Ayer Afrin, hoy Avashin

Hace 25 días que la guerra hace estragos en el sur del Kurdistán (Bashur, norte de Irak). Guerra que tiene como objetivo la ocupación y el genocidio. El régimen turco de los partidos AKP-MHP quiere ocupar el Kurdistán del Sur y cometer un genocidio contra la población kurda. No hay peor crimen que conozca la humanidad que destruir la base de la vida y la existencia de pueblos enteros. Pero esto, es exactamente de lo que Recep Tayyip Erdogan y sus partidarios son culpables hoy.

La estrategia turca

En sus ataques a las regiones de Zap, Metina y Avashin -todas ellas situadas a lo largo de la frontera turco-iraquí-, el ejército turco está siguiendo una estrategia que hemos visto en Rojava (Kurdistán sirio). En Afrin (a principios de 2018), Gire Spî y Serêkaniyê (octubre de 2019), Turquía libró una despiadada e inhumana guerra de ocupación. Despiadada porque se utilizaron armas químicas. E inhumana porque Turquía no se privó de luchar en una alianza abierta con milicias islamistas -muchos de ellos antiguos combatientes del Estado Islámico (EI)-. Las armas químicas y los islamistas se utilizaron para, prácticamente, expulsar a la población local, apoderarse de sus propiedades y destruir lugares históricos.

En Afrin, Serêkaniyê y Gire Spi -donde hace unos años vivían cientos de miles de kurdos- se han instalado decenas de miles de islamistas de todo el mundo, junto con sus familias.

En la actualidad, el régimen de Erdogan sigue exactamente la misma estrategia en sus ataques en el Kurdistán del Sur. Ya a finales de abril, es decir sólo unos días después del comienzo de los ataques el 23 de abril, los informes sobre el uso de gas venenoso llegaron a la opinión pública. Poco después, el 6 de mayo, las HPG (Fuerzas de Defensa Popular) publicaron los nombres de siete de sus miembros muertos por el uso de gas venenoso en Avaşin. En Twitter, los fascistas turcos ya difundieron en ese momento fotos y vídeos de los siete guerrilleros muertos, mostrando que no tenían heridas de bala ni otras lesiones externas. Desde entonces, se ha confirmado oficialmente el uso de mercenarios islamistas.

En una entrevista concedida el 14 de mayo, Murat Karayılan, comandante de las HPG, declaró que se estaban desplegando islamistas en el Kurdistán del Sur, además de las tropas turcas. Informes recientes procedentes de la región de Metina, afirman que, según los planes turcos, está previsto que los combatientes islamistas, junto con sus familias, se instalen en el pueblo de Kêste, que aún está en disputa. Esta información es especialmente explosiva porque el pueblo es el hogar de numerosas familias yezidíes que huyeron de los ataques de ISIS en Sinjar (Shengal) en 2014. Aunque hasta ahora ha sido difícil para los periodistas y observadores internacionales hacerse una idea propia de la situación, debido a los constantes bombardeos turcos y a los controles callejeros del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) en el sur, los informes desde el terreno muestran que el régimen del AKP-MHP está aparentemente dispuesto a romper cualquier principio moral y legal con tal de lograr su objetivo.

El objetivo de los ataques turcos va mucho más allá de las regiones de Avaşin, Zap y Metina, cercanas a la frontera. Si el ejército turco y sus aliados islamistas consiguen expulsar a los guerrilleros de esas zonas, dirigirán muy rápidamente sus ataques a las regiones de Kandil y Sinjar, que se encuentran en lo más profundo del suelo del Kurdistán del Sur. Erdogan repitió esta amenaza hace apenas unos días. Así, el plan del régimen turco es establecer una zona de ocupación de hasta 40 kilómetros de profundidad desde Afrin, en el noroeste de Siria, hasta Xakurke, en el noreste de Irak. Esta ocupación se extenderá luego a Mosul y Kirkuk, en el sur del Kurdistán. De este modo, el régimen del AKP-MHP no sólo habría logrado su objetivo de someter a la población kurda de esta vasta zona a un genocidio, sino también de integrar las regiones ricas en petróleo de Siria e Irak en el territorio turco.

Londres, Berlín, París y Washington: impedir un genocidio

Sin el apoyo internacional, Erdogan y su régimen nunca podrían romper tan abierta y permanentemente todo el derecho internacional. Por lo tanto, las claves para poner fin a los ataques de Turquía contra el Kurdistán del Sur también se encuentran en las capitales de Europa y en Estados Unidos.

Para los británicos, la cuestión es lo que su gobierno prometió al ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, cuando estuvo en Londres del 7 al 9 de abril de este año. Del mismo modo, vale la pena ejercer presión en Alemania para exponer el apoyo del gobierno de Angela Merkel a la ocupación turca del Kurdistán del Sur. Entonces, ¿qué se le prometió al ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlüt Çavuşoğlu, cuando estuvo en Berlín el 6 de mayo? El presidente estadounidense Joe Biden debe ser obligado a revelar por qué el ataque turco contra Metina, Zap y Avaşin comenzó apenas horas después de su llamada telefónica con Erdogan, el 23 de abril. Por último, pero no menos importante, también será muy útil para el pueblo del Kurdistán del Sur si el presidente francés Emmanuel Macron tiene que admitir todo el apoyo que ofreció a Erdogan durante una videollamada el 2 de marzo.

Las conversaciones diplomáticas de los últimos meses demuestran así la enorme complicidad de Europa y Estados Unidos en la política de ocupación y genocidio turca en Kurdistán. Si las sociedades de Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos dejan que su solidaridad con los kurdos se convierta en algo práctico, la peligrosa política de Erdogan encontrará su fin definitivo en el Kurdistán del Sur.

FUENTE: Firaz Amargi / ANF / Edición: Kurdistán América Latina

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