Turquía continúa rebajando el tipo de interés pese al aumento de la inflación

Pese a que la mayor parte de los bancos centrales del resto de países han endurecido sus políticas monetarias para combatir la inflación, el Banco Central de Turquía (CBRT, por sus siglas en turco) se ha propuesto continuar con su política de rebaja de los tipos de interés. Esta estrategia económica, promovida por el presidente del gobierno, Recep Tayyip Erdogan, tiene como objetivo abaratar los créditos y reforzar la economía interna. Además, el mandatario considera que esta maniobra le servirá para reavivar su popularidad de cara a las elecciones generales del país en el año 2023.

De este modo, la economía del país continúa sujeta a la doctrina que ha caracterizado a Erdogan desde el comienzo de su mandato: la doctrina “Erdonomics”. Este término fue introducido por el analista económico Jeffrey Halley para referirse a la concepción de que los altos tipos de interés suponen un freno a la economía y favorecen la inflación, tal como sostiene el presidente turco.

Por lo tanto, de acuerdo con este planteamiento, a finales del pasado mes de octubre el CBRT anunció una bajada de los tipos de interés de 200 puntos básicos, lo que supone una reducción total del 16%. Esto sucedía pocos días después de la destitución de varios miembros del Banco Central de Turquía, sorprendiendo a una población que enfrenta ahora una inflación de más del 20%. Sin embargo, el gobernador del CBRT, Şahap Kavcıoğlu, ha comunicado ya que los tipos de interés todavía podrían sufrir nuevos recortes antes de finales de año.

No obstante, a pesar de que estas políticas monetarias puedan suponer un beneficio para algunos, lo cierto es que su aplicación ha sido muy cuestionada por los expertos. “El crecimiento impulsado por el auge crediticio es problemático. Está sobrecalentando la economía, alimentando la inflación y presionando a la moneda, y no logra atraer los recursos de alta calidad que se requieren para mejorar el bienestar”, afirmaba Guldem Atabay, economista de Global Source Partners, para la plataforma de noticias Bloomberg.

Así, el crecimiento económico producido por esta rebaja de los tipos de interés se lograría a expensas de las clases trabajadoras del país, aquellas que suponen la principal base de votantes del actual presidente. De este modo, la creciente inflación sobre los productos importados -particularmente sobre los alimentos y las bebidas no alcohólicas- golpearía en especial a los grupos que menos ingresos generan, profundizando así las desigualdades que enfrenta el país.

Además, a esto se suma la debilitación de la lira, cuyo valor ha descendido un 20% con respecto al valor del dólar desde el año 2020. De hecho, la moneda turca se ha situado como la moneda de mercado emergente con el peor rendimiento de este año 2021, por debajo del lei rumano y el zloty polaco.

Considerando todos estos factores, el Banco Central de Turquía plantea revisar sus previsiones de inflación para los próximos tres años, comenzando por la de este 2021, que aumentaría de un 14% a casi un 18,5%.

Sin embargo, a pesar de las desigualdades y la crisis inflacionaria, el crecimiento económico del producto interior bruto del país aumentó de un 7,2% a un 21,7% en los dos primeros trimestres del año, según recoge la agencia de noticias turcas Anadolu. “Aunque las estimaciones de las organizaciones internacionales para esta cifra son del 9%, creemos que alcanzaremos los dos dígitos”, aseguraba el presidente Erdogan sobre el crecimiento económico previsto para finales de año. Así pues, los grandes beneficiados de estas políticas monetarias han sido los fabricantes y exportadores, quienes han visto crecer su competitividad en el mercado internacional a causa de la caída de costes de producción, y los grandes propietarios del mercado inmobiliario de Estambul, quienes han aprovechado los préstamos baratos para hacerse con bienes inmuebles.

Hoy, la popularidad del mandatario turco se encuentra en mínimos históricos desde su ascensión al poder como primer ministro, en 2003. Debido a los escándalos políticos y económicos en los que se ha visto envuelto últimamente, y a la inflación galopante que no dejado de crecer en los últimos cinco meses, el apoyo de las clases populares que le sustentaban ha caído a su nivel más bajo.

Además, su postura autoritaria con respecto al desarrollo de las políticas monetarias y económicas le ha llevado a situarse como el gobernador “de facto” del Banco Central de Turquía. Así, en poco más de tres años, Erdogan ha cesado a tres gobernadores y dos subgobernadores del CBRT por haber objetado contra los recortes de los tipos de interés y la venta de reservas de divisas. Esto ha generado para la opinión pública turca la sensación de falta de independencia de la institución bancaria, y para los inversores, la pérdida de confianza en la lira turca.

FUENTE: Nerea Belmonte / Atalayar

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