Afrin: invasión militar y cambio demográfico contra los pueblos

“Es importante que todos sean conscientes del siguiente hecho: los pueblos siempre han resistido los esfuerzos del Estado por limitar la esfera de la política e imponer su propia hegemonía. Uno de los medios más significativos de esta resistencia siempre ha sido defender el ámbito de la política, es decir, la capacidad de tener sus propias discusiones y decisiones. Históricamente, fuera de la triada de vida, liderazgo y jurisdicción, lo último que cayó bajo el control de los gobernantes fue la vida misma. Ninguna otra forma de modernidad y hegemonía ha reclamado hasta ahora tan fuertemente como la modernidad capitalista extender su propia hegemonía a las células individuales de la sociedad, es decir, aniquilar completamente el ámbito de la política. Por lo tanto, las tareas políticas consisten ante todo en organizarse contra estos ataques y resistir en consecuencia. La resistencia es, por lo tanto, la forma más efectiva de la política”.

Mustafa Karasu (miembro fundador del Partido de los Trabajadores de Kurdistán e integrante del Consejo Ejecutivo de la Unión de Comunidades de Kurdistán).

La guerra total contra los pueblos de Kurdistán puede ejemplificarse con lo que ocurre en el pequeño cantón de Afrin, ubicado en Rojava (región kurda de Siria). Luego del inicio de las masivas protestas contra el gobierno del presidente sirio Bashar Al Assad, en el marco de la denominada Primavera Árabe, el pueblo kurdo en el territorio, de una larga tradición de lucha en defensa de sus derechos negados por el Estado, declaró la autonomía de sus tierras en 2012.

Esto ocurrió por varios factores. En primer lugar, por el trabajo clandestino, pero constante de los y las militantes del Movimiento de Liberación de Kurdistán en la zona, que, pese a la represión del régimen, siempre mantuvieron encendida la llama de la lucha. En segundo lugar, porque los sectores más organizados de la Rojava conformaron las milicias de autodefensa YPG/YPJ (Unidades de Protección del Pueblo y de las Mujeres) para proteger sus tierras, de forma muy rápida y concreta. En tercer lugar, porque ante la crisis generada por la aparición de diversos grupos yihadistas y terroristas en toda Siria (en especial Al Qaeda), las Fuerzas Armadas bajo el control del Estado sirio se retiraron prácticamente de Rojava para defender otros puntos de la geografía del país, permitiendo que las YPG/YPJ avanzaran en la liberación de ciudades y aldeas, al mismo tiempo que se comenzaba a gestar un autogobierno que, desde un principio, buscó convocar a todos los componentes dentro de la zona, ya sean kurdos, árabes, armenios, asirio o turcomanos, y de diferentes religiones, como musulmanes chiitas y sunitas, cristianos y yazidíes.

Afrin es uno de los siete cantones que conforman la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES). Esa región está conformada por alrededor de 380 aldeas y pueblos, y se ubica a 40 kilómetros de la ciudad de Alepo, la capital económica de Siria. El cantón está dividido en siete distritos y la zona tiene grandes plantaciones de olivos debido a su geografía montañosa y con valles. La tierra además es fértil para la producción de frutas y verduras, siendo un pequeño granero dentro de Rojava.

La ocupación ilegal de Afrin se concretó entre el 16 y el 18 de marzo. Dos meses antes, la aviación turca comenzó con bombardeos masivos contra la región. Las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) –integradas por las YPG/YPJ y otras milicias- en un principio resistieron los ataques, pero sus capacidades militares eran escasas para enfrentar las incursiones aéreas.

Rusia y Estados Unidos, que controlan el espacio aéreo de la zona, no hicieron nada. Moscú, por su alianza sinuosa con Ankara, pero siempre redituable. Estados Unidos, que tiene tropas en el territorio, se justificó diciendo que sus fuerzas solo luchaban contra el Estado Islámico (ISIS). 

Desde que los grupos yihadistas y mercenarios sostenidos por Turquía invadieron Afrin, fueron responsables de una seguidilla de crímenes de todo tipo: violaciones y asesinatos de mujeres, secuestros extorsivos de pobladores, usurpación de propiedades, expulsión por la fuerza de habitantes originarios, saqueo de los patrimonios culturales y arqueológicosconstrucción ilegal de edificios e infraestructura, y «turquificación” de la educación. Este último punto, sumado a la enumeración anterior, conforma un plan sistemático que es denunciado por la AANES como la aplicación de un profundo “cambio demográfico” en Afrin.

En los dos meses de bombardeos sobre la región y en la posterior ocupación ilegal del territorio, se calcula que al menos 300 mil personas fueron desplazadas por la fuerza. Ante esta situación, la AANES armó campamentos de refugiados para recibir los contingentes de pobladores que huyeron. 

En agosto de 2018, la agencia de noticias Firat News publicó un extenso informe en el que mostraba la situación en Afrin, en la cual se habían refugiado unas 500 mil personas desplazadas de todo el territorio sirio en casi siete años de guerra interna. La investigación, titulada Aniquilación cultural y cambio demográfico en Afrin, confirmó que en esa región rica en agricultura y agua dulce se produce “una tragedia de proporciones dantescas ante el silencio del mundo”.

“Torturas, asesinatos, violaciones, destrucción del patrimonio cultural y aniquilación de pueblos forman parte de las estrategias de los ocupantes turcos y sus aliados terroristas”, fue el que se presentó en el informe. También se detalló que el cambio demográfico de la región es uno de los objetivos fundamentales de los ocupantes. «En lugar de la población que tuvo que escapar de Afrin, los milicianos del ELS (Ejército Libre Sirio, aliado de Ankara) y sus familias provenientes de Guta Oriental fueron asentados en la región gracias a un acuerdo con Rusia. Hay alrededor de 41.000 personas que forman parte de ese acuerdo y que han sido asentadas en Afrin, aunque el proceso no ha concluido todavía”.

Cuatro años después de la ocupación ilegal de Afrin, la Organización de Derechos Humanos de Afrin (ODHA) reveló que la población kurda en el cantón se redujo del 95% al 15% o 25% desde que comenzó la invasión. Esto es una consecuencia “de las políticas sistemáticas de limpieza étnica y cambio demográfico”, denunciaron.

Otras cifras de la ODHA demuestran lo que implica la invasión turca a Afrin: para 2022, un total de 676 civiles fueron asesinados y más de 700 sufrieron heridas por los bombardeos y las torturas de los mercenarios. Entre estos últimos, hay 303 niños y 210 mujeres. La ODHA también registró un aumento sistemático de femicidios: 84 mujeres fueron asesinadas por los mercenarios, de la cuales seis murieron luego de ser violadas.

Uno de los grandes negocios de los ocupantes son los secuestros: desde el 20 de enero de 2018, cuando comenzaron los bombardeos turcos, 8.328 personas vivieron este calvario. Del total, según la ODHA, se desconoce el paradero del 35% de las personas secuestradas. En estos cuatro años, 1.000 mujeres fueron raptadas por los ocupantes. Con respecto al cambio demográfico, la ODHA señaló que, desde la invasión de Turquía hasta el año pasado, entre 400 y 500 mil personas fueron trasladadas de otros países para establecerse en Afrin. 

Para 2023, la situación en Afrin no fue diferente. Un simple ejemplo lo demuestra: entre el 3 y el 31 de octubre, el Estado turco junto a sus grupos mercenarios fueron responsables de al menos 275 ataques contra 55 localidades en el cantón kurdo y en Shehba, zona del norte de la provincia de Alepo, donde se encuentran muchos de los desplazados de Afrin.

La ocupación de Afrin por parte de Turquía no es un hecho aislado. En Rojava, las fuerzas mercenarias respaldadas por Ankara también controlan las zonas de Al Bab, Gire Spî y Serêkaniye, todas arrancadas a sus pueblos originarios y que eran gobernadas por la AANES.

Ocupación turca en Afrin / Imagen: ANHA

“Todo ataque (guerra) es un gesto de apropiación, cuyo sentido más claro es la conquista, que desata inmediatamente una nueva dinámica territorial, reorganiza la sociedad, dispone la supresión de unas relaciones sociales y la instalación de otras. La guerra produce e instituye la desposesión de las mayorías. Es una expropiación fundadora”, escribe Rodrigo Ruiz Encina, antropólogo chileno, en su texto La guerra contra los pobres (y los pobres contra la guerra). En apenas unas líneas, la reflexión de Ruiz Encina puede resumir el objetivo final que el Estado turco busca no solo en Afrin, sino en todo Kurdistán, un territorio habitado por más de 40 millones de personas a las que hace (como mínimo) 100 años se le niegan sus derechos. 

Desde la fundación de la República turca, en 1923, el “nuevo Estado” heredero del Imperio Otomano tuvo como política oficial la negación de las minorías. El genocidio armenio es el hecho histórico más concreto, pero también las masacres de asirios y kurdos se convirtieron en la piedra basal de un Estado que, con el paso de las décadas, sigue reproduciendo una política represiva que parece importarle a muy pocos.

En este plan sistemático de negación y represión, Turquía refuerza sus acciones contra las mujeres kurdas. Para el Movimiento de Liberación de Kurdistán, la revolución, la independencia, la democracia y la autonomía para el pueblo kurdo deben llegar de la mano de las mujeres, ya que consideran que el sujeto de cambio son ellas. Así lo dejó en claro el líder máximo del movimiento, Abdullah Öcalan, que desde 1999 se encuentra encarcelado en la isla-prisión de Imrali, en el mar de Mármara, en Turquía. Öcalan fue el impulsor de la liberación de las mujeres kurdas y acuñó la frase-consigna “matar al macho” que todos los hombres llevan adentro. En reflexiones, escritos y libros, el fundador del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK, por sus siglas originales) consideró que, sin la liberación de las mujeres, no es posible la liberación de la sociedad.

El pensamiento de Öcalan -que en su obra Manifiesto por una sociedad democrática (dividida en cinco tomos) analiza la historia desde la creación de la civilización sumeria hasta una actualidad controlada por lo que califica la “modernidad capitalista”- tiene puntos de contacto con la praxis de la escritora italiana Silvia Federici.

En el libro Brujas. Caza de brujas y mujeres, Federici apunta que “parece haber una relación particular entre el desmantelamiento de los regímenes comunitarios y la demonización de algunos miembros de las comunidades afectadas que convierte la caza de brujas en un instrumento eficaz de privatización social y económica”. Si al término “brujas” lo cambiamos por “mujeres kurdas”, el escenario de horror en que Turquía convirtió a Afrin podría extrapolarse a la Europa de siglos atrás. Federici agrega que, en la guerra contra toda forma de poder popular, las mujeres eran un peligro para la estructura del poder local y nacional. En el libro, la escritora feminista investiga y reflexiona sobre “los cercamientos ingleses y, en general, el desarrollo del capitalismo agrario a partir de finales del siglo XV en Europa”, aunque la vigencia de sus descripciones y análisis podrían extrapolarse a Afrin y las demás zonas ocupadas por Turquía en Rojava. Federici habla sobre cercar las tierras, pero también el conocimiento, los cuerpos y las relaciones con otras personas y con la naturaleza. Y eso mismo es lo que ocurre en Afrin. 

No solo las mujeres que habitaban el cantón kurdo fueron expulsadas de sus tierras, sino que el Estado turco aplicó (y aplica) una política de tala masiva de árboles como de robo de la producción de oliva, que luego comercializa a Europa. Además de los asesinatos y violaciones de mujeres, los yihadistas y mercenarios que responden a Ankara (y que muchos de ellos son ex ISIS) decretaron la utilización de vestimenta según su interpretación ortodoxa del Islam, como también el cambio de nombres de instituciones y de la señalética del lugar –que estaba en kurdo y en árabe antes de la ocupación- por el turco.

Ocupación militar turca en Afrin / Imagen: Omar Haj Kadour – AFP

En la actualidad, Rojava es atacada de forma continua por Turquía. Las bombas caen a diario en ciudades y aldeas. El Estado turco refuerza su política guerrerista en Kurdistán, ya sea en el sudeste del país (Bakur, Kurdistán turco), como en el norte de Irak (Bashur, Kurdistán iraquí) y la región autónoma del norte de Siria. A su vez, el gobierno turco, encabezado por Recep Tayyip Erdogan, extiende sus brazos armados a Libia (donde envía mercenarios) y para abrazar a su socio Azerbaiyán en su guerra contra Armenia por el enclave Nagorno Karabaj. 

El Estado turco profundo tiene un plan demarcado desde hace décadas: por un lado, volver al esplendor del Imperio Otomano, ampliando su control territorial y político; por el otro lado, recrudecer la represión contra las minorías étnicas dentro y fuera de Turquía. En este caso, el pueblo kurdo es el blanco principal debido a su larga historia de resistencia, en especial, la encabezada por el amplio Movimiento de Liberación de Kurdistán, donde confluyen desde organizaciones político-militares hasta partidos políticos legales, asociaciones civiles, agrupaciones de mujeres y espacios culturales y de defensa de la lengua materna.

Rodrigo Ruiz Encina escribe: “¿Cómo detener esta guerra contra los pobres? Pensar desde abajo es, aquí, pensar la guerra más allá de la guerra, desestabilizar los conceptos verticalistas que organizan su comprensión y preguntarnos por la producción de los actores de la historia, esos que las ideas clásicas suponen preconstituidos”. En Rojava, pese a la guerra de agresión que sufre el territorio, el “desde abajo” es una utopía que se construye día a día: desde la constitución de la AANES, pasando por el sistema de copresidencias en todos los puestos de dirección (un hombre y una mujer) y los espacios autónomos de mujeres hasta la autodefensa armada y la educación en lenguas originarias (kurdo, árabe, arameo y armenio), el proyecto político y social en Rojava se desarrolla entre el dolor de los muertos queridos y las esperanzas de una liberación total.

En 1984, el cineasta kurdo Yılmaz Güney pronunció un discurso durante la celebración del Newroz (año nuevo kurdo) el 21 de marzo en París, Francia, en el que resumió el derrotero de su pueblo. Sus palabras resuenan hoy en cada pecho de los hombres y de las mujeres de Kurdistán: “Nuestras manos deben saber manejar la pluma, la máquina y el arma. Sabemos bien que si utilizamos las mejores canciones y las palabras adecuadas de la forma correcta, hablarán como una bala. Nuestras montañas, llanuras y ríos nos están esperando. No queremos pasarnos la vida en el extranjero cantando canciones de exilio. Somos un pueblo cuya valentía ha creado epopeyas y tenemos la determinación y la fuerza para superar todas las dificultades que tenemos ante nosotros. Los demócratas revolucionarios turcos, persas y árabes forman parte de esta lucha y combaten contra el enemigo común como firmes defensores del derecho de la nación kurda a la autodeterminación. La solidaridad de las clases oprimidas es una de las armas más poderosas que tenemos. Que sepan amigos y enemigos por igual que venceremos; que, sin duda, venceremos”.

*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Sameer Al Doumy AFP.
**Este ensayo fue realizado en el marco del Diploma Superior “Mapa de guerras: el catálogo editorial como producción de conocimiento político-militante (2023)”, organizado por la editorial Tinta Limón y CLACSO.

Fuente: La Tinta por Leandro Albani

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