¿Turquía utiliza armas químicas en Kurdistán?

Al menos desde 2018, el Movimiento de Liberación de Kurdistán (MLK) denuncia que las fuerzas militares turcas -que atacan e intentan invadir el Kurdistán iraquí (Bashur)- utilizan armas químicas contra la población civil, los integrantes de las Fuerzas de Defensa Popular (HPG) y las Unidades de Mujeres Libres (YJA Star), organizaciones que conforman una guerrilla con más de 40 años de lucha y que controla las denominadas Zonas de Defensa de Medya, en las montañas de Qandil, frontera natural entre los estados iraquí e iraní.

En la actualidad, Turquía sostiene una invasión militar contra diferentes regiones de Bashur –cercanas a la frontera turca-, con el único objetivo de ocupar el territorio, desplegar bases y puestos militares, y –con el paso del tiempo- anexionar esas zonas. Además, intenta por todos los medios golpear a las guerrillas kurdas, al mismo tiempo que aprovecha para generar más desplazamientos forzados entre la población campesina de Bashur. El plan de Turquía, con algunas pequeñas diferencias, se repite en su región kurda (Bakur) al sudeste del país y en el Kurdistán sirio (Rojava).

En reiteradas ocasiones, desde el MLK, llamaron a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) a que realicen investigaciones sobre la utilización de agentes químicos contra civiles kurdos en Bashur. Hasta ahora, ambos organismos se niegan a trasladarse a la región.

En mayo de este año, el periodista Steve Sweeney, del diario británico The Mornig Star, publicó –a través de la plataforma Peace in Kurdistan– un informe sobre la posible utilización de armas prohibidas por parte de Turquía. Sweeney, que viajó durante dos años por Kurdistán, elaboró el informe luego de reunirse con pobladores, médicos, activistas, funcionarios de seguridad y miembros de las guerrillas kurdas en las montañas de Qandil, Ranya, Kuna Masi, el campo de refugiados de Makhmour, Shengal, Dukan, Kalar, Halabja, Duhok, Erbil y las Zonas de Defensa de Medya.

Sweeney presenta una serie de testimonios de personas –a quienes se les respeta el anonimato por temor a represalias- que relatan las consecuencias en la salud de los ataques turcos contra Bashur. El periodista deja en claro que, al no existir una investigación oficial sobre la utilización de armas químicas, y ante su desconocimiento sobre el tema, el informe recoge opiniones sobre una situación que está latente. Sweeney escribe: “The Morning Star ha seguido documentando el uso de sustancias químicas por parte del Estado turco y ha presentado las denuncias ante la OPAQ, las Naciones Unidas y otros organismos, aunque se ha encontrado con un muro de silencio y negaciones”.

Ante la negativa no solo de los organismos internacionales a investigar, sino también del Gobierno Regional de Kurdistán (GRK) –liderado por el Partido Democrático de Kurdistán, principal aliado de Ankara en Bashur-, Sweeney recuerda que, en noviembre de 2021, Murat Karayilan, comandante de las HPG, denunció que Turquía utiliza contra los civiles y las guerrillas “gas nervioso Tabun”, “gas cloropicrina, también conocido como Cruz Verde”, “mostaza de azufre, conocida como Cruz Amarilla”, “spray de pimienta, que el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, admitió previamente” y “un gas nocivo sin nombre, que causa parálisis”.

Falta de aire, erupciones en la piel, quemaduras en el cuerpo, irritación de ojos, cansancio permanente son algunos de los síntomas que afirman haber sufrido las personas que hablaron con el periodista. Sweeney recuerda que, en mayo de 2021, The Morning Star publicó detalles de un ataque químico en las montañas de Avashin, acompañado de imágenes de vídeo, en el cual murieron guerrilleros de las HPG. Al revelarse este hecho, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) de Turquía presentó en el Parlamento una solicitud para que se creara una comisión de investigación. Por supuesto, el pedido fue rechazado y el propio titular del Parlamento turco calificó la denuncia como insultante.

Las personas que brindaron testimonios al periodista inglés cuentan cosas como las siguientes: “A mí me afectó el gas. Llegó al campo después de que Turquía nos bombardeara (…) No sé qué fue. Pero después no podía respirar. Sentía los pulmones como si fueran de fuego. Todavía hoy sigo tosiendo por ello”. Otro de los entrevistados dice: “Mira mis brazos. Están rojos y siguen ardiendo. Tócalos, no pasa nada. ¿Puedes sentirlo? (Sus brazos se sentían muy calientes y parecían emanar calor). Esto fue después de un ataque turco a la aldea. Hubo muchas bombas y explosiones (…) Hubo un gran estruendo y una luz que me hizo daño en los ojos. Estaba en el suelo y tosía. No podía respirar y me quemaba mucho. Llegué a casa y me puse agua fría, pero no funcionó. Fui al centro médico y me dieron pomada, pero no pudieron ponerme vendas porque estaba demasiado caliente. Dijeron que eran quemaduras graves”.

Uno de los detalles que revela el periodista es que muchos médicos que atendieron a pobladores afectados por los ataques turcos fueron presionados para modificar los informes clínicos. Uno de los médicos consultados relató lo siguiente: “Estoy seguro de que se han utilizado productos químicos. Lo he visto muchas veces y es una parte importante de la formación médica. He trabajado como médico del ejército y he tratado a muchos soldados. Esto es lo mismo (…) estamos amenazados por las fuerzas de seguridad. Vinieron al centro médico después de que tratáramos a algunas personas por productos químicos. Se llevaron el informe y nos hicieron cambiarlo (…) Dudaban de nuestro diagnóstico y tratamiento. Dijimos que sabíamos que eran productos químicos y que era eso por lo que los estábamos tratando. Nuestro informe decía esto. Pero luego nos dijeron que eso daba problemas y los jefes se asustaron y nos hicieron cambiar el informe y decir que nos habíamos equivocado. Pero no lo habíamos hecho”.

En el informe escrito por Sweeney, no solo se muestran las denuncias y sospechas sobre la utilización de armas químicas por parte de Turquía, sino que confirma que el plan militar lanzado por Ankara contra las zonas de Bashur es integral y demoledor. Los bombardeos de la aviación o la artillería también tienen como objetivo matar el ganado de los y las campesinas, y quemar sus campos. Al mismo tiempo, genera el desplazamiento forzado de miles de personas que viven en aldeas. Con esto último, Turquía busca “limpiar” las áreas más cercanas a su frontera para instalar puestos militares y continuar construyendo carreteras que los conecten. Todo esto, ante los ojos del Gobierno Regional de Kurdistán, la administración central de Bagdad y Estados Unidos, este último con una fuerte presencia militar en suelo iraquí.

En el informe, Sweeney explica que la “OPAQ sigue ignorando los llamamientos de figuras políticas, funcionarios kurdos y, lo que es más preocupante, de las víctimas de los supuestos ataques químicos de Turquía. Se le ha invitado en numerosas ocasiones a enviar un equipo de investigación a la región para llevar a cabo comprobaciones. Los que están en el terreno simplemente no tienen el equipo necesario para llevar a cabo dichas pruebas, lo que significa que el apoyo externo es vital”.

“El año pasado, conseguí obtener muestras de suelo del lugar de un ataque químico, junto con muestras de ropa y pelo –señala el periodista-. Lamentablemente, no ha habido voluntad de analizar si contenían productos químicos. No soy científico, no tengo ni idea de lo que aportarán las muestras. Pero sí sé que tienen el potencial de aclarar si se han utilizado productos químicos”.

El informe de Sweeney profundiza en los interrogantes que sobrevuelan a Turquía y su política de invasión en Bashur y Rojava. Además, cuestiona a la Unión Europea y a Gran Bretaña por continuar vendiendo armamento de todo tipo al gobierno del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Respaldada por la OTAN, Ankara, en la actualidad, está implicada en varios conflictos bélicos, acrecentando el militarismo no solo en Kurdistán, sino en países como Libia o Azerbaiyán. El silencio que rodea a las guerras planificadas por el presidente Erdogan y sus generales más leales se traduce en miles de civiles muertos a los que muy pocos lloran.

FUENTE: Leandro Albani / La tinta

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