Un día en Shengal

Querido amigo de las YBŞ (Yekîneyên Berxwedana Şengalê, en kurdo), hace tiempo que quería escribirte, a ti que nos sigues tiempo atrás o descubres ahora con curiosidad. Quiero presentarme y hablarte sobre nosotros. Yo me llamo… bueno, no importa realmente. Tampoco mi lugar de procedencia o edad. Aquí, en el Kurdistán iraquí, soy Kemal Ispanî, y eso es lo que cuenta. Y es que en este lugar hospitalario con todos no importa quién eras antes ni de dónde procedes, sino tan solo tus méritos presentes, lo que estás dispuesto a hacer por una causa mucho más grande que un solo hombre. Una empresa que cuesta y que vale muchas vidas. En cuanto a mí, soy uno de los voluntarios internacionales que servimos orgullosa y felizmente en esta milicia.

Me piden que te describa una de nuestras jornadas y eso no es fácil porque, aunque tenemos horarios, no tenemos rutinas. Cuando hay algún trabajo que hacer, bien en las posiciones, bien en la logística, bien en lo que sea menester, centramos nuestra atención en ello sin descuidar el entrenamiento. Patton y Rommel, que escribieron a sangre y fuego sus nombres en las páginas indelebles de la historia de la guerra y en el panteón de los grandes generales, convenían en que el sudor ahorra sangre. Así lo vemos aquí también.

Cuando no hay labores, el adiestramiento es más extensivo, e incluso puede ser exhaustante. Nos entrenamos en el manejo y mantenimiento de las armas de la guerrilla —fusiles, ametralladoras de distinto peso y calibre, lanzacohetes y rifles de francotirador mayormente sin que se limiten los recursos de la milicia, ni mucho menos, a esto—, tácticas de guerrilla, uso de los túneles y del terreno, etc. Hacemos ejercicios para aumentar nuestra resistencia y tonificar los músculos, y buena parte de ellos son en la montaña. También recibimos lecciones de kurdo kurmanjî, de historia y de confederalismo democrático, que es la ideología de la milicia. Las YBŞ toleran toda forma de pensamiento, por lo que se limitan a dar a conocer su credo sin imposiciones.

Hay también días y temporadas, claro, de mayor relajación, descanso y libertad para gestionar nuestro tiempo. A veces incluso puede uno aburrirse, bien de la inactividad, bien del trabajo. Es importante tener paciencia e interiorizar la idea de que uno viene a servir y no a ser servido.

Nos acostumbramos a vivir bajo amenaza, la libertad tiene muchos enemigos. En 2014 llegó la devastación del Daesh a estas tierras, cobrándose cinco millares de vidas de hombres y secuestrando a más de seis mil mujeres y niños que fueron sometidos a abusos inenarrables. Nos llena de orgullo poder decir que fueron estas milicias —YBŞ, YJŞ, YPG, YPJ y HPG— las que dieron sus vidas entonces para acabar con la amenaza y rescatar a doscientos millares de yezidíes. Nuestros camaradas abrieron un corredor seguro a Siria para que pudieran huir. Hoy siguen luchando para protegerlos y para que los exiliados, que ya están empezando a volver, puedan retornar a sus hogares. Esperamos que los cristianos desplazados puedan volver a sentir también algún día esta tierra como suya, así como los musulmanes chiítas. Queremos luchar por los que no tienen fuerza ni armas, por el pueblo llano.

Las YBŞ no solo protegen del Daesh esta zona, sino que participaron y participarán en la lucha en Siria contra Al Qaeda, Al Nusra y el Estado turco, que representa el peor yihadismo de todos. Subrepticiamente financia y apoya tanto al Daesh como a Al Qaeda, aunque la desvergüenza de sus tiranos hace de esta última colaboración algo público y notorio. Puesto que el confederalismo democrático, o apoísmo, trata de garantizar la existencia y la libertad de expresión cultural del pueblo kurdo también en una Turquía nacionalista homogeneizadora que aboga por el genocidio físico y cultural, el imperialismo neootomano intenta aplastarlo en cualquier lugar donde cobra fuerza. Aquí tiene aliados poderosos en Duhok y Erbil, los mismos que abandonaron al exterminio y a la esclavitud a los shengalíes bajo su responsabilidad y que ahora reclaman cínicamente su lugar como garantes de sus vidas y libertades. Por si fuera esto poco, sus presiones llegan a afectar las decisiones y movimientos del gobierno y fuerzas armadas nacionales iraquíes.

Estamos, pues, cercados. Ahora hay paz, pero siempre estamos preparados para los bombardeos o para cosas peores. Nos acostumbramos, lo repito, a vivir bajo amenaza, pero eso no significa necesariamente tener que luchar. Si no hay combates, servimos de la manera que sea posible. Y aprendemos, aprendemos mucho.

Dicho todo esto, paso a desarrollar un día típico para nosotros, aunque insistiendo en que aquí no existe nada realmente “típico”.

Nos levantamos a las cinco de la mañana porque es la hora en la que sería esperable cualquier ataque enemigo. El último compañero de guardia nos despierta y todos formamos para dar cuenta de nuestra disponibilidad y presentar las incidencias de la noche. Dependiendo de la estación haremos el ejercicio físico antes o después del desayuno y de la limpieza, con esto tratamos de evitar el calor en verano y de hacer tiempo hasta la salida del sol en invierno. El ejercicio es alterno, normalmente con un día de carrera breve y musculación por cada uno de patrulla y movimientos tácticos.

Tras el ejercicio o el desayuno, procede limpiar el cuartel. Esto se hace rápidamente porque somos muchos y aquí nadie se escaquea —de lo contrario nuestro comandante podría quitarle la escoba y darle en el culo con ella—. Después la mañana continuará con instrucción, bien teórica, bien práctica, o con trabajo. Será así hasta las once de la mañana, que comeremos. El vigilante —o “suboî”— de turno se encargará de preparar el rancho, hacer otras tareas domésticas, atender a los visitantes, aldeanos o milicianos, y de tener el arma muy cerca por lo que pudiera pasar. Cuando hay colaboración recíproca de los demás, estas tareas se hacen muy livianas.

Aunque la comida se hace a las 11:00, aquí nadie pasa hambre. Si algún compañero necesita tomar algo a media mañana o en otro momento del día, tiene a su disposición la cocina y los alimentos. Luego, una vez terminada la comida, tenemos descanso hasta las dos o las tres de la tarde dependiendo del tiempo y las circunstancias.

Acabado el descanso, procede retomar o el adiestramiento o el trabajo. No más tarde de las 17:00 se cenará y después volveremos a tener tiempo libre hasta que comience la primera guardia, ya una vez hemos rebasado la hora (19:00 o 20:00, a no ser que el peligro haga conveniente adelantarla) de ir a nuestros refugios en los túneles subterráneos o el bosque. Las guardias se hacen todas las noches y oscilan entre la hora y media y las dos horas y media por cabeza dependiendo del número de internacionales.

Los domingos son diferentes. Los domingos normalmente descansamos todo el día, acercándonos a los pueblos cercanos a comprar refrescos, bollería industrial, chocolatina y demás gorrinerías, ir al barbero, a la armería y a comer de restaurante. Y es que la milicia, aparte de proporcionarnos gratuitamente todo lo que necesitamos, nos da un extra para estas cosas.

No quisiera terminar, después de hablar de todo lo que hacemos, sin mencionar lo que no hacemos. Aquí está prohibido beber alcohol, consumir drogas o mantener relaciones sexuales. Cuando la vida puede depender de ello, hay distracciones y vicios que no pueden tolerarse. Apelamos a los valores de la milicia que tan bien expuso Calderón de la Barca y forman nuestras reglas de conducta. Todo el mundo, aventurero, militar profesional o idealista, tiene que hacerlas suyas.

Concluyo mi carta. Espero haberte esclarecido nuestra forma de vida y, por si te quedasen dudas, te aliento a presentárnoslas. ¡Quizá te animes a unirte a nosotros!

¡Sêrkeftên! ¡Victoria!

Heval Kemal

FUENTE: Kemal Ispanî / Kurdistán América Latina

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