Acuerdo de Adana. Por ahora, Turquía aún no ha superado el umbral de confianza, dijo Kassargian a Al-Monitor, citando evaluaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores sirio.

Según el periodista, las propuestas de Ankara se consideran maniobras para impulsar la suerte electoral de Erdogan antes de los comicios del próximo año. “Nadie en Damasco cree que Turquía tenga intención de retirarse. Por lo tanto, su retirada y el fin del apoyo a los grupos armados es una condición previa. Damasco no participará en el diálogo a menos que Turquía se retire”, dijo Kassargian. Citó a funcionarios sirios diciendo: “Se necesitan medidas concretas para que podamos confiar (en Turquía). La retirada y el fin del apoyo a los terroristas son los pasos más importantes. Después se podrían negociar otras cuestiones”.

Según Kassargian, “Damasco no consentirá la presencia militar de Turquía. Si se cumplen sus condiciones, un eventual nuevo acuerdo podría abarcar la franja de 30 kilómetros de profundidad. Lo más importante es conseguir la aprobación de Damasco y coordinar todo con él”. En segundo lugar, las dos partes tienen que estar en la misma página sobre quién es un terrorista para que Damasco pueda estar de acuerdo con las operaciones turcas, dijo, haciendo hincapié en que las YPG y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), dirigidas por las YPG, no son vistas como grupos terroristas por Damasco.

En cuanto a una posible nueva campaña militar turca en el norte de Siria, Kassargian indicó que es poco probable que el gobierno sirio deje sin respuesta tal medida, independientemente de la posición que adopte Rusia.

Los kurdos de Siria, por su parte, temen un acercamiento turco-sirio basado en el objetivo de desmantelar su autonomía de facto en el norte del país, aunque pocos esperan que Damasco inicie una guerra contra los kurdos en aras de la reconciliación con Ankara.

Bedran Chiya Kurd, un alto funcionario de la administración autónoma, dijo a Al-Monitor que Rusia estaba tratando de acercar a Damasco y a la administración autónoma, preservando su enfoque a favor de la autonomía cultural de los kurdos. No está de acuerdo con que los kurdos sean arrojados bajo el autobús en una posible reconciliación entre Damasco y Ankara. “Turquía ha estado intentando atraer al gobierno (sirio) a una acción conjunta contra la administración autónoma. Pero creemos que el régimen no se arriesgará a luchar contra la administración autónoma. Eso sería un suicidio”, aseguró. No obstante, admitió que la normalización entre ambas partes “no beneficiará al pueblo sirio ni a la administración autónoma en particular”.

En Irak, mientras tanto, el enfado con las operaciones de Turquía ha ido en aumento, como se vio tras la reciente masacre en un retiro turístico, en medio del cuestionamiento sobre si Ankara recibió tranquilamente luz verde para llegar a profundidades de 30 kilómetros dentro del Kurdistán iraquí.

Desde 2017, Ankara ha estado citando el artículo 51 de la Carta de la ONU sobre la autodefensa para justificar sus acciones militares en el territorio iraquí. Anteriormente, un protocolo de seguridad de 1984 con Irak permitía operaciones transfronterizas -hasta una profundidad de 10 kilómetros según algunos, y de cinco kilómetros según otros- antes de que expirara en 1988. Ankara no ha solicitado el consentimiento de Bagdad para las operaciones transfronterizas desde 1991, a diferencia de lo que hizo en la década de 1980.

La Operación Cerradura de Garra de Turquía, que se ha desarrollado por fases en los últimos años, ha supuesto la expansión de cuatro redes de bases militares turcas en el territorio del Kurdistán iraquí. Se han establecido puestos militares en las cimas de las colinas que dominan las zonas fronterizas de Haftanin, Metina, Avashin y Hakurk, que albergan campamentos del PKK desde hace mucho tiempo, pero se dice que los militantes siguen estando presentes en los valles profundos de la región montañosa.

Según el periodista kurdo Omer Kurtgozu, que ha trabajado en el Kurdistán, el PKK ha cambiado su estrategia de despliegue y ha empezado a moverse en pequeños grupos en respuesta al establecimiento por parte del ejército turco de unas 40 bases y a la toma de control de cimas estratégicas en los últimos años. “El PKK utiliza ahora los valles, que son difíciles de controlar”, explicó Kurtgozu.

El analista político Siddik Hasan Sukru, con sede en Erbil, coincidió con él. Sostuvo que Turquía lanzó las operaciones tras un acuerdo con el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), la fuerza política dominante en el Kurdistán iraquí, en 2018. Aunque las fuerzas turcas han tomado ciertas áreas bajo control y han ampliado sus bases, “no pueden dominar las zonas montañosas y la franja fronteriza”, dijo Sukru. “Nadie ha podido dominar esa región a lo largo de la historia. Establecer bases no significa que el PKK haya desaparecido y que las zonas montañosas estén bajo control”, agregó.

Refiriéndose a los estrechos lazos del PDK con Ankara, añadió: “La coyuntura en el Kurdistán es favorable a Turquía, a diferencia de la de Siria. Aun así, Turquía no ha conseguido resultados”.

Un analista de seguridad con sede en Ankara, que quiso permanecer en el anonimato, sostuvo que las operaciones podrían dar resultados, aunque consideró que el último arrebato de Erdogan tenía una motivación política.

Refiriéndose a los casi cuatro millones de refugiados sirios en Turquía, dijo que Erdogan estaba bajo una creciente presión popular “para resolver la cuestión de los refugiados, tanto si habla con Damasco como si no”. Sin embargo, argumentó, Ankara no tiene un plan. “Las instituciones pertinentes no han trabajado en la zona de seguridad. De hecho, pocas personas en esas instituciones ven a Irak y Siria desde la misma perspectiva de seguridad. Las instituciones difieren en sus enfoques. Por eso, considero que la declaración de Erdogan es política”, remarcó.

Según el analista, la viabilidad del cinturón de seguridad en la mente de Erdogan depende de la cooperación con las autoridades oficiales del otro lado de la frontera. En Irak, el PDK ha dado muestras de colaboración, pero carece de poder para asegurar esa franja desde el sur. En cuanto a las montañas de Qandil, a lo largo de la frontera iraquí-iraní, donde se asienta la dirección del PKK, Ankara apenas podría contar con la cooperación de Teherán. Y en Siria, todos se oponen al plan.

Sin embargo, el analista sostuvo que una expansión en línea con el plan era posible en Irak en uno o dos años, aunque no a igual profundidad de la frontera. “Turquía no se enfrenta a reacciones internas o internacionales obstructivas en Irak, a diferencia de lo que ocurre en Siria. Las dificultades en Irak son operativas. El PKK se ha aprovechado de la topografía, prolongando el proceso”, sostuvo. “En Siria, hay grandes Estados implicados y el tiempo no está del lado de Turquía. La reconciliación entre Damasco y Ankara podría allanar el camino de la cooperación con aspectos tanto diplomáticos como militares. Pero todo está en el nivel de la retórica todavía y es probable que siga así durante algún tiempo”, detalló.

FUENTE: Fehim Tastekin / Al Monitor / Traducción: Rojava Azadi Madrid

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