El breve espacio en que no estás

“Una niña se le paró a un policía y le dijo:

–¿Me vas a matar?

–No.

–Entonces hacedme upa”.

Reunión / Lof Lafken Winkul Mapu / DaniI Zelko

Puel Mapu / 2019

“La guerra no son las bombas, es el espacio medido en tiempo que hay entre una bomba y otra”, dice una comandante mientras desarma y limpia parte por parte su AK-47 con una franela naranja. En Rojava hay pocas personas que no hayan combatido o formado parte del ejército revolucionario durante los últimos 10 años.

¿Dónde estoy?

Una respuesta simple podría ser: Siria, Irán, Irak y hasta Turquía. Pero sería como, estando en territorio Mapuche, decir que estás en Argentina o Chile, o estar en territorio Yanomami y decir que estás en Brasil, o en Palestina y decir que estás en Israel.

Y ahí está el eje principal de esta historia.

El pueblo kurdo es un pueblo milenario. Existe desde antes de que los Estados-nación adquieran nombres y que los imperialistas se distribuyan los territorios en nombre de la paz. Entonces, como el pueblo mapuche, las y los kurdos preexisten a las divisiones y los países, pero son perseguidos y atacados desde hace miles de años. Luego de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano cayó y la tierra mesopotámica de Oriente Medio fue repartida entre Francia e Inglaterra. Es entonces cuando nacen estos nombres que completan las placas rojas de los noticieros mundiales (Irak, Irán, Siria, Turquía), acompañado de la palabra que justifica las neo-invasiones: terrorismo. “Palabra que, cuando no es usada por el pueblo, es usada en su contra”, dice Sherro, o podría decirlo. El traductor que venía acompañándome decidió volver a su ciudad ante la inminencia de la guerra. En su barrio comenzaron a construir las trincheras con bolsas que antes cargaban papas. “Están unas 30 personas con palas, cargando arena y tierra en las bolsas, se hace una canaleta y se va poniendo una bolsa arriba de la otra”, dice y mira la trinchera imaginaria. “La tierra que se saca sirve para reforzar la base, se hace delante del lugar que quieres proteger y frente al enemigo, siempre frente al enemigo”, agrega.

Medio Oriente: bombas, guerra, personas explotando, fundamentalismo, machismo, burcas, poligamia, guerra, homofobia, mutilación de clítoris, túnicas, otredad, novelas, arena, piedra, viento, pan, guerra, exterminio, fascismo, Corán, musulmanes, Osama Bin Laden, Sadam Husein, Erdogan, guerra, cuna de la civilización devenida en ruinas (1).

Kurdistán: mujeres, hermano, armas, medias, alfombras, caras tapadas al sol, islam, lejanía, mujeres, ignorancia, desierto, montaña, amigo, xenofobia, conflicto, mujeres que luchan, pobreza, dolor, raíz, identidad, guerrilleros, devastación, milicianas armadas hermosas, piedras, peligro, colores, guerra, invasión, terrorismo, opresión, religión, árido y seco, no sé sólo a vos te escuché nombrar una vez (2).

Rojava es cómo se nombra al Este en kurdo y quiere decir atardecer. Si pasás una semana acá entendés que es el mejor nombre que le pudieron poner. Este lugar, en los mapas que no reconocen al pueblo kurdo, está denominado como el norte de Siria. En 2012, en la revuelta conocida como Primavera Árabe y los enfrentamientos entre el Estado Islámico (ISIS) y el ejército de Siria, las y los kurdos decidieron abrir una tercera vía -la de su independencia- y aprovecharon la coyuntura para comenzar su revolución bajo la idea escrita por su líder, Abdullah Öcalan: el confederalismo democrático. Öcalan expresa a su pueblo que no hay liberación posible sin la liberación de la mujer y es, sin dudas, el mayor logro de esta revolución. Mujeres protagonistas en cada sector de la nueva organización, mujeres gobernando, mujeres periodistas, mujeres haciendo cine, mujeres defendiendo a la población, mujeres creando nuevas imágenes para las niñas que vendrán. Además del enfoque puesto en la liberación de la mujer, el confederalismo democrático plantea un sistema de autogobierno a través de asambleas vecinales, la autodefensa en toda la población, la aceptación y la autonomía de las diferencias religiosas y una regulación de las actividades productivas centradas en el cuidado del medio ambiente.

Esta idea se materializó en una revolución que cumple 10 años y actualmente es uno de los pocos focos de insurrección anti-estatal que sobrevivió a lo que neoliberalismo llamó el fin de la historia, el fin de las utopías.

El sonido del helicóptero que cruza todas las noches avisa que son las 21.30. “Americano”, dice Hana, levantando una ceja mientras corta en rodajas el pepino que va a acompañar, otra vez, al arroz. “Probá”, dice otras veces, cuando lo que se escucha es un explosivo. El asombro es una capacidad de respuesta ante lo extraordinario, una reacción ante lo que se vuelve figura por lo inesperado. Lo que se hace habitual por repetición, por más duro y asombroso que sea al principio, comienza a hacer parte del fondo.

Aquí se inmoló una persona, dice Raman, apuntando a un cráter. Pone las manos en su pecho y hace salir de su boca un “¡bum!”. “Mi casa rajó por eso”, dice. Prende un cigarrillo, manda un audio y sigue manejando. En Rojava no se pueden hacer más de cinco kilómetros sin atravesar un control. Las Asayish (organización de seguridad interior autónoma) se encargan de tener un control que consiste tanto en pedir documentación cómo en pasar un detector de metales por el auto.

Solo en la parte de Rojava donde se hizo la revolución hay cinco millones de personas. Aquello que los medios cuentan en datos agrupados, son historias.

Por ejemplo, hay un niño de la comunidad nómade Kocer, se llama Amude y está loco por aprender lo que le enseñes con voracidad, lo que sea. A cambio, muy generoso, me enseña a pronunciar bien las palabras en kurdo. Es uno de los pocos niños de la comunidad, porque los demás se fueron de la aldea por temor a la guerra. A los demás niños le llaman en otros países refugiados y ponen cinco o seis ceros, uno al lado del otro, para contar cuántos son. Pero pocos dicen que hay varios de ellos, como Amude, que están locos por aprender o que saben unos pasos de bailes que cualquiera de nosotros se doblaría solo con intentar hacer. Cerca de su casa vive Leya, que tenía deseos de estudiar ingeniera agrónoma para ayudar con el sistema de riego a su comunidad. Abandonó antes de empezar para alistarse al ejército de mujeres (YPJ), cuando las bombas empezaron a verse desde la vereda de su casa. La guerra también es la risa de Tejo, a carcajadas; es Muhamed fotografiando con las manos cuando yo lo fotografió a él. Son los juguetes como armas, las ramas como armas, las manos como armas buscando asimilar todo lo que se vio. Es el juego de guerra en los celulares de quienes tienen celulares. Es Johan que tiene sus padres muertos y una comunidad que lo sostiene y lo cuida.

Son los niños en la polvareda creyéndose Messi. Son las personas que lloran cuando hablan de Legerin, la médica argentina que cayó mártir en 2018.

“Una revolución empieza cuando comienza y nunca termina, una revolución no se hace, se va haciendo todos los días en pequeños detalles”, explica un comandante mientras baldea la vereda de su casa para amainar el calor.

“La guerra no son las bombas, es el espacio medido en tiempo que hay entre una bomba y otra”.

Rojava se encuentra nuevamente en una situación de emergencia. Una amenaza concreta y una serie de ataques consecutivos por parte del gobierno de Turquía sacuden a la revolución. Miste es músico, hace cuatro años que vive en Derik, interrumpe su recital improvisado en la calle y, con el brazo apoyado en su tambur, dice: “Viví la invasión en mi lugar, en Afrin en 2018. Esta vez es peor, esta vez todo está en riesgo”.

Turquía se propone una invasión a gran escala en las zonas liberadas del norte y el este de Siria, utilizando diferentes recursos además de los ataques militares. La presión para el bloqueo económico, el corte de suministro de agua y electricidad que llega a la sociedad, el cambio demográfico forzado, trayendo refugiados leales a su gobierno a las zonas donde invade.

Un internacionalista brasilero escribe en una nota publicada esta semana: “Con un nuevo ataque, con la intención del enemigo basada en la aniquilación y el territorio ya restringido, ¿a dónde iremos? ¿Dónde irán los nuevos miles de refugiados? Detrás de nosotros sólo queda el desierto. Así que la próxima guerra será la última de Rojava”.

Erdogan sabe que lo único que puede asegurarle su banca en la presidencia el año que viene es reforzar el nacionalismo bélico, eliminando a su principal enemigo: las y los kurdos. Esta guerra de exterminio, que tiene más de un siglo, y que en su camino generó genocidios en otras etnias además de la kurda (armenios, yezidíes, asirios), promete rearmar el Imperio Otomano. En esta época, se actualiza en una guerra de baja intensidad con drones comandados a distancia que disparan y asesinan a guerrilleros y civiles en todo Kurdistán, y bombas químicas en el norte de Irak. El segundo ejército de la OTAN tiene el apoyo y el visto bueno de los países que se indignan y hacen campañas y bloqueos cuando se cometen las mismas atrocidades en Ucrania.

“Pueden soportar hasta 55 kilogramos de misiles, no necesitan ser tripulados, tienen autonomía 24 horas, cuenta con un total de seis vehículos aéreos, tres terminales con datos de información en tierra, dos terminales de video remota y dos estaciones de control”, explica un video que cuenta los beneficios de los drones Bayraktar TB2, de fabricación turca, los mismos utilizados por Ucrania para desbaratar operaciones rusas.

Poco se dice que esos drones son utilizados, desde hace años, contra el pueblo de Kurdistán.

Solo para hablar del último mes

El 22 de julio, a minutos de empezar una entrevista a una internacionalista brasileña, nos interrumpen para decirnos que las personas que había conocido ese mismo día en una conferencia sobre arte y revolución, fueron asesinadas por un dron turco cuando iban de vuelta a su casa.

Seis mujeres asesinadas en 48 horas por drones. Este dato se suma a los más de 60 ataques de estos artefactos tecnológicos voladores ocurridos en 2022.

El 6 de agosto, en el barrio Al-Sinna, en la ciudad de Qamishlo, Ahmed Ali y su primo Aheng Akram acompañaban a su padre Ali Hussein a buscar algo a su tienda de partes de automóviles. Una explosión hizo que Ali pierda de vista a los niños. Él se encuentra en el hospital lleno de esquirlas, los niños, junto con otras personas que se encontraban en el lugar, murieron en el acto luego de la explosión causada por un dron.

El 18 de agosto cuatro adolescentes murieron jugando al vóley en un centro afiliado a la ONU.

Entre el 19 de julio y el 18 agosto el Centro de Información de Rojava (RIC, en inglés) relevó que 75 civiles resultaron muertos o heridos en este período por los ataques del ejército turco a Rojava, incluidos 34 niñas y niños, a causa de los bombardeos y ataques con drones.

34 niñas y niños, muertos en un mes, a causa de bombardeos y ataques con drones.

Los ataques diarios de Turquía no anticipan otra cosa que una nueva guerra. “No estamos dispuestas a vivir otro genocidio, lucharemos hasta el final”, dice Rojda, una joven de 27 años que esta alistada en el ejército de mujeres hace 10 años.

Todas estas historias están amenazadas de destrucción total. Puede suceder lentamente o bajo una explosión comandada desde una computadora. Esa larga lista de palabras puede coincidir con la realidad o ser prejuicios, pueden ser un acierto o solo una capa superficial, pudieron haber sido construidas a través de historias que escuchamos, películas que vimos o noticias que la alimentaron, y quizás una búsqueda arqueológica nos permita ver de dónde salieron y nos ayude a comprender muchos por qué. Por ejemplo:

¿Por qué esta guerra no genera la misma indignación mundial que la guerra de Ucrania?

¿Por qué estas muertes no están en los medios? ¿Por qué la indignación es selectiva si estamos hablando de la misma destrucción de la humanidad?

Con este puñado de preguntas, fui a donde había visto la última vez a la comandanta. Quería saber si ella tenía alguna respuesta. Me dijeron que se había ido a las montañas.

Notas:

1- Palabras recolectadas a través de encuestas informales a través de redes sociales preguntando a las personas que palabras, ideas o nombre evocaba la palabra Medio Oriente.

2- Palabras recolectadas a través de encuestas informales a través de redes sociales preguntando a las personas que palabras, ideas o nombre evocaba la palabra Kurdistán.

FUENTE: Mauricio Centurión (Texto y fotos) / Lo Que Somos

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