Confederalismo Democrático Mundial de la juventud como respuesta a los problemas de la juventud

La situación de la juventud

Estamos viviendo una situación de caos y emergencia a nivel global. Diversas fuerzas en todo el mundo intentan responder; especialmente la juventud se está enfrentando a grandes dificultades: crisis de identidad, juego sucio y guerra no convencional son solo algunos de los problemas con que nos encontramos hoy. Por eso es importante reconocernos como juventud, reconocernos en una identidad revolucionaria, investigar nuestros orígenes y así iluminar nuestro camino. En el sistema en el que vivimos, al cual llamamos Modernidad Capitalista en nuestro movimiento, el rol de la juventud es muy claro. La juventud es explotada a todos los niveles, usando su energía y dinamismo para sostener al sistema. Ya sea trabajando sin descanso por salarios insostenibles, luchando en las guerras al servicio de intereses económicos y políticos que no tienen nada que ver con nosotras o, especialmente contra las mujeres jóvenes, usando nuestros cuerpos para vender un estilo de vida consumista, vacío de significado e individualista.

Esta forma de dominación, en la que la juventud es manipulada para servir a los intereses de los poderosos, es lo que se llama gerontocracia. Aprovechándose de nuestra falta de experiencia, conocimiento y organización, el sistema forma a las jóvenes mentes para intentar cortarle las alas a nuestra búsqueda de la verdad y la libertad. Si observamos la historia, antes incluso del surgimiento del estado y la división de clases hace mas de 5000 años, cuando la sociedad vivía de forma comunal e igualitaria organizada en torno al liderazgo de las mujeres, las relaciones de poder comenzaron a surgir así; con hombres ancianos usando sus conocimientos y astucia para convencer a la juventud de aceptar su propia esclavitud y convertirse en soldados que imponieran la explotación sobre las mujeres y el resto de la sociedad.

Hoy las formas y tácticas del sistema han cambiado, pero la esencia es la misma. Vivimos esta realidad cada día. De padre a hijo/a, de jefe a empleado/a, de hermano mayor a hermano/a menor, de militante experimentado/a a militante joven. Siempre encontramos las mismas dinámicas que rechazan nuevas ideas y posibilidades en favor de mantener el sistema existente. ¿Cuántas veces hemos oído frases como “eres demasiado joven para entenderlo”, “cuando seas mas viejo cambiaras de ideas” o “es así porque lo digo yo”? No podemos ver estas situaciones como algo individual. Son parte de un proceso social que tiene como objetivo el control de la juventud para mantenerla atada al sistema. Así es como usan nuestra fuerza, nuestro dinamismo, nuestra inteligencia y nuestra curiosidad; así es como usando la excusa de tener más experiencia se legitima el mal uso de la misma.

¿Pero nosotras qué somos? Como jóvenes y como mujeres jóvenes, esta pregunta se nos puede hacer extraña. ¿Existe realmente nuestra identidad? ¿Tenemos una función revolucionaria específica? ¿Necesitamos organizarnos autónomamente? La respuesta a estas preguntas la debemos encontrar por nosotras mismas. Si no lo hacemos nosotras, otros lo harán por nosotras. Y ya vemos en todas las guerras que quien muere son jóvenes engañados para luchar por una supuesta patria; hoy en día lo vemos en Rusia y en Ucrania muy claramente. Al mismo tiempo que vemos cómo en todos los prostíbulos encontramos mujeres jóvenes, forzadas o engañadas para ejercer de esclavas del patriarcado. 

En todos los anuncios la juventud es presentada como un reclamo publicitario dirigido a las clases medias, en todas las Universidades nos roban el tiempo y el intelecto para su propio beneficio, en todos los trabajos nos explotan para continuar haciendo dinero. En todas partes somos objeto de control. Somos usadas para satisfacer los deseos de poder y capital de los poderosos de gran y pequeña escala. Pero como juventud, ha llegado el momento de decir basta. En la historia tenemos ejemplos que nos demuestran que la juventud puede liberarse de sus cadenas y convertirse en una fuerza de liberación. En el siglo XX la mayor parte de las organizaciones revolucionarias fueron fundadas por jóvenes. Esto no es casualidad, la gente joven tiende a unirse y forjar fuertes vínculos entre ellas. De esta manera desarrollamos la colectividad, conocemos nuestra fuerza y nos damos cuenta de qué somos capaces. Aquí yace el potencial revolucionario de la juventud. Nuestra capacidad de crear, de defender, de desarrollar la comunidad es demasiado fuerte; por eso nos temen. Es por eso también que debemos conocernos a nosotras mismas y así dar el paso de organizarnos.

Conferencia Mundial y Confederalismo Democrático Mundial de la Juventud ligado a los problemas de la juventud

En este momento histórico vemos la necesidad –y tenemos la voluntad– de actuar. Es por eso que el pasado noviembre decidimos organizar la I Conferencia Mundial de la Juventud bajo el eslogan “Youth Writing History” (La Juventud Escribiendo la Historia). En la Conferencia nos vimos las caras, nos reconocimos; vimos jóvenes de todos los continentes enfrentándose a problemas parecidos; descubrimos que queremos desarrollar herramientas conjuntas; que el intercambio de experiencias revolucionarias nos ayuda a desarrollar una visión común con capacidad de actuar desde lo general hasta lo particular. Nos dimos cuenta de que enfrentamos problemas parecidos en el interior de nuestras organizaciones; que debemos organizar nuestra voluntad colectiva para desarrollar nuestro papel como jóvenes en el marco de la revolución global. Si no nos organizamos, si no nos unimos, nadie nos escucha.

La Conferencia fue un éxito en este sentido. Una primera toma de contacto; una primera demostración de lo que podemos hacer; un lugar de intercambio y discusión; de pensar y repensar nuestras prácticas; de hacernos saber que no estamos solas/os en nuestra lucha. Con estas discusiones empezamos a delinear un marco de acción conjunto. En este marco creamos la red Youth Writing History, que puede ser un núcleo para la acción global de la juventud. Es una red horizontal donde nos daremos fuerza unas a otras y desde dónde responderemos a los ataques específicos que recibimos como juventud. Estos ataques se materializan en distintas formas, por ejemplo, el hecho de las migraciones forzadas del sur al norte global como consecuencia de una pobreza impuesta en muchos casos, pero también, como consecuencia de una estrategia de desactivación política de la juventud, como encontramos en Kurdistán con la migración forzada de miles de jóvenes a quien se les dejan dos opciones: prisión y muerte o Europa.

Más de 400 jóvenes de 95 países y 45 organizaciones, movimientos y partidos asistieron a la conferencia. No es una cuestión de números, sino de la gran voluntad que se expresó y de cómo nos comprometimos a dar pasos en lo concreto para llegar a nuestros objetivos. La conferencia no es solo el resultado de años de trabajo, es sobre todo un punto de inicio para un trabajo concreto en nuestro camino hacia la libertad. Cada persona vino con su propia voluntad; cada joven, cada organización, partido y movimiento vino porque vio la necesidad de escribir la historia. Grandes y pequeñas organizaciones participaron de la conferencia, provenientes de los cinco continentes, en donde la necesidad de juntarse permitió identificar dos elementos fundamentales: un enemigo en común y la voluntad de construir un mundo justo e igualitario. Superamos las distinciones ideológicas –anarquismo, marxismo-leninismo, feminismos, ecologismos– para dar un mensaje al mundo: “la juventud en lucha por la Libertad es imparable”.

Es por eso que evaluamos la conferencia como un paso histórico. Desde hace muchos años el mundo no ha visto a la juventud mostrar la voluntad de tomar posesión de su futuro; hacía demasiado tiempo que el mundo no podía ni siquiera imaginar qué es lo que quiere decir la voluntad libre de la juventud. Pero ahora ya avanzamos hacia el desarrollo de un sujeto global, de una identidad juvenil que busca su propio camino. Ese es un paso histórico. En los últimos años hemos visto cómo las fuerzas imperialistas intentaban organizar a la juventud;  hemos visto diversas reuniones que pretendían clarificar un marco concreto para la acción juvenil, pretendían usar a la juventud para su propio beneficio; utilizar el dinamismo juvenil y su participación en protestas y acciones de masa para imponer regímenes favorables a una u otra fuerza imperialista, para justificar nuevas ofensivas ideológicas del liberalismo. Por eso es de vital importancia esta conferencia que no busca el beneficio de ninguna fuerza imperialista; busca que la juventud se encuentre, tome fuerza y luche por su libertad; busca dar fuerza en cada contexto a una juventud independiente de cualquier fuerza externa, a una juventud extremamente diversa pero decidida. Esta conferencia es una base para la acción autónoma global de la juventud. Una conferencia esencialmente anti-capitalista, anti-imperialista, anti-patriarcal, porque esas son también las fuerzas que nos utilizan para sus objetivos. Es una conferencia de la juventud por y para sí misma.

En la conferencia hicimos varios talleres que nos permitieron conocer diversos puntos de vista sobre este tema. La Juventud está hoy forzada a migrar, expuesta al liberalismo más extremo; se enfrenta a la destrucción ambiental y a la violencia sexista; es usada para el desarrollo del militarismo y del fascismo; no tenemos voz en la educación del sistema, aun si sabemos cómo queremos ser educadas. Discutimos sobre los problemas de la juventud indígena, de pueblos oprimidos, sobre cómo desarrollar nuestra propia economía libre de explotación y gerontocracia. En la Conferencia empezamos también a conocer nuestra historia y discutimos la necesidad de organizarnos de forma internacional. Hablamos de la necesidad de libertad que tenemos, de esa búsqueda que nos guía.

Es imposible resumir en algunas líneas lo que realmente pasó en la conferencia. Lo que sabemos es que vamos a seguir dando pasos. Ahora tenemos una alianza fuerte, hemos hecho una declaración conjunta que nos permitirá avanzar. Vamos a seguir reuniéndonos, discutiendo, vamos a pasar a la acción a nivel global y así reforzar nuestra acción local.En un mundo marcado por la guerra, la destrucción ambiental, las violencias machistas y el feminicidio, la juventud quiere jugar un rol de cambio. 

Hemos visto a lo largo del presente siglo varios procesos de movilización de la juventud en la forma de protestas por la democracia, por la defensa de los pueblos originarios, por una relación realmente ecológica entre el ser humano y la sociedad y el resto de la naturaleza, por la liberación de la mujer y contra toda forma de violencia machista. Hemos visto alternativas vitales, económicas y organizativas construirse y desarrollarse, grandes esfuerzos para un cambio en toda la sociedad. Esto son muestras claras de que la juventud tiene una visión. La juventud se opone al estado de cosas actual; esta oposición, si se organiza globalmente, será una vanguardia que guiará el cambio global. Por eso es importante unirse y organizarse; es importante que creemos estructuras democráticas que unan la diversidad de la juventud; que nos permitan hacer frente a los ataques del enemigo y, sobre todo, que nos lleven hacia la liberación como juventud y como sociedad en general. Para experimentar La Libertad debemos luchar; para luchar debemos organizarnos. Esta Tercera Guerra Mundial nos muestra –como decíamos en el número anterior-– que el sistema se está reorganizando, que vivimos un intervalo de caos, que avanzamos hacia un mundo multipolar, es decir, un mundo donde habrá muchos focos de poder –y, por tanto, de explotación y opresión– y dichos focos se enfrentan entre ellos continuamente. Vemos diversos tipos de fuerzas participando en esta guerra, vemos estados nacionales de todos los tipos y colores uniéndose para lograr mayores cotas de poder, los vemos también rompiendo alianzas y cambiando de cómplices en esta guerra. Vemos que esta guerra llega a afectarnos individualmente en nuestras vidas. Las condiciones materiales a nivel global son cada vez peores para la clase trabajadora, para las mujeres, para la juventud, para el planeta.

El sueño de la clase media, del american –o europeanway of life se desvanece entre miseria y destrucción ambiental. La mujer se encuentra ante la enésima ofensiva contra su libertad, una de las más profundas: la absoluta liberalización y mercantilización de su cuerpo y de su mente, incluso de su identidad, con la violencia que ello conlleva. La juventud se enfrenta al nihilismo y a la falsa esperanza, a una falsa concepción de libertad que no puede satisfacer su búsqueda, que vacía la Vida para llenarla con drogas, alcohol, fanatismo religioso o deportivo, adicción y dependencia del trabajo o el estudio y relaciones tóxicas a todos los niveles. Estos y tantos más son efectos que el sistema capitalista, este monopolio de poder y capital, considera necesarios para el desarrollo de la Tercera Guerra Mundial. Es un “mal necesario” para continuar en su enfermiza búsqueda de beneficio y poder. Por eso tenemos que frenar esta guerra. Para recuperar nuestra identidad. 

Para, como juventud, impulsar, empujar y hacer avanzar la Libertad en el mundo, debemos romper  los esquemas impuestos en nuestra mentalidad y en nuestra cotidianidad, y hacerlo de forma organizada para construir el sistema alternativo. Hoy vemos que se dan pasos en este sentido, desde la organización de las comunidades originarias en Abya Yala hasta la participación y organización de la juventud desde Myanmar hasta Filipinas, Palestina y Mali. En diversos lugares, la juventud toma la iniciativa y decide organizarse, decide afrontar los problemas propios y los de la sociedad. También en el Norte Global la juventud no se queda quieta y callada ante el desastre ecológico impulsado por capitales europeos y norteamericanos. En este punto es importante resaltar la gran hipocresía del sistema, que a la vez que impulsa y desarrolla un sistema en contradicción fundamental con el medio ambiente, invierte millones de dólares en el desarrollo de cumbres –como el próximo COP29 a realizarse en Azerbayán, tras la invasión azerí del Karabakh armenio– que no solo son parte del problema, sino que sirven para legitimar regímenes autoritarios. 

En distintas formas, la juventud se organiza, por ejemplo, en los puestos de trabajo, en los barrios y pueblos para frenar la explotación y expansión del capitalismo. En Kurdistán y en Oriente Medio la juventud toma un rol de vanguardia en el desarrollo revolucionario. Todo esto lo hemos visto, pero también vemos que por ahora sufrimos muchas limitaciones, vemos que existen muchas organizaciones donde no existe una reflexión sobre el papel de la juventud y que de nuevo no llega a expresar su libre voluntad. Vemos que las organizaciones juveniles pueden ser rápidamente asimiladas ideológicamente por el liberalismo y caer en reformismos, purismo o dogmatismo como hace la izquierda clásica y así se alejan de la sociedad. Es así que nos desactivan. 

La respuesta es siempre lucha, organización y formación. Pero somos conscientes de que tenemos un gran camino por delante, de que al día de hoy, como juventud, estamos en una fase todavía limitada de nuestra autoconsciencia y organización. Debemos desarrollarlas para convertirnos en la práctica –y no solo en la teoría– en una fuerza de vanguardia global. Hoy por hoy no podemos decir que lo seamos, pero sí podemos decir que tenemos la decisión necesaria para serlo.

Al sistema alternativo que queremos crear lo podemos llamar Confederalismo Democrático Mundial de la Juventud. Este se encuadra dentro del Confederalismo Democrático Mundial, propuesto por el líder ideológico del Movimiento de Liberación del Kurdistán Abdullah Öcalan como sistema alternativo al orden capitalista global. Dentro de este sistema social existen diversas autonomías, entre ellas son fundamentales la autonomía de la Mujer (Confederalismo Democrático Mundial de las Mujeres) y la autonomía de la Juventud (Confederalismo Democrático Mundial de la Juventud). Con esto no pretendemos crear una única identidad juvenil; no se puede pretender que la gran diversidad que supone la identidad juvenil sea unificada bajo un único ente, una única realidad con un único color. Nadie le puede imponer una identidad a la juventud. Lo que creemos necesario es unir a las diversas juventudes existentes en un sistema común que nos haga conscientes, reconocernos y avanzar juntas; que nos lleve a entender realmente qué significa ser jóvenes y que nos permita desarrollar líneas revolucionarias que lleguen hasta el propio corazón de la Modernidad Capitalista y la hagan explotar. No decimos con esto que debemos destruir el sistema capitalista desde dentro, sino que, con la alternativa que construimos, devolveremos a la sociedad lo que es suyo, su capacidad de liderarse a sí misma, y desarrollaremos nuestra capacidad de respuesta ante cualquier ataque que busque robársela de nuevo.

Así es como podemos crear un sistema realmente inclusivo y que represente a la juventud a nivel global. No hablamos ya de una unión de organizaciones revolucionarias, sino de una forma organizativa de la juventud global, un espacio donde cada joven pueda tomar parte a través de comunas y consejos para participar en el desarrollo de toda la humanidad. Es así que podemos aportar en el progreso de un mundo ecológico, democrático y donde la mujer sea verdaderamente libre.

Conclusiones: organización y lucha

En Abya Yala, en África, en Asia y también en el Norte Global, en ciudades y en comunidades rurales, en centros y periferias, la juventud tiene un rol. La juventud no solo protesta y llora por las desgracias del sistema; la juventud protege a la comunidad física e ideológicamente, construyendo, impulsando, renovandola mientras se sitúa al lado de la mujer en el liderazgo de la sociedad. Por cada maldad que destruye, construye su alternativa en una dimensión comunitaria más libre; la juventud no permite que el sistema cree vacíos en la sociedad, los identifica y los llena. El revolucionario italiano Antonio Gramsci dijo “instruiros, organizaros, movilizaros”, esto es especialmente importante para la construcción del Confederalismo Democrático Mundial de la Juventud. Leer, educarse, discutir, escribir, tomar parte en seminarios, formaciones, acciones, juntarse, actuar, crear estructuras para resolver problemas y pasar a la acción con formas nuevas y creativas son bases que tenemos que sentar para el desarrollo de nuestro Confederalismo dentro de un marco global.

El rol que debemos tomar, donde podemos ser vanguardia, es hacer que nuestra fuerza ideológica y física sean usadas para hacer avanzar a la sociedad hacia la Libertad. Desde hoy la juventud va a re-dibujar el flujo de la historia y así permitir que fluya libre la energía de la sociedad. Para ello debemos continuar, debemos concretizar las líneas desarrolladas en la Conferencia Mundial de la Juventud y así avanzar hacia la revolución global. Hemos acordado 10 puntos, ahora nos toca desarrollarlos. Tenemos mucho trabajo por delante.

Tomamos el testimonio de tantos y tantas jóvenes revolucionarias de ayer para darles vida en el hoy y así construir el mañana. Como dijo Abdullah Öcalan: ¡Jóvenes empezamos, jóvenes venceremos!

FUENTE: Revista Legerin

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