Resistir para existir: el pueblo kurdo

Nuestra democracia directa y participativa es fruto de una amplia red organizativa que da cabida a las particularidades regionales y a la diversidad de lenguas y culturas, así como a estructuras autónomas de mujeres y jóvenes.

Estas estructuras han logrado florecer a pesar de los ataques racistas contra el pueblo kurdo que hemos sufrido durante milenios. De hecho, debido a nuestros orígenes en Mesopotamia, ubicación histórica de las primeras civilizaciones estatales del mundo, nuestra identidad se ha forjado a partir de la necesidad de defendernos de los ataques de los estados que se negarían a reconocer nuestra identidad cultural. Ahora, miles de años después, el pueblo de Kurdistán continúa luchando por su existencia y su libertad, guiado por el liderazgo de las mujeres y el espíritu de la revolución femenina.

A pesar de nuestra larga historia de existencia, la violencia más devastadora que ha ocurrido contra los kurdos sólo ocurriría con el surgimiento de la modernidad capitalista en los últimos dos siglos. Aunque los ejecutores de estas políticas en la región han sido los Estados de Turquía, Irak, Irán y Siria, hay que reconocer que las potencias imperialistas mundiales, principalmente, Gran Bretaña y los Estados Unidos, han sido las que han preparado el terreno para que estos Estados cometan las masacres ofreciéndoles apoyo y orientación. Esta violencia, en su esencia, es de racismo cultural.

Lucha contra el racismo islámico turco-sunita por la existencia de Bakur en Kurdistán

La República de Turquía, en su proceso de construcción basado en la identidad turco-sunita, se volvió hacia los kurdos tras el genocidio armenio de 1915. Sin embargo, debido a la alta densidad poblacional de kurdos y al nivel de organización social (basada en tribus capaces de autodefensa y autogobierno), el Estado turco no pudo llevar a cabo un genocidio total. Sin embargo, desarrolló un proceso de eliminación a largo plazo. Esta destrucción lenta se ha llevado a cabo poco a poco tras una extensa investigación realizada sobre las especificidades de cada región. Junto a esta masacre física, también se aplicó una forma continua de genocidio, que Abdullah Öcalan define como “genocidio cultural”.

El Estado inició este proceso recogiendo las armas del pueblo. Desarmar a las tribus significó acabar con el poder de la sociedad kurda y su capacidad de autodefensa. Luego, el servicio militar de larga duración en el ejército nacionalista turco se hizo obligatorio. Se prohibieron las organizaciones políticas y sociales kurdas e incluso la lengua y la cultura kurdas. Quienes se atrevieron a protestar fueron reprimidos, ya sea mediante arresto, exilio o masacrados.

En Bakur (norte Kurdistán), se llevaron a cabo y se mantuvieron en vigor prácticas multifacéticas, incluyendo la matanza de miles de personas, la destrucción sistemática, la quema de aldeas y el desplazamiento forzado. Los niños fueron separados de sus familias, asimilados y colocados en internados estatales. Además de las extensas masacres en Kurdistán, en Koçgiri después de la rebelión de 1921, en Bingöl y Amed después de la rebelión de Şex Said en 1925, en el valle de Zilan después del levantamiento Agirî de 1930 y durante el genocidio de Dersim en 1938, decenas de miles fueron asesinados, acosados, violados y arrestados. En la década de 1990 se llevaron a cabo ataques similares contra quienes apoyaban la lucha del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la cual fue la vigésima novena rebelión por la libertad de Kurdistán.

Los kurdos que colaboran con el Estado son utilizados para encubrir estas políticas asesinas. Las personas que se rinden al Estado o son obligadas a hacerlo, las utilizan para crear animosidad entre los propios kurdos, incitando unos contra otros. El sistema de vigilancia de las aldeas desarrollado por el Estado turco e implementado en Kurdistán dentro de las propias estructuras tribales es una organización paramilitar creada para neutralizar e incluso asesinar a los kurdos revolucionarios, democráticos y patriotas que están librando una lucha por la libertad.

Estos guardias de aldea, que han cometido delitos, que van desde el tráfico de drogas hasta el acoso a las mujeres, violación, robo y corrupción, están protegidos por el Estado. Miles de personas han sido asesinadas por estas bandas y arrojadas a pozos de ácido. Se desconoce el destino de miles de personas. Desde el 27 de mayo de 1995, las madres de los “desaparecidos” han protestado públicamente todos los sábados pidiendo informaciones sobre sus familiares perdidos. Se les conoció como las “Madres de los Sábados”.

Las mujeres han sido las más afectadas por estas masacres y políticas estatales. La masacre llevada a cabo en Dersim en 1938 fue esencialmente una masacre de mujeres. Al igual que en los ataques de ISIS en Shengal en 2014, miles de mujeres fueron secuestradas en Dersim, según algunas fuentes, fueron 4000 o más. Miles de mujeres jóvenes de la región de Dersim, que es un área kurda alevita, fueron llevadas y entregadas a funcionarios estatales turcos como hijas adoptivas o cónyuges. Aún no hay información sobre ellas.

Documentales como “Las chicas perdidas de Dersim” revelan las políticas racistas hacia las mujeres. Incluso Sidika Avar, una maestra del régimen kemalista que trabajó en la región, escribió un libro sobre sus recuerdos llamado My Mountain Flowers. Este libro es una confesión de las políticas de asimilación infligidas a las mujeres jóvenes, también habla sobre los niños que fueron criados como musulmanes turcos y sunitas en internados estatales después de haber sido separados por la fuerza de sus familias o aquellos cuyas familias fueron asesinadas en la masacre. Aunque algunos de ellos se reencontraron más tarde con sus familias, la mayoría de ellos ya estaban profundamente asimilados y habían olvidado su propio idioma e identidad.

Estas políticas han tenido un efecto decisivo sobre el dialecto Dımilki del idioma kurdo el cual es utilizado ampliamente por los kurdos de Dersim y actualmente corre el riesgo de convertirse en un idioma en extinción. Las prácticas más severas del gobierno turco surgieron con la prohibición del idioma kurdo y estas prácticas afectaron principalmente a las mujeres. Inicialmente, debido a las tradiciones feudales, las mujeres no tenían la oportunidad de ir a la escuela, la pobreza y las escuelas estaban lejos, mientras que los hombres kurdos eran obligados a aprender turco en la escuela y a cumplir con el servicio militar.

La enseñanza obligatoria del idioma turco ha causado un trauma a los niños kurdos. Todos los niños kurdos que estaban en la escuela primaria y no hablaban turco eran golpeados e insultados por hablar kurdo y durante años tuvieron que leer juramentos racistas en las escuelas todas las mañanas diciendo: “Estoy orgulloso de ser turco… quiero sacrificar mi existencia por la existencia turca”. A los profesores se les permitía o incluso se les estimulaba a castigar violentamente a los estudiantes de habla kurda, a advertir a sus familias o incluso a expulsarlos de la escuela.

Las políticas estatales turcas produjeron películas, fotografías y libros que se burlaban de la lengua y la cultura kurdas. Se trata de intentos de convertir la identidad kurda en símbolos de ignorancia, analfabetismo y retroceso. Esta situación ha deteriorado la relación de los niños con sus madres, quienes representan su existencia kurda con su ropa, idioma y estilos de vida. Esto hizo que los niños se sintieran apenados o incluso avergonzados. La prohibición de la lengua materna provocó la humillación constante de las mujeres en los hospitales y lugares oficiales.

A pesar de tal represión, los kurdos han creado muchas organizaciones e instituciones para proteger la lengua y la cultura kurdas. Para alcanzar la libertad, la resistencia del pueblo continuó ininterrumpida. La resistencia armada desarrollada por el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) bajo el liderazgo de Abdullah Öcalan ha sido eficaz para hacer retroceder las políticas racistas. La resistencia que comenzó en Bakur, Kurdistán se ha extendido gradualmente a las cuatro partes de Kurdistán. Junto a la lucha por la liberación nacional desde la década de 1990, se ha desarrollado la visión de que “la revolución de Kurdistán es una revolución femenina”.

Las mujeres que participan en la lucha por la libertad en Kurdistán combaten eficazmente formando organizaciones de autodefensa y político-sociales contra las políticas racistas. Se ha creado una nueva conciencia para combatir las políticas de asimilación, valorizando el uso de la lengua materna, vestimentas tradicionales y símbolos de la cultura kurda. Las mujeres han convertido los eventos públicos tales como las marchas del 8 de marzo (día internacional de la mujer), festivales de Newroz (llegada de la primavera y el año nuevo Kurdo), y conferencias y manifestaciones en eventos de resistencia cultural participando con sus ropas y colores tradicionales.

Las mujeres kurdas se han organizado en todos los ámbitos de la vida, desde universidades, fábricas, aldeas, barrios y parlamentos municipales, hasta en el campo de la cultura y las artes y las academias. Las madres de los guerrilleros martirizados han organizado la Iniciativa Madres de Paz y han estado trabajando por la búsqueda de una solución pacífica a la causa kurda durante 21 años. Las familias de los activistas por la libertad y los presos políticos también han luchado y se han organizado para apoyar la lucha de sus hijos. Además, las mujeres kurdas han creado plataformas conjuntas para luchar junto a las feministas, socialistas, demócratas, anarquistas y ecologistas turcas. Ellas se han unido para buscar una solución pacífica al problema kurdo y contra las políticas racistas y sexistas.

Los ataques del Estado turco contra las mujeres se volvieron cada vez más intensos debido a la organización y actos de resistencia. Los ataques más duros contra las mujeres y los movimientos organizados por mujeres ocurrieron durante el régimen de Erdogan. Se ha arrestado a diputadas y coalcaldesas, las instituciones para mujeres se han prohibido, miles de activistas del movimiento de liberación de la mujer están ahora en prisión.

De ser ignorado a la revolución

Kurdistán de Rojava se mantuvo durante años bajo el dominio del régimen del partido Baath que representó el nacionalismo árabe-alauí durante años. En su política hacia los kurdos, la “República Árabe Siria” afirmó que los kurdos eran inmigrantes que llegaron a estas tierras mucho más tarde. Para cambiar la demografía de la región kurda, con su proyecto titulado Cinturón Árabe, en la década de 1970, las familias árabes eran establecidas en aldeas de las zonas kurdas. A una gran parte de la población kurda se le revocó la ciudadanía y se les llamó ecnebi (extranjero) o mektum (fugitivo).

Al ser indocumentados y no tener una cédula de identidad, los kurdos no tenían ningún derecho ciudadano, no podían utilizar los servicios públicos. Su derecho a educación fue revocado. No podían ir a la escuela, buscar un empleo o poseer una propiedad. Sin embargo, los kurdos eran obligados a realizar siete años de servicio militar para el Estado. Durante diferentes períodos, algunos revolucionarios e intelectuales kurdos como Nuri Dersimi, Celadet Bedirxan y Abdullah Öcalan fueron a Rojava para escapar de la persecución del Estado turco y continuar su lucha por la liberación y unidad de Kurdistán y el pueblo kurdo. En todo momento, la gente de Rojava apoyó y participó en las luchas en otras partes de Kurdistán.

Anticipándose al golpe militar fascista de 1980 en Turquía, Abdullah Ocalan llegó a Siria junto con miembros del recién fundado Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). Durante años, Rojava fue una base para los trabajos educativos y organizativos del Movimiento por la Libertad de Kurdistán. La sociedad, la milicia, los simpatizantes y los comités populares en Rojava tienen una historia de lucha de 40 años. Desde el principio, la participación de las mujeres ha sido muy fuerte. Las mujeres han tratado de resolver sus problemas sociales incorporándose a las filas guerrilleras o estableciendo comités.

De manera clandestina, las mujeres organizaban trabajos culturales, educación política y clases del idioma kurdo en sus hogares. Al trabajar de manera comunitaria, las mujeres jugaron un papel clave en la sensibilización, la organización de recursos materiales en apoyo de la lucha y la creación de solidaridad social. Las familias incluso alentaban a sus hijos a unirse a la guerrilla. A partir de 1980 en adelante, muchas mujeres de Rojava Kurdistán se unieron a la guerrilla y se convirtieron en mártires de la lucha. En 2005 se estableció la primera organización autónoma de mujeres con el nombre de Yekitiya-Star. Con la revolución de Rojava, comenzó a organizarse en una escala mayor y cambió su nombre a Kongra Star.

Con el inicio de levantamientos y rebeliones populares en el Medio Oriente durante 2011, la revolución de Rojava logró establecer estructuras para la autogestión de personas basadas en la democracia radical, la ecología y la libertad de las mujeres. El papel de las mujeres ha sido decisivo en alcanzar la autonomía democrática en Rojava. La resistencia armada que se desarrolló bajo el liderazgo de las Unidades de Defensa de las Mujeres (YPJ) contra los grupos de ISIS tanto en Rojava como en Shengal en 2014 tuvo un impacto mundial. Gracias a su voluntad férrea y organización, las mujeres lograron una representación equitativa y la implementación de un sistema de copresidencia en el ámbito político y en todas las instituciones.

Las mujeres kurdas han establecido organizaciones autónomas en todas las áreas de la vida: desde unidades de defensa hasta organizaciones civiles, consejos de cultura y arte, instituciones de economía comunal e incluso el consejo de justicia de mujeres. Muchas de las principales decisiones relativas a mujeres sólo pueden ser tomadas por las propias mujeres. Los delitos contra la mujer se tratan de acuerdo con las leyes de mujeres que fueron propuestas por el movimiento de mujeres y han sido aprobadas por la asamblea constitucional de la autonomía democrática. Además, se han establecido consejos comunes junto con personas de origen árabe, siríaco, armenio, circasiano, checheno y turcomano, así como con personas de creencias yezidíes, cristianas y musulmanas. Tanto las mujeres como personas de todos los grupos nacionales, religiosos y sociales tienen garantizada la participación en este sistema a través de su propia autoorganización.

Guerra por la existencia en Bashur entre el nacionalismo árabe sunita y el micro nacionalismo kurdo

El Estado iraquí, que se construyó sobre la base del nacionalismo sunita-árabe, ha llevado a cabo masacres de personas kurdas de forma continua en la geografía de Kurdistán. Se estima que más de 200.000 personas fueron asesinadas, miles de aldeas fueron incendiadas y más de 1 millón de kurdos fueron desplazados bajo el régimen de Saddam Hussein. Miles de mujeres kurdas fueron objeto de acoso, violación o vendidas a países árabes. La más horrenda de estas masacres tuvo lugar en Halabja, Bashur, del 16 de marzo de 1988 a 1989. El ataque químico involucró el uso de gas mostaza y sarín y mató a más de 5000 personas, la mayoría mujeres y niños. Alrededor de 10.000 personas resultaron heridas. El impacto de las armas químicas resultó en muchas enfermedades que están siendo transmitidas a nuevas generaciones. Aunque Saddam y sus asociados fueron juzgados en la justicia y ejecutados, las potencias internacionales que fueron cómplices de la masacre mediante la venta de estas armas químicas a Irak nunca han sido procesadas ni juzgadas.

Bshur tiene una larga historia de luchas de resistencia. Las mujeres peshmergas también jugaron un papel en esta resistencia a pesar de no ser numerosas y ocupar posiciones menos activas. Leyla Qasım se convirtió en un símbolo a través de su resistencia como mujer kurda y fue ejecutada por Saddam. Margaret Shello, otra mujer peshmerga de origen asirio, aún su asesinato no ha salido a la luz.

Después de una larga lucha, los kurdos ganaron su autonomía con la derrota del régimen fascista del partido Baath. Sin embargo, con las políticas imperialistas de Estados Unidos, la región de Kurdistán ha sido ocupada de otra manera. Debido a las políticas que promueven la expansión del estilo de vida y la cultura capitalista en la región, hay una inmigración continua hacia Europa. Con la admiración de la cultura europea y estadounidense, la gente percibe su propia lengua y cultura como un atraso.

Sin proteger y desarrollar una política en beneficio de Kurdistán y su gente, el gobierno regional de Bashur, donde el Partido Democrático de Kurdistán (KDP) y el partido Unión Patriótica de Kurdistán (PUK) son las fuerzas decisivas, hicieron concesiones a Irán y Turquía. En lugar de las necesidades de la sociedad, las ganancias personales y familiares determinan su política. Estas políticas, que podemos llamar micro nacionalismo de una nación oprimida, crean un círculo vicioso al negociar con las potencias internacionales que tienen el control sobre los kurdos, permitiendo que sean masacrados.

Además, la actitud actual de la administración hacia las mujeres reproduce el sexismo y fortalece el sistema patriarcal. El número de mujeres que han sido masacradas bajo el nombre de “suicidio” o asesinatos por honor es muy alto. Aunque hay bastantes organizaciones de mujeres, similares a las ONG como en otras partes del mundo, su objetivo es frenar las reacciones y luchar contra el sistema patriarcal dentro de una perspectiva eurocéntrica de soluciones liberales. El movimiento de liberación de la mujer de Bashur tiene que luchar contra los enfoques imperialistas y eurocéntricos, contra la dominación de estados colonialistas sobre Kurdistán, así como contra la administración kurda que domina la región. Las mujeres desempeñan un papel de liderazgo en los trabajos por la “unidad nacional” conectando elementos de conciencia política, social, cultural, económica y de autodefensa, así como organizando las cuatro partes del Kurdistán.

Shengal, el antiguo santuario sagrado de los yezidíes, tiene un significado específico dentro del ámbito de Bashur, especialmente debido a la implementación de políticas racistas específicas hacia los yezidíes kurdos por parte del régimen iraquí. El pueblo yezidí, que fue sometido al 74º genocidio por parte del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), ha estado constantemente expuesto a actitudes racistas por ser tanto kurdo como yezidí. Al igual que en las cacerías de brujas de la Europa medieval, los yezidíes han sido perseguidos por los grupos fundamentalistas islámicos al mando de los gobiernos estatales. Los yezidíes fueron constantemente objeto de propaganda que los acusaba de “adorar al diablo” distorsionando así la creencia yezidí de que Dios y los ángeles no pueden ser malvados y que el mal está relacionado con los humanos.

En esencia, los yezidíes son el cordón umbilical de la cultura y la existencia kurda. Su sistema de creencias se basa en adorar la naturaleza. En este sentido, podemos considerarlo como una continuación de la cultura de la diosa neolítica. Sin embargo, debido a las numerosas masacres que han presenciado, se han vuelto cada vez más introvertidos, incluso creando sistemas de castas basados ​​en la autoprotección. Durante el gobierno de Saddam, muchas personas yezidíes fueron expulsadas de sus aldeas y reasentadas por la fuerza en pueblos. De esta manera, fueron separados de sus montañas sagradas y se establecieron en las llanuras. Después de 2003, el área de Shengal quedó bajo la protección de las fuerzas peshmerga de la administración regional de Kurdistán.

Cuando comenzaron los ataques genocidas de ISIS en Shengal el 2 de agosto de 2014, las fuerzas peshmerga del Partido Democrático de Kurdistán encargadas de proteger el área escaparon y dejaron a su gente vulnerable a la masacre. Como resultado, cerca de 7000 mujeres y niños fueron secuestrados, miles fueron asesinados y miles más fueron desplazados o migrados. Sólo la intervención de las fuerzas guerrilleras, Fuerzas de Defensa Popular (en kurdo, Hêzên Parastina Gel –HPG-) y las Unidades de Mujeres Libres (en kurdo, Yekîtîya Jinên Azad Star –YJA Star-) de las montañas de Kurdistán junto con las Unidades de Protección Popular (en kurdo, Yekîneyên Parastina Gel –YPG-) y las Unidades Femeninas de Protección (en kurdo, Yekîneyên Parastina Jin –YPJ-) de Rojava, pudieron evitar una masacre mayor. Más de 150 guerrilleros que lucharon para salvar a los refugiados yezidíes en las montañas de Shengal murieron como mártires en esta batalla contra ISIS.

Después de la derrota de ISIS en Shengal, la gente de la región comenzó a organizarse sobre la base de la autonomía democrática. Por primera vez, las mujeres yezidíes formaron sus propias fuerzas de defensa, consejos de mujeres y muchas otras instituciones de mujeres. La historia de una mujer que ISIS secuestró y vendió como esclava en los mercados de Raqqa fue sorprendente. Esta joven logró escapar de la esclavitud y se unió a las Unidades de Mujeres Shengal (YJS) y participó en la batalla por la liberación de Raqqa, conocida como la capital de ISIS y regresó para colocar una bandera en el mercado donde fue vendida como prisionera. Pero mientras escribimos este artículo, Turquía e Irak, junto con el Partido Democrático de Kurdistán y los Estados Unidos, están negociando una respuesta y un plan para alterar la autonomía de Shengal. Sin embargo, con la resistencia liderada por mujeres, el pueblo de Shengal seguirá su lucha por la autonomía.

Rojhilat: un lugar de resistencia contra la oscuridad del régimen

En la República Islámica de Irán, que se fundó sobre el nacionalismo chiíta-persa, así como los gobiernos iraníes anteriores, los kurdos no eran reconocidos como iraníes, sino más bien como una “rama del pueblo persa”. Por lo tanto, el régimen iraní no reconocía el idioma, la cultura ni los derechos políticos kurdos. Sin embargo, esta región contiene los elementos más ricos de la cultura kurda, incluyendo el arte y la literatura, en los que las mujeres tienen un papel importante. Muchos de los ricos ejemplos de música kurda provienen de las regiones de Rojhilat. La autenticidad en términos de diversidad de creencias y lenguaje se ha conservado, y las raíces de la fe zoroástrica están muy vivas.

La organización y resistencia de los kurdos en esta región también tiene una larga historia. Sin embargo, el Estado iraní, con sus conspiraciones, infiltraciones y asesinatos, ha hecho que la resistencia de estas organizaciones sea ineficaz. Después de la experiencia de la República kurda de Mahabad, de corta historia, y junto con la ejecución de su líder Qazi Muhammed, no se pudo desarrollar un movimiento de resistencia efectivo. No obstante, se crearon organizaciones de resistencia armada como Komala –marxista-, donde las mujeres participaron activamente. Sin embargo, la mayoría de estas organizaciones se volvieron ineficaces como resultado de las políticas del Estado iraní o fueron eliminadas por diversos métodos.

Especialmente, después del complot internacional contra Abdullah Öcalan, en 1999, un número significativo de kurdos de esta región se unió a la lucha por la libertad de Kurdistán. Más de mil jóvenes, hombres y mujeres, se incorporaron a la guerrilla y se llevaron a cabo acciones integrales. Las mujeres kurdas de Rojhilat también establecieron sus organizaciones autónomas a partir de 2004, tanto en las autodefensas armadas como en el ámbito social. Las tácticas de arresto y ejecución del Estado iraní no lograron doblegar la voluntad de esta organización. Şirin Elemhuli, quien encabezó esta resistencia, fue ejecutada el 9 de mayo de 2010, junto con cuatro de sus compañeros.

Todavía hay muchas personas que están amenazadas de ejecución en las cárceles iraníes. Una de ellas es Zeynep Celaliyan. Se han llevado a cabo varias campañas internacionales para la liberación de Zeynep Celaliyan, quien ha sido constantemente torturada porque no se rindió. Su ejecución solo se retrasó debido a acciones públicas. Las mujeres kurdas en Rojhilat continúan su lucha de una manera multifacética. Utilizan las redes sociales de manera eficaz, crean conciencia a través de los medios y continúan su trabajo a pesar de la amenaza de ejecución en las condiciones más difíciles.

FUENTE: Zozan Sima / Academia Jineolojî / Traducción: Ana Rivas / Revista Periferias

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