Por qué siempre estaré en deuda con mis colegas periodistas kurdos

Casi dos docenas de periodistas kurdos están detenidos, sus expedientes tienen un sello de “secreto”, no están informados de los cargos que se les imputan y no han sido llevados ante el fiscal para que les tome declaración. Mientras las violaciones de derechos se acumulan nuevamente en Turquía, no puedo dejar de pensar en la vez anterior, hace once años, cuando muchos periodistas fueron encarcelados simultáneamente. Todo lo que he aprendido sobre periodismo en esa década se lo debo a mis colegas kurdos.

Hace once años vivía en Üsküdar, Estambul, pero viajaba a menudo a las provincias kurdas. A fines de 2011, asistí al funeral de un guerrillero en Diyarbakır. Era la primera vez que asistía a una reunión así. La policía estaba en la esquina de la calle, exigiendo que se quitaran las pancartas y se silenciaran las consignas, y aunque la gente cumplió, la policía comenzó a disparar gases lacrimógenos. Acababa de entablar una conversación con un colega del periódico Özgür Gündem y juntos estábamos tratando de encontrar un equilibrio entre informar y escapar de los gases lacrimógenos.

Al día siguiente, nos reunimos para tomar un café, ya que estaba construyendo una red en la ciudad. Seguía mirando ansiosamente por encima del hombro y hablaba en voz muy baja, asegurándose de que nadie pudiera escucharnos. Obviamente, se sentía inseguro.

A finales de diciembre, de vuelta en Estambul, saltó la noticia de que muchas personas, entre ellas muchos periodistas, habían sido detenidas en varias ciudades, también en Diyarbakır. Traté de ponerme en contacto con el periodista de Özgür Gündem, pero fue en vano. En cuestión de días, vi su nombre en la lista de personas detenidas, luego formalmente arrestadas. Pasarían años antes de que volviera a salir en libertad.

Masacre de Roboskî

Fue el comienzo de los llamados juicios de la KCK (Unión de Comunidades de Kurdistán) contra muchos periodistas, de los cuales, creo, que 34 fueron encarcelados, acusados ​​de todo tipo de delitos relacionados con el terrorismo. Aunque estaba indignada por los juicios injustos, también me sentía incómoda. Incómoda por lo que decía su tipo de periodismo sobre el periodismo que yo misma estaba haciendo, para ser precisas.

A fines de diciembre, había ocurrido la Masacre de Roboskî y comencé a investigarla, aprendiendo mucho sobre el problema kurdo y sobre el Estado turco. Empecé a mirar a través de un lente diferente, no solo a la masacre, sino a toda Turquía, especialmente después de mudarme a Diyarbakır, en 2012. A algunos periodistas turcos amigos no les gustó mucho. Uno de ellos me dijo que tenía que tener cuidado de no volverme demasiado “pro-kurda”. Su advertencia seguía resonando en mi cabeza. Si de hecho me volví demasiada “pro-kurda” (¿verdad?), ¿cómo podría seguir siendo periodista? Tenía que ser objetiva, ¿verdad? No sabía cómo resolver esta ecuación.

Muy pronto, afortunadamente (porque literalmente me mantuvo despierta por la noche), supe que no me estaba volviendo menos periodista, en absoluto. Apliqué métodos periodísticos, no activistas. Sostuve lápiz y papel, no una pancarta o un megáfono. Hablaba como periodista en programas de radio, no como activista en un escenario. Estaba tratando de descubrir verdades a través de métodos periodísticos con una mente abierta, y escribía cualquier verdad que encontrara. ¿Qué podría ser más periodístico que eso?

Grupo dominante

Más tarde, esta posición se profundizó. Me volví más consciente de lo importante que era el poder para la ecuación que estaba tratando de resolver. El hecho de que los kurdos no tuvieran ningún poder institucional en Turquía repercutió en su periodismo: su lente no solo se definía por ser kurdos, sino también por no pertenecer a un grupo dominante en la sociedad. En esta posición, los kurdos siempre se habían visto obligados a adaptarse al grupo dominante, incluso a asimilarse. El resultado es que los kurdos conocen muy bien al Estado y conocen muy bien las dinámicas del poder, por supuesto educados por el movimiento de resistencia que había surgido desde finales de la década de 1970.

¿Y no es la tarea más importante del periodismo hacer que el poder rinda cuentas? ¿No eran los kurdos el poder para los titulares por excelencia, precisamente porque no estaban en una posición de poder? ¿Y qué me dijo esto sobre el periodismo de personas que tenían una posición diferente, es decir, como parte del grupo dominante en la sociedad? Muchos (¡no todos!) periodistas turcos consideraban que sus colegas kurdos eran “demasiado activistas” y “no objetivos”, mientras que ellos mismos formaban parte de la estructura de poder en juego en Turquía, pero en el lado dominante del espectro. Los kurdos tenían acceso a las personas que sufrieron la represión del Estado y, literalmente y en sentido figurado, hablaban su idioma, mientras que los principales periodistas turcos tenían acceso al poder y ganaban prestigio con eso.

¿Qué posición es mejor para el periodismo? ¿Qué tipo de periodismo debería ser el predeterminado? Se había convertido en una pregunta retórica en mi mente. Me sentí liberada.

Anti-racismo

Y mi periodismo cambió. Cada sociedad tiene grupos dominantes y grupos marginados, y si quieres descubrir la verdad como periodista, y lo haces, es de gran ayuda mirar a la sociedad que cubres a través del lente de los más marginado. También en mi propio país, los Países Bajos, donde hace aproximadamente una década el activismo contra el racismo había estallado nuevamente. Como mujer blanca, no tengo experiencia personal con el racismo (incluida la islamofobia), pero los kurdos me enseñaron que mirar a través de la lente de las personas, en los Países Bajos, que tienen esa experiencia, que están marginadas, me ayuda a comprender mejor a los Países Bajos. En realidad, me da una visión muy clara de los Países Bajos.

La inseguridad sobre mi posición como periodista, que surgió cuando comenzaron los juicios de la KCK, se ha desvanecido. Aprender de mis colegas kurdos y de su contribución a la lucha por la justicia y la igualdad me ha convertido en una periodista mejor y más aguda de lo que podría haber sido sin ellos. Y ahora, otras pocas decenas más de esos periodistas por excelencia, están presos.

Es una pena. Y mi solidaridad es tan sincera y profunda como mi gratitud.

FUENTE: Fréderike Geerdink / Medya News / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

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