Turquía y el Mediterráneo Oriental

La República de Turquía se está configurando como un actor de mayor peso en el vecindario europeo. Un cambio de enfoque en su política exterior en la región del Mediterráneo y una mayor oposición a la Unión Europea (UE), son algunos de los elementos que conforman esta nueva disposición del país bicontinental.

Dada su cercanía a Europa, la política turca (tanto interna como externa) ha tendido, en las últimas décadas del siglo XX, a “occidentalizarse”, con reformas democráticas y medidas económicas para intentar formar parte de la UE. Dentro de este esquema, desde comienzos de los 2000, Turquía atravesó una etapa en su política exterior en la cual buscó mostrarse como un jugador más del sistema democrático-liberal y económicamente integracionista.

Sin embargo, luego de cambios en la política interna del país (disminución de la influencia militar y aumento del apoyo del AKP, el partido de Recep Tayyip Erdogan), la política exterior turca comenzó a mirar hacia el Medio Oriente y volverse más revisionista de su posición geopolítica en la región. Así, Turquía comenzó una política exterior en su vecindario inmediato más activa y agresiva. Algunos incluso la denominan expansionista y “neo-otomana”.

Esta nueva política exterior regional comenzó con las sucesivas crisis de la “Primavera Árabe” en la región, en particular con la guerra civil en Siria (al sudeste de Turquía), que llevó oleadas de refugiados en dirección de la Unión Europea: Turquía utilizó su cualidad de “puerta hacia Europa” para conseguir concesiones económicas y políticas.

Con la profundización de la guerra civil en Siria, y luego del retroceso de la amenaza del Estado Islámico (ISIS), Turquía procedió en avanzar sobre territorio sirio. Primero con la excusa del “combate al terrorismo”, debido a que el norte de Siria se encuentra controlado por una coalición de fuerzas centradas en Rojava, territorios mayoritariamente kurdos y con lazos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), partido político catalogado como terrorista dentro del territorio turco. Luego, y más recientemente, con el acuerdo y permiso por el propio gobierno de Bashar Al Assad, pese a las declaraciones de Erdogan en contra del régimen sirio.

Tampoco puede dejarse de lado que estos avances en Siria se dieron, a su vez, luego de un acercamiento político con Rusia, y el desinterés de la administración estadounidense bajo Donald Trump por la región. Dato no menor, considerando que Turquía es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Ahora bien, el accionar turco no se ha limitado a Siria. El enfoque de su política exterior turca se ha desviado de dicho país en los últimos dos años: ahora se concentra en el Mediterráneo Oriental.

En este sentido, es conveniente aclarar ciertas cuestiones que ponen a esta región en el centro de la política turca. En primer lugar, el Mediterráneo concentra en su extremo oriental yacimientos de gas, así como tráfico marítimo comercial importante. Por otro lado, las delimitaciones de las plataformas marítimas y de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) están disputadas por Turquía. Es por este motivo que la República Turca no forma parte de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, uno de los tratados internacionales más importantes del sistema internacional y por el cual se regulan las demarcaciones territoriales marítimas.

Los reclamos territoriales turcos en el Mediterráneo se enfrentan a los de la República de Chipre y Grecia (miembros de la UE), principalmente, quienes han acordado límites también con Israel y Egipto. Estos cuatro países forman parte de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y tienen relaciones que van desde frías a hostiles con Turquía.

Ante este aislamiento en el Mediterráneo, Turquía se ha acercado recientemente a Libia para un acuerdo bilateral sobre límites de la plataforma continental en el Mediterráneo, que ignore a las islas griegas. Por su parte, el país norteafricano, dividido por la guerra civil, accedió a cambio de apoyo militar turco. Este apoyo no sólo se dio oficialmente, sino que además hay reportes de mercenarios sirios enviados por Turquía en Libia.

A su vez, el revisionismo turco en el Mediterráneo no se expresa sólo por vías diplomáticas. Acciones agresivas en zonas económicas exclusivas: barcos de exploración (de yacimientos de gas o petróleo) escoltados por naves militares han incursionado en aguas disputadas por Grecia y en aguas chipriotas, incluso realizando maniobras agresivas para echar a otros navíos de exploración actuando legítimamente en la misma zona. Como pueden recordar algunos, estos conflictos pueden volverse un riesgo de escalamiento de la violencia en la región, como sucedió el año pasado con las operaciones del buque turco de exploración Oruc Reis en aguas disputadas con Grecia.

En resumen, Turquía se está perfilando como un actor revisionista, en el este del Mediterráneo y Medio Oriente. Ha pasado de intentar integrarse con la Unión Europea a abiertamente antagonizarla, alejándose de las potencias occidentales y acercándose a Rusia, pese a ser miembro de la OTAN. Ha adoptado un accionar militar activo y agresivo en países vecinos con conflictos armados activos (invasiones en Siria e Irak, envío de mercenarios en el conflicto de Nagorno-Karabaj y en Libia), y ha incrementado su agresividad respecto a los límites marítimos en el Mediterráneo Oriental.

FUENTE: Agustín Fernández Righi / El País Digital

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