Turquía, el aliado “irritado” de la OTAN: todo lo que esconde el bloqueo a Suecia y Finlandia

Hamza Yalçin cuenta que huyó a Suecia “porque no era miembro de la OTAN” y eso le hacía sentirse más seguro. “Además, mis amigos de Suecia me pidieron que lo hiciera”, dice. “Estaba en contra de la entrada de Turquía en la OTAN y estoy en contra de la de Suecia. Se tendría que haber celebrado un referéndum”, añade.

Yalçin recibió el estatus de refugiado en Suecia en 1985 y finalmente el país nórdico le concedió la nacionalidad en 2006, “como medio de otorgarle una protección reforzada al persistir las circunstancias que habían justificado la concesión del asilo”. Él es uno de los rostros detrás de la acusación de Turquía contra Suecia y Finlandia por un supuesto apoyo al terrorismo, la cual está obstaculizando su entrada en la OTAN.

Yalçin cuenta que le encarcelaron en 1979 por su militancia de izquierdas cuando estaba en la academia militar. “Me dispararon en la espalda. Unos días antes, mi hermano también fue detenido y lo mataron en custodia. Me escapé de prisión en marzo de 1980 y llegué a Suecia en 1985”. Poco después, volvió a su país y fue detenido en 1990. “Me torturaron y encarcelaron hasta enero de 1992. Me acusaban de dirigir dos organizaciones terroristas: THKP-C Tercera Vía y THKP-C Movimiento de Resistencia”. Él niega las acusaciones y, tras ser absuelto en las dos primeras instancias, el Supremo lo condenó a muerte. Posteriormente, la pena fue conmutada a cadena perpetua. “A los seis meses volví a salir ilegalmente al extranjero”, dice.

En Turquía no se han olvidado de él y en 2017, estando de vacaciones, fue detenido en España en base a una notificación de Interpol presentada por Ankara por supuestamente insultar al presidente en sus artículos y por hacer apología del terrorismo. Tras pasar 25 días en la cárcel en Barcelona, fue finalmente liberado y España rechazó su extradición.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha salido del guion marcado por el resto de socios de la OTAN y amenazó el viernes con bloquear el acceso de Suecia y Finlandia a la alianza atlántica: “Los países escandinavos se han convertido en santuario y una especie de casa de invitados para el PKK y otros grupos terroristas”. Cualquier candidato necesita el voto a favor de todos los estados miembros.

Este jueves, horas después de la presentación formal de su solicitud en Bruselas, el presidente se ha referido explícitamente a Suecia: “No nos entregáis a terroristas, pero nos pedís que os sumemos a la OTAN. La OTAN es una alianza de seguridad y Turquía no aceptará poner en peligro esta seguridad”.  De hecho, el Financial Times ha informado que Ankara ha bloqueado ya la decisión inicial de procesar las solicitudes. Erdogan también ha dicho que las delegaciones de Suecia y Finlandia “no se deberían molestar” en viajar a Turquía.

Suecia, Finlandia y el terrorismo

“Turquía cree de verdad y tiene preocupaciones legítimas de que hay redes de financiación del PKK en Suecia. Además, Suecia ha tenido reuniones públicas con miembros de las YPG, la rama siria del PKK, y Ankara quiere al menos que esas reuniones no se celebren públicamente”, dice Soner Cagaptay, director del programa de Turquía en el Washington Institute for Near East Policy y autor del libro sobre Erdogan A sultan in autumn. “También creo que es una estrategia para intentar que los miembros de la OTAN, que ya consideran al PKK organización terrorista, hagan lo mismo con las YPG”.

Las YPG ha sido uno de los principales aliados de Estados Unidos en Siria en la lucha contra ISIS a pesar de las continuas denuncias de Ankara. Hace unos días, Washington levantó las sanciones en regiones del norte del país, muchas de ellas controladas por las fuerzas kurdas, en otro movimiento que ha enfadado a Turquía.

Además, Erdogan lanzó una ofensiva en 2019 contra estas fuerzas y varios países europeos, entre ellos Suecia y Finlandia, impusieron un embargo a la venta de armas a Ankara. Otra de las razones que motivan el “no” de Erdogan.

Kerim Has, analista turco radicado en Moscú, cree, sin embargo, que la cuestión del terrorismo es solo una “posición retórica” para abrir una negociación en otros ámbitos. “Es de sobra conocido que hay muchas figuras turcas y kurdas de oposición en otros países de Occidente e incluso Estados Unidos coopera directamente con esos grupos armados kurdos en Siria y ello no impide a Erdogan seguir apoyando a la OTAN”.

Suecia y Finlandia, al igual que muchos países europeos, también han dado refugio a decenas de miembros del Movimiento Gülen, que Turquía califica de organización terrorista y a quien acusa de orquestar el intento de golpe de Estado de 2016. Una de las voces más prominentes de ese movimiento es Abdullah Bozkurt, refugiado en Suecia desde 2016. Bozkurt fue el jefe de la delegación de Ankara del periódico Today’s Zaman, que antes de su clausura era el de mayor tirada del país, y es el presidente de Stockholm Center for Freedom, una ONG dedicada a denunciar los abusos de Erdogan, además de director del medio Nordic Monitor, centrado casi exclusivamente en Turquía.

“Salí de Turquía en 2016 justo cuando el gobierno empezó a detener a muchos periodistas de golpe. El día después de irme, la policía asaltó mi redacción en Ankara”, cuenta. “Elegí Suecia por la fuerte cultura de libertad de prensa y porque quería continuar con mi profesión de manera más cómoda”. “No veo un trato especial en Suecia a los miembros del Movimiento Gülen. Sí que ha habido una diáspora kurda fuerte durante décadas y el PKK ha podido encontrar algún apoyo, pero a menudo Turquía mezcla aquellos con intereses legítimos en la defensa de los derechos humanos con los grupos violentos y los pone a todos bajo la etiqueta del PKK”.

De mediador a “bloqueador”

Turquía tiene el segundo ejército más grande de la OTAN, pero en los últimos años ha protagonizado múltiples choques con sus socios. Precisamente, esa independencia frente al resto de miembros de la alianza atlántica y ese doble juego con Rusia son lo que le permitió colocarse, en marzo, como mediador legítimo en un primer intento fracasado de negociación.

Aunque apoya abiertamente a Ucrania, a quien ha enviado armamento, y condena la invasión, ha rechazado seguir a sus socios en la imposición de sanciones a Rusia y ha hecho declaraciones que distan mucho de la línea marcada por la OTAN. “No pensábamos que esta guerra iba a durar tanto. Hay países en la OTAN que quieren que continúe. Quieren que Rusia siga y pierda poder”, afirmó el mes pasado el ministro de Exteriores, Mevlut Çavuşoğlu.

Otro punto importante en el papel de Turquía en la guerra se dio al inicio de la invasión, cuando Ankara cerró el paso por los estrechos a los barcos militares. En realidad, Turquía estaba aplicando la Convención de Montreux de 1936, que regula el tráfico marítimo por los estrechos. El artículo 19 de dicho tratado sostiene que no se debe dejar paso a los barcos militares de una potencia beligerante en caso de guerra.

A Turquía no le conviene romper el tratado ni recibir acusaciones de incumplimiento, porque le da un gran poder a la hora de regular el paso por estos importantes estrechos que conectan el Mediterráneo con el Mar Negro. Erdogan dijo entonces que su gobierno utilizaría “la autoridad concedida por la Convención de Montreux de forma que prevenga una escalada de la crisis”.

Esta medida, no utilizada desde la Segunda Guerra Mundial, ha interrumpido la línea de abastecimiento logístico de Rusia hacia Siria, ha afectado a su capacidad de rotación de embarcaciones en el Mediterráneo y ha impedido a Moscú llevar más buques de guerra hacia el Mar Negro (a menos que tengan su base en el Mar Negro, en cuyo caso sí tienen que dejarle pasar). Sin embargo, Yörük Işık, analista geopolítico que dirige el Bosphorus Observer, consultora que estudia el tráfico marítimo por los estrechos turcos, escribe en un informe del Middle East Institute que el impacto no ha sido tal, porque Rusia está utilizando barcos civiles, que sí tienen permitido el paso, para suministrar ese apoyo logístico a las embarcaciones militares.

Un socio “irritado”

“Tras el intento de golpe en 2016, Erdogan se sintió solo y sus aliados de la OTAN tardaron meses en contactar con él. Putin se adelantó y llamó a Erdogan tan solo un día después y la primera visita de Erdogan al extranjero después del golpe no fue a un socio de la OTAN, sino a Rusia”, recuerda Cagaptay, que cree que el intento de golpe marcó un antes y un después en la relación de Turquía con la OTAN.

“Ese lazo se ha traducido en acuerdos de reparto de poder en Libia, Siria y el Cáucaso Sur. Siguen teniendo grandes diferencias, y Ucrania es un gran ejemplo, pero Turquía se ha convertido en un miembro irritado de la OTAN, a menudo diluyendo la cohesión de la alianza y eso es exactamente lo que Putin quería”, dice. “A excepción de Reino Unido, los socios de la OTAN cometieron un error fatal cruzándose de brazos y permitiendo que Putin se les adelantara en el trato con Erdogan”.

Kerim Has, sin embargo, cree que la relación entre Turquía y la OTAN no se ha debilitado. “El hecho de que Erdogan se sitúe a veces retóricamente con Rusia no significa que le apoye, solo está maniobrando”, señala. “Turquía es el actor más efectivo en impedir a Rusia cumplir sus objetivos en Siria y Libia. Es el actor que para a Putin en Idlib (último bastión rebelde de Siria); las fuerzas de Erdogan también hicieron retroceder a las tropas de Haftar desde Trípoli, Libia, en 2020; y Erdogan siempre ha apoyado la entrada de Ucrania y Georgia en la OTAN”.

El punto más caliente en la relación con la OTAN hasta ahora ha sido la compra por parte de Ankara de los misiles antiaéreos rusos S-400, en 2019. En septiembre del año pasado, Erdogan anunció que tenía la intención de comprar otro lote a Moscú. Como respuesta a esa compra, Estados Unidos prohibió a Turquía la adquisición de los cazas F-35, en cuya fabricación también iba a participar. “Yo diría que Putin ofreció a Erdogan los misiles en aquella visita de 2016, pero sus concesiones no son gratis. Putin permitió a Erdogan libertad de movimiento en Siria, pero el precio era comprar los S-400, lo que ha creado una fisura permanente en los vínculos defensivos entre Estados Unidos y Turquía”, sostiene Cagaptay.

Los expertos creen que una de las cosas que busca Erdogan con el veto a Suecia y Finlandia es provocar un intercambio con Joe Biden y levantar la prohibición a la compra de los cazas. “Pedirá entrar de nuevo en el proyecto F-35”, dice Engin Büker, ex teniente coronel de la armada turca y especialista en inteligencia naval, donde trabajaba en la Oficina de Cooperación Defensiva con Estados Unidos. Fue expulsado después del golpe acusado de gülenista, lo que él niega.

“La razón real de mi arresto fue mi oposición a Erdogan y al gobierno del AKP y mi pensamiento de que Turquía no debería alejarse de la OTAN y del mundo occidental. Pero la razón más importante es mi trabajo junto al personal militar estadounidense, así como mis opiniones y evaluaciones positivas de las operaciones conjuntas en Siria e Irak contra ISIS”, dice Büker.

Erdogan ha llevado a cabo una gran purga en el ejército y muchos de los expulsados denuncian que se trata de una eliminación de los militares más cercanos a la OTAN. “El 15 de julio es el comienzo del proceso de liquidación de los soldados pro-occidentales”, señala Ersin Demircan, militar que formó parte del Departamento de Investigación de Personal (ATİİİ ŞB) de la Marina hasta ser expulsado.

“No puede ir contra Rusia ni contra Occidente. Intenta quedarse a medio camino para convencer a ambas partes, pero ellos se dan cuenta de lo que está haciendo. Erdogan se verá forzado a elegir”, opina Büker.

La clave interna: movilizar a las bases

Por último, todos los analistas consultados coinciden en destacar la clave interna de esta amenaza de Erdogan. En junio del año que viene hay convocadas elecciones en Turquía y el presidente necesita movilizar a sus bases, ya que su popularidad arrastra una tendencia general a la baja desde el intento del golpe de Estado.

“Erdogan sabe que a los turcos les encanta una buena pelea con Europa y esto es algo bueno para movilizar a las bases”, dice Cagaptay.

Has, el analista turco radicado en Moscú, coincide: “Quiere mostrar al pueblo turco que es un líder fuerte y carismático que se puede oponer, aunque sea temporalmente, a Estados Unidos. Dar esa imagen a una audiencia interna es especialmente importante para las elecciones presidenciales de 2023”.

“Está golpeando por encima de su peso y atacando a Suecia y Finlandia para el consumo interno dentro de Turquía. Quiere motivar a sus bases islamistas y nacionalistas de extrema derecha con una narrativa anti-occidental”, dice también Bozkurt.

FUENTE: Javier Biosca Azcoiti /eldiario.es

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