Afganistán: la mujer que desafía el veto talibán con clases clandestinas

Marzia estaba a punto de terminar la carrera de Farmacia en la Universidad de Kabul cuando los talibanes anunciaron la prohibición del acceso de las mujeres a la educación superior. A esta joven afgana, que vive junto a sus seis hermanas, su hermano y su madre en la capital de Afganistán, tan solo le quedaban seis meses para poder convertirse en farmacéutica, pero las autoridades de Kabul decidieron arrebatarle este derecho.

Antes de vetar a las mujeres el acceso a la universidad, los talibanes también prohibieron el acceso de las niñas a la educación secundaria. Según la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), actualmente el 80% de las niñas y mujeres afganas en edad escolar no recibe ningún tipo de educación.

Para lograr que estas niñas y adolescentes puedan continuar con su derecho a ser educadas, Marzia, junto a otras 10 mujeres, dan clase en una escuela clandestina a alrededor de 1.500 chicas.

“Son chicas que tienen entre 12 y 23 años. Estudiantes que no pueden ir a la escuela desde el año pasado”, explica en declaraciones a RTVE desde Kabul. “En nuestra escuela estudian Informática, Lengua y también clases de inglés, para que puedan comunicarse en otros países, ya que no pueden continuar su educación dentro de Afganistán”, detalla.

Marzia, quien se ha negado a esconder su nombre a pesar del peligro que supone, afirma que se siente “poderosa” siendo mujer en Afganistán. Según esta afgana, los talibanes “tienen miedo de las niñas y de las mujeres”, porque “si reciben una educación no van a aceptar a los clérigos, a estas personas que no saben nada, que mienten y que deciden sobre la vida de todos a partir de estas mentiras”.

Bajo amenaza y tomando precauciones para ocultarse de los talibanes

Escondida en un barrio residencial de la capital afgana se encuentra el edificio que estas 11 mujeres afganas utilizan como una escuela clandestina. “Está lejos de la calle, para que los talibanes no puedan venir”, cuenta Marzia.

Para evitar que las autoridades de Kabul descubran este lugar, los vecinos de la zona ayudan a estas profesoras y alumnas que desafían las normas impuestas por el régimen extremista islámico. “Les hemos pedido que si viene alguien de los talibanes y les preguntan si hay alguna escuela por aquí, digan que no”, indica esta joven afgana. “Si hay algún problema nos avisan para que cerremos las puertas de la escuela ese mismo día o el siguiente”, añade.

Pero además de la ayuda de los vecinos, las propias alumnas deben cumplir una serie de normas para poder mantener la escuela oculta de los talibanes. “Pedimos que si no confían en alguien, no le cuenten que van a la escuela. Que digan que van a aprender a coser, cualquier cosa excepto ir a la escuela”, detalla la profesora.

Marzia se esfuerza cada día por cuidar a sus alumnas y evitar ser descubierta. Sin embargo, afirma que “la mayor parte del tiempo nos sentimos amenazadas”. “Nos amenazan por teléfono, a través de WhatsApp y Facebook. Nos envían cartas amenazantes diciendo que estamos ayudando al enemigo”, señala. Además, denuncia que los talibanes también la han atacado directamente. “Me hicieron una herida en la mano y en la cara cuando iba a la escuela”, recalca.

Privada del título universitario a falta de un semestre

Después de que los talibanes volvieran al poder en Afganistán en agosto de 2021, prohibieron que las de niñas asistieran a clases en enseñanza secundaria. Aunque prometieron en reiteradas ocasiones a la comunidad internacional que se trataba de una prohibición temporal, en marzo de 2022 incumplieron por completo su promesa de permitir que las niñas regresaran a la escuela.

En septiembre, las autoridades impusieron amplias restricciones a las materias que las afganas podían estudiar. Entonces, las jóvenes podían asistir a la universidad, siempre y cuando se encontrara dentro de su provincia. Pero tres meses después, los talibanes les prohibieron el acceso a estudios superiores, lo que desató una amplia condena internacional.

Marzia fue una de las estudiantes afganas que se vio afectada por esta nueva norma y asegura que se deprimió al conocer el restrictivo anuncio.

“Era mi último semestre y me iba a graduar”, lamenta la estudiante de Farmacia. “Imagina que después de llevar 17 años estudiando, que alguien venga y te diga ‘no puedes continuar con tu educación’. ¿Te puedes hacer una idea?”, se pregunta.

Esta joven afgana, quien además cuenta con un diploma de matrona, ha optado por estudiar salud pública de forma online al no poder asistir a la Universidad de Kabul. “No puedo acabar mis estudios en la Universidad de Kabul y es doloroso para mí. Ahora estoy estudiando en una universidad de Estados Unidos”, señala.

Desde el anuncio de la prohibición del acceso a las universidades a las mujeres en Afganistán, la estadounidense Universidad del Pueblo notó un aumento en el número de estudiantes afganas. Una semana después del veto talibán, esta institución informó de que había recibido más de 2.200 solicitudes.

Los talibanes “ven a las mujeres como cosas”

Bajo el régimen extremista islámico de los talibanes, las mujeres han sufrido un deterioro en sus derechos: han sido excluidas de las escuelas, universidades, calles, e incluso de la mayoría de los trabajos. Además de la segregación por sexos en lugares públicos o el uso obligatorio del velo islámico, las autoridades de Kabul han decretado restricciones que hacen que las mujeres estén cada vez más obligadas a vivir encerradas en sus viviendas.

“Desde la llegada al poder de los talibanes, la situación para las mujeres y niñas en Afganistán no es buena en absoluto”, admite Marzia, quien añade que las restricciones a las mujeres suponen “un problema sobre todo para las familias que han perdido a sus miembros varones en los últimos años en explosiones de bombas, combatiendo a los talibanes o al gobierno”. “Las mujeres tenían que trabajar para alimentar a sus familias, pero ahora no pueden hacerlo. Hay casos de hambre en todas las familias en Afganistán”, recalca. Según Naciones Unidas, el país va rumbo de convertirse en el epicentro de la mayor crisis humanitaria del mundo, con cerca de 23 millones de personas en situación de hambruna.

Esta afgana que vive en Kabul afirma que con el régimen talibán también “vemos muchos casos de chicas que son casadas con menos de 10 y de 9 años”, y cree que los talibanes impondrán más restricciones contra las mujeres. “Ellos ven a las mujeres como cosas, no como seres humanos. Como cosas que se venden en la calle. De acuerdo con su visión, las mujeres son como los zapatos que llevan en los pies”, asegura.

Ante esta situación, Marzia admite que ha pensado “muchas veces” en irse de Afganistán. “Pero si me voy del país con mi equipo, habría niñas a las que no podríamos ayudar y si nos vamos no tendrían ningún futuro”, señala. “Temo por mi vida, pero irme del país sería la última solución”, recalca.

FUENTE: Laura Gómez Díaz / RTVE

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