“La sociedad que me rodea representa una experiencia política, social e institucional única”

Tras el inicio de la guerra civil siria en 2011, en la ciudad de Kobane, al norte del país, se comenzaron a organizar asambleas populares en 2012 para la toma de decisiones, la fijación de cuotas de mujeres en diversos órganos de democracia directa y para el establecimiento de una sociedad feminista. Se crearon también las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), estas últimas milicias armadas compuestas completamente por mujeres, para defenderse del Estado turco y de grupos islámicos fundamentalistas.

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) luchan desde 2015 por una Siria democrática. Son una alianza militar de milicias kurdas, árabes, asirias, armenias, turcomanas y circasianas en la región del norte y este de Siria, la cual es gobernada por la Administración Democrática y Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES). La región donde las y los kurdos son mayoría, el norte de Siria, se llama Rojava, mejor conocida como el Kurdistán sirio. Las YPG e YPJ nunca han recibido apoyo de ninguna potencia occidental, sin embargo han sido sistemáticamente criminalizadas. No obstante, los Estados Unidos y los estados occidentales sí que han apoyado a las FDS, y hay que señalar que las YPG e YPJ son las milicias mayoritarias de las FDS, bien conocidas por su resistencia incluso antes del 2015 contra ISIS.

Rojava obtuvo su autonomía a través de la organización popular, expulsando a Al-Nusra (asociada a Al-Qaeda) y al Estado Islámico. En la actualidad, la milicia kurda ha adoptado una postura defensiva y una política de neutralidad, enfrentándose a cualquier facción armada que intente ocupar sus territorios.

Con grandes paralelismos con la revolución social de 1936 en el marco de la guerra civil española, o más recientemente con la revolución zapatista del Estado mexicano de Chiapas, la revolución de Rojava resiste el aislamiento internacional. Una de las razones es el vínculo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una histórica organización considerada terrorista por el régimen turco de Recep Tayyip Erdogan, Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, desde hace algunos años el PKK ha abandonado sus ideas marxistas-leninistas, las cuales luego de un proceso de discusión iniciado en la década de 2000 los llevó a ir dejando de lado estos principios por otros que incorporan elementos ecologistas, feministas y asamblearios. Esta nueva teoría ha tomado el nombre de “confederalismo democrático”, y su principal impulsor ha sido su líder e ideólogo Abdullah Öcalan, preso político por el Estado turco, condenado a cadena perpetua y en confinamiento solitario en la isla de Imrali.

En 2013, basada en las ideas de Öcalan, la Autonomía de Rojava promulgó su Constitución, el establecimiento el confederalismo democrático basado en los principios de igualdad de género, la descentralización, el ecologismo, la tolerancia étnica y religiosa. También incluyó la Jineolojî, ciencia social que defiende que la libertad de la mujer es requisito indispensable para la libertad colectiva.

Roksanne Muhammed es jefa de la oficina de relaciones públicas de las milicias femeninas YPJ y ha conversado con El Salto para explicarnos la actualidad de la revolución.

-¿Por qué decidiste participar en la milicia kurda?

-Nací en 1988 en la ciudad de Afrin, que ha estado ocupada por Turquía desde 2018. Me uní a las Unidades Femeninas de Protección, YPJ, por dos razones: la primera por la cuestión de la autodeterminación de mi pueblo y la segunda por mi liberación como mujer. Bajo el régimen de Bashar Al Assad, en Siria se negaba sistemáticamente nuestra identidad como mujeres kurdas, nuestra cultura, nuestro idioma. Éramos consideradas propiedad de los hombres, sin voluntad ni derechos. Es por estas razones que siempre busqué otras formas de vivir libre.

Decidí estudiar derecho y tenía muchas ganas de trabajar para cambiar la realidad, pero me di cuenta que bajo un régimen autoritario y represivo ésta no sería la herramienta con la que podría cambiarla. A pesar de esto, no me rendí. Estudié en profundidad los libros del líder Abdullah Öcalan. Y con el comienzo de la revolución de Rojava, que se conocía como “la revolución de las mujeres”, no dudé en unirme, porque mi objetivo era liberarme a mí misma y al mismo tiempo conocer mi verdadera historia. Al principio, trabajé en el campo de la organización de estudiantes, pero comprobé que esto no era suficiente para cumplir mis metas y ambiciones, encontrar mi esencia y verdad como mujer, por lo que decidí incorporarme a las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ).

Como luchadora y mujer kurda, vivo en la región del norte y este de Siria, vivo con mis camaradas. La sociedad que me rodea representa una experiencia política, social e institucional única. No aprendí nada de esto en las ideas y contenidos que nos enseñaron durante los años de estudio en las escuelas del régimen de Bashar Al Assad. No nos enseñaron que es posible que las mujeres tengamos voluntad y desempeñemos nuestro papel en la sociedad. Sin embargo, en la revolución de Rojava este asunto es considerado un deber de las mujeres, porque somos una generación que resume en todos sus detalles el sufrimiento de nuestro pueblo durante miles de años.

-En la actualidad, ¿cómo se encuentra la lucha contra el Estado Islámico? ¿Cuál es el papel de las mujeres en la revolución?

-Han pasado más de cuatro años desde la derrota de ISIS a través de la lucha y los sacrificios de la gente de las filas de las FDS en el norte y el este de Siria. ISIS fue derrotado aquí geográfica y administrativamente. Tanto Siria como Irak se destacaron como terreno fértil para el extremismo y el pensamiento islámico extremista, lo que se refleja en una organización como ISIS, que mata a mujeres, niños y ancianos, lo cual no es nada nuevo en la historia del pueblo kurdo, especialmente con los yezidíes.

La lucha contra el extremismo en las regiones del norte y este de Siria ha estado dirigida principalmente contra los Hermanos Musulmanes y el Estado Islámico, quienes han oprimido a la sociedad y especialmente a las mujeres de la región durante décadas. Por lo tanto, la lucha contra esta mentalidad es uno de los aspectos importantes de la lucha librada por la administración autónoma en el norte y el este de Siria. Esta lucha tiene sus raíces en la experiencia de la sociedad kurda durante la larga lucha contra el régimen gobernante en Siria y la fuerte posición de la lucha de los kurdos en todas partes del mundo, la influencia mutua y la conexión moral e histórica con lo que le ha sucedido.

Para nadie es un secreto el papel de vanguardia en la lucha feminista asumido por las luchadoras de las YPJ, Unidades de Protección de la Mujer, quienes por derecho natural se han empoderado para proteger a su sociedad y a ellas mismas de las agresiones. El establecimiento de las YPJ fue solo una reacción a la marginación de la población kurda, e igualmente de las mujeres árabes bajo el sistema social y político imperante, que subestimaron su papel y sus derechos en la gestión de sí mismas y de su comunidad.

Basándose en el principio del creador de la nación democrática y líder espiritual Abdullah Öcalan de que ninguna sociedad puede ser liberada a menos que las mujeres en ella sean liberadas, las mujeres del norte y el este de Siria han tomado medidas en esta dirección para organizarse en lo político, social, económico y cultural.

-¿Cómo organizan estos ámbitos en la región autónoma?

-Todos los ámbitos de la vida, incluidos los de educación, sanidad, justicia y defensa, son organizados por los Comités de la Administración Autónoma y, a su vez, por las organizaciones e instituciones de la sociedad civil, y ambos ámbitos se refuerzan entre sí.

Todos los que se incorporan a una unidad de combate realizan un entrenamiento militar en el que aprenden a manejar armas de todo tipo, tácticas militares y preparación física. Después de eso, cada luchador se especializa en uno de los diferentes tipos de armas según sus deseos y habilidades, y recibe un entrenamiento avanzado en esa especialización. Se han agregado y desarrollado muchos cursos de capacitación y especializaciones de acuerdo con los requisitos de la realidad de la revolución que atraviesa la sociedad en el norte y el este de Siria.

-Parece ser que las Naciones Unidas ya no pueden entregar ayuda humanitaria a través del cruce fronterizo de Til Kocher, ¿cuál es la situación ahora mismo respecto a la salud y la ayuda humanitaria?

-En el norte y el este de Siria, más de un millón de refugiados viven en 15 campamentos reconocidos oficialmente. En 2014, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la decisión de transferir ayuda a través de la frontera siria. Pero a mediados de 2019, luego de que Rusia y China lo vetaron, el cruce fronterizo de Til Kocher fue cerrado y los envíos de ayuda de la Organización de las Naciones Unidas y organizaciones benéficas ya no llegan directamente a la región. La ONU envía ayuda al gobierno de Damasco, y este envía solo una pequeña parte de esta ayuda a la región autónoma.

El cierre de Til Koçer Gate está teniendo un impacto negativo en el sector de la salud en la región, especialmente con la propagación del coronavirus. La Administración Autónoma y la población están haciendo todo lo posible para protegerse. Por su lado, el ISIS y el Estado turco se están aprovechando de las malas condiciones de vida, comprando agentes con dinero y reorganizándose. El cierre del paso fronterizo de Til Kocher es una decisión política a favor de Turquía, que ha ocupado algunas partes de la región a través de una invasión que viola los derechos de las personas y ataca todos los días a toda la región, siendo la perjudicada de esta decisión, una vez más la población.

La guerra ruso-ucraniana es ciertamente desafortunada para las mujeres, los niños y los ancianos indefensos, quienes están pagando las consecuencias de las políticas y errores de juicio de sus países. Lamento decir que lo que se está viviendo en Ucrania, son escenas cotidianas que vive la gente en Siria.

-La revolución feminista de Rojava no ha recibido la misma cobertura mediática que la guerra de Ucrania…

-Podemos observar a través de los medios de comunicación de todo el mundo que la guerra ruso-ucraniana es ciertamente desafortunada para las mujeres, los niños y los ancianos indefensos, quienes están pagando las consecuencias de las políticas y errores de juicio de sus países. Y es un lugar de tristeza y dolor para nosotras, porque hemos vivido lo mismo aquí. Experimenté y probé el flagelo de la guerra, lamento decir que lo que se está viviendo en Ucrania, son escenas cotidianas que vive la gente en Siria.

La mayor amenaza para el autogobierno democrático en el norte y el este de Siria la plantea el Estado turco. Turquía ve el sistema democrático en la región, que es una alternativa para todo el Medio Oriente, como una amenaza a sus políticas fascistas y nacionalistas, así como a su proyecto de creación de un Imperio Otomano moderno.

En 2018, el Estado turco ocupó la región de Afrin y en 2019 las regiones de Serêkaniye y Gire Spî, mediante una guerra de invasión que violó el derecho internacional. Las amenazas y los ataques del Estado turco continúan hasta hoy y se están produciendo ataques dirigidos con drones. El gobierno de Erdogan está aprovechando que la atención pública se centra en la guerra de Ucrania y está intensificando sus ataques en la región.

Iluminar el sufrimiento de la humanidad en las guerras es una preocupación humanitaria y un deber de los medios de comunicación, pero cuando se ignora la sangre y las tragedias de inocentes en una parte del mundo a cambio de atención y luz en otra, las máscaras quedan expuestas y queda claro que los intereses y los poderes internacionales juegan un papel importante.

FUENTE: Carlos Soledad / El Salto Diario

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