Asamblea de Mujeres del Foro Social Mundial se solidarizan con el pueblo kurdo

En el marco de la Asamblea de Mujeres realizada en el Foro Social Mundial (FSM) entre el 1 al 6 de mayo en la Ciudad de México, se aprobó la declaración sobre los feminismos. De la Asamblea forma parte el movimiento de mujeres kurdas y en esta ocasión también participaron de la Asamblea de Mujeres.

En el documento emitido el 5 de mayo se señaló, entre muchos puntos: “Estamos junto a las mujeres en Ucrania, con las feministas rusas, junto a las mujeres y el pueblo kurdo”.

A continuación compartimos la declaración completa:

La Asamblea Feminista del FSM se reúne en la Ciudad de México (CDMX) en momentos de gran incertidumbre para el devenir de la humanidad. La estrategia de globalización neoliberal ha profundizado, de manera acelerada, la depredación y el ataque a la vida digna, para mantener el dominio de un orden de muerte, capitalista, heteropatriarcal y colonial. La crisis pandémica y la más reciente escalada de la guerra y el militarismo en varios territorios del planeta, expresan los actuales alcances de un sistema que lleva al extremo la concentración de la riqueza y el poder, la destrucción y menosprecio hacia todas las formas de vida, que no han hecho otra cosa que profundizar las injusticias, las desigualdades y las violencias. En estos años hemos presenciado cómo la vida está siendo amenazada, vemos con dolor cómo aumenta el número de personas asesinadas por defender los bienes comunes, la justicia social y la exigencia de otras formas de convivir, en donde las mujeres, sobre todo las racializadas, las populares, las empobrecidas, las migrantes, las campesinas, negras y afrodescendientes, las compañeras trans, lesbianas, travas, no binaries, son las más afectadas. En nuestras sentidas palabras nos acompañan Marielle Franco, Bertha Cáceres y todas las que han sido asesinadas, amedrentadas y violentadas por defender la vida para todes. No descansaremos en exigir por ellas, elles justicia, verdad y reparación. Así mismo, vemos cómo las lógicas del capitalismo y el heteropatriarcado se manifiestan en las políticas migratorias, que no sólo agudizan la violencia en los corredores de la diáspora sino que también se asientan en las fronteras y los Estados. Rechazamos de manera contundente, la decisión del Estado mexicano de aislar y deportar a la compañera Keila Simpson, activista trans brasileña que estaba invitada al Foro Social Mundial de este año. ¡Ninguna persona es ilegal! A pesar de este duro panorama, los pueblos, y especialmente las mujeres, seguimos levantando propuestas, tejidos, experiencias y luchas que alumbran ensayos de transformación para la construcción de un mundo libre de capitalismo, de heteropatriarcado, de racismo y de toda forma de violencia hacia la comunidad de vida. Frente a todas las formas de opresión, dominación y explotación, vamos construyendo otras maneras de convivir, de hacer política, de hacer economía, de hacer palabra y territorio, mientras tejemos entre todas las latitudes. Nuestra lucha es sin duda internacionalista, transfeminista, antiracista, antiimperialista, anticapitalista.

Por eso reafirmamos que Otro Mundo es Posible y decimos: NO A LA GUERRA Y LA MILITARIZACIÓN

Los poderes del Norte Global, los que se levantan sobre un decadente mundo blanco, patriarcal, xenófobo, racista y clasista han desatado una nueva guerra y han utilizado la democracia liberal como forma de justificación del horror. Las mujeres del Sur Global sabemos de qué se trata, porque desde hace siglos hemos sido parte de todos los pueblos que han sido despojados, saqueados y masacrados en nombre de algún relato civilizatorio. La guerra es sin duda el más nefasto ataque a la vida. Su estela de destrucción se ensaña con los pueblos, especialmente con las mujeres que asumen el cuidado de sus familias y comunidades en medio de toda clase de privaciones, de migraciones forzosas, leyes regresivas y que están permanentemente expuestas a violencias exacerbadas. El número de feminicidios, transfeminicidios, acoso, violencia y ataques contra las mujeres y cuerpas feminizadas son la expresión más dolorosa de esta guerra que pareciera que no tiene fin. Guerras declaradas y no declaradas, despliegue de las ilimitadas posibilidades de la guerra híbrida, invasiones, ocupaciones militares se mantienen en distintos puntos del planeta, sin que los “poderes mundiales” desplieguen las iniciativas y esfuerzos necesarios para alcanzar salidas negociadas hacia la paz con justicia social. Por el contrario, asistimos a una escalada militarista y armamentista que expresa intereses geopolíticos y corporativos, a costa de efectos globales de alta inflación, aumento de la inseguridad alimentaria con riesgo de hambrunas, crisis energética, recortes adicionales de la salud y educación públicas, que empeoran las condiciones de vida de las mujeres y los pueblos, y deterioran el ambiente de manera exponencial. Vemos con horror cómo avanza el narco y sus múltiples tentáculos en el Estado, sus instituciones, las fuerzas represivas y los poderes financieros; y a la par asistimos a un momento en donde la forma de criminalizar la histórica pobreza y gobernarla, es la construcción de más cárceles, políticas imperialistas antidrogas y cuerpos legales punitivos que erigen los Estados. A eso se suma la criminalización y judicialización de la lucha feminista y de la protesta social, de los asesinatos a líderes y lideresas en varios territorios del Sur Global. Es por eso que nosotras, nosotrxs, aquí reunidas exigimos a los Estados, a los gobiernos, y a todos los poderes fácticos el cese de todas las guerras, no solo las que se hacen a nombre de la “democracia blanca, burguesa y liberal”. ¡No a los acuerdos coloniales que arrasan con las vidas de las mujeres y pueblos en los territorios ocupados! ¡No a la OTAN, ni a ninguna potencia imperialista que pone sus propios intereses por encima de la vida! Nos oponemos a la encarcelación de personas empobrecidas, históricamente despojadas, racializadas y jóvenes que son el ejército de reserva de una maquinaria de guerra, violencia y lucro de los grandes poderes económicos y políticos del mundo. Nos solidarizamos con todos los pueblos que se encuentran en resistencia y en lucha. En ese sentido, somos solidarias con el pueblo palestino y particularmente con las mujeres palestinas, que enfrentan múltiples violencias en el contexto de bloqueo y ocupación de sus territorios y de las políticas del régimen de apartheid impuesto por el Estado de Israel. Saludamos y abrazamos la histórica resistencia de las mujeres saharauis y su grito de libertad contra todas las formas de opresión colonial. Estamos junto a las mujeres en Ucrania, con las feministas rusas, junto a las mujeres y el pueblo kurdo, a las organizaciones territoriales de Colombia y sus lideresas que afrontan desde hace décadas la guerra y el paramilitarismo. Denunciamos la presencia del paramilitarismo en varios territorios, en ese sentido alertamos a la comunidad internacional del avance de grupos contrainsurgentes en territorios zapatistas en Chiapas. Levantamos nuestra voz en solidaridad con las compañeras feministas de Nicaragua que están siendo perseguidas y encarceladas por parte del régimen de Ortega-Murillo. ¡Estamos junto a todas las mujeres, cuerpas feminizadas y diversidades sexo genéricas que luchan y resisten! Desde la ética y la experiencia feminista llamamos a asumir formas no violentas para abordar los conflictos, poniendo por delante la vida, el bien común, la solidaridad y la construcción de paz con justicia. Creemos profundamente en la construcción de democracias populares, directas, horizontales, asamblearias que coloquen en el centro la dignidad y la justicia, que promuevan el debate, que no cancelen la discrepancia, ni la crítica.

¡Otras formas de hacer política son posibles! BASTA DE MERCANTILIZAR LA VIDA

Debido al capitalismo, el planeta ha sido sometido a la lógica de apropiación privada, negocios, ganancias y acumulación de la riqueza concentrada en pocas manos. Los asuntos materiales y los más simbólicos e íntimos se han sometido a la mercantilización y al despojo sistemático. Denunciamos el impacto de la perversa alianza entre el heteropatriarcado, el colonialismo y el capitalismo, que se manifiesta en la invasión de cuerpos y territorios. La realidad pandémica mostró la estrecha relación entre la propagación del Covid-19 y un modelo productivo basado en la desregulación y precarización laboral, la deforestación, el extractivismo, los agrotóxicos, las semillas genéticamente modificadas, la comida “envenenada”, la contaminación del agua, la generación incontrolada de desechos, las tecnologías digitales invasivas, la deslocalización de la producción y el comercio. En esta “nueva normalidad” vemos que se ratifica y profundiza el mismo modelo que se acentúa en la concentración y el control de los gigantes tecnológicos sobre todos los ámbitos de la vida. Un poder corporativo sin límites suplanta, hoy por hoy, una institucionalidad democrática debilitada y rehén de esos intereses corporativos globalizados. El esquema económico financiarizado y especulativo avanza, y con éste la colonización de la vida y la extracción de datos por parte de los poderes capitalistas que a través del despojo de nuestra información, organizan en algoritmos nuevas formas de explotación, precarización y control de la clase trabajadora. Así mismo, el endeudamiento alcanza ya no solo a los países sino también a las comunidades, a las familias, a las mujeres e identidades sexo genéricas diversas. Vivir endeudadas representa un chantaje sobre nuestras posibilidades de autonomía. Para nuestros países la deuda, con las infaltables imposiciones del FMI, implica la erosión de la soberanía, la imposibilidad de proyectos propios, la precarización del trabajo, la afectación de derechos a la educación, a la vivienda, a la salud integral, a una vida digna. La alternativa de otra economía, que salió a relucir como “resiliencia”, existe y resiste. A pesar del asedio del capital, está significativamente presente en las economías campesinas e indígenas, en la agroecología, en todas las formas económicas que priorizan los cuidados, la vida y la justicia social, en general protagonizadas por mujeres aún en medio de injusticias y desigualdades. Así mismo, desde la visión y la experiencia feminista de la economía, aportamos al mundo pautas de una economía para la vida: La prioridad es atender los derechos básicos de vivienda, educación, ingresos básicos, salud integral, para todas, todos y todes, para lo que urge un consenso social en torno al imperativo de una fiscalidad justa, que permita gravar a las grandes fortunas e ir hacia formas alternativas de reactivación económica, lo que incluye redefinir los trabajos socialmente necesarios y aquellos trabajos biocidas que tendrán que reconvertirse en un nuevo esquema de trabajo y producción con claves ecofeministas. Reafirmamos que el cuidado de la vida constituye el núcleo y el sentido de la economía. Los aportes entregados de las mujeres, pese a las injusticias de la división sexual del trabajo y a la desvalorización de los trabajos de cuidado, han sido cruciales para sostener la vida de las sociedades y de la naturaleza, así como para encarar la devastación del capital. Es hora de asumir los cuidados desde la igualdad y la solidaridad, es tiempo de reorganizar con justicia y distribución el sostenimiento de los cuidados para construir juntas, juntos y juntes una humanidad más justa. Subrayamos la importancia estratégica de la producción local, de la capacidad de respuesta propia basada en redes socio productivas, en la solidaridad y la complementariedad. Para eso es indispensable el reconocimiento y protección de los territorios de los pueblos y comunidades originarias. Destacamos el potencial de una agenda de transformaciones que hemos contribuido a construir y que es inaplazable: economía feminista, justicia socioambiental, nueva arquitectura financiera, justicia fiscal, comercio justo, monedas alternativas, economía social y solidaria, agroecología, soberanía alimentaria, soberanía energética y relaciones armónicas con la Madre Tierra. La violencia patriarcal mata y asfixia la vida de toda la sociedad Nuestras sociedades están siendo moldeadas por violencias sistémicas, estructurales y crueles que nos llenan de indignación, dolor y rabia. Las sostenidas luchas feministas han llevado a logros en el reconocimiento formal de derechos, a cambios en ciertos patrones culturales, pero una conjunción de viejas formas de dominio masculino con diseños patriarcales actualizados, hasta tecnologizados, están dando como resultado una escalada del feminicidio, las violaciones y el acoso a las mujeres, a las niñas y a las disidencias sexuales, en medio de impunidad y hasta complicidad. Las leyes conquistadas en la calle son implementadas a medias o directamente negadas en el accionar concreto de los gobiernos. En algunos países ganamos el derecho al aborto, pero nos obligan a seguir dando enormes batallas para garantizarlo. En otros territorios sin embargo, el aborto sigue siendo penalizado y criminalizado aún en casos de violación. La alianza entre grupos de derecha e iglesias retrógradas ha llevado a verdaderas cruzadas contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y de las diversidades sexuales en un contexto de leyes regresivas en todo el mundo. Pero hay otros terrenos en los que se despliega esa violencia empeñada en mantener el control sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. La violencia en la política contra las mujeres en razón de género persiste a pesar de que hemos logrado visibilizarla y denunciarla. Más aún, se extiende ahora al asesinato y el amedrentamiento hacia las mujeres de los pueblos originarios y de las comunidades que defienden la tierra, el agua, los bosques, la soberanía alimentaria, las semillas y los territorios. Levantamos nuestras voces en contra de todas las violencias machistas, patriarcales, misóginas hacia niñas, adolescentes y mujeres que cotidianamente se ven sometidas a feminicidios, desapariciones forzadas, violaciones y torturas. Nuestra lucha es por una vida y unas formas de convivencia sin guerra, sin violencias, que promuevan el debate, el diálogo y el cumplimiento de derechos que permitan a todos, todes y todas acceder a una vida justa.

Para que exista Otro(s) Mundo(s) Posible(s) necesitamos: VIDAS LIBRES DE VIOLENCIAS

Persistiremos en nuestras luchas por una vida libre de violencias para nosotras y para el mundo, con iniciativas a todas las escalas: locales, nacionales, globales, con dinámicas de sororidad y solidaridad, e interpelando a los movimientos sociales y a la sociedad toda para que asuman este tema como propio y prioritario. Además continuaremos luchando por justicias feministas, ancestrales, comunitarias y no punitivas.

No a la deuda pública y a la financiarización de la vida

Exigimos la suspensión del servicio de la deuda pública externa en nuestros países para fortalecer sectores deprimidos como el de salud, que ante una pandemia evidenció su debilidad. No podemos continuar pagando una deuda que además recae mayoritariamente en las mujeres, generando procesos de financiarización de la vida.

Lucha por la soberanía digital

La pandemia ha reforzado la brecha digital que perjudica sobre todo a las mujeres y las identidades diversas en una suerte de colonización digital. Proclamamos una justicia digital feminista.

Trabajos dignos

Caminamos hacia una lectura conjunta y diversa así como a levantar luchas que articulen la complejidad del mundo del trabajo. Las explotadas, precarizadas, las migrantes, las que sostienen trabajo no remunerado, las que cuidan la vida humana y no humana tienen que estar presentes para construir juntas otras maneras de trabajo, que aún en el capitalismo, logren alcanzar ciertos niveles de dignidad para la clase trabajadora y los pueblos. Necesitamos además seguir levantando banderas por salarios justos, trabajos dignos y seguridad social garantizados, reorganización social de los cuidados, que contemplen también los procesos de migración y desplazamiento de miles de mujeres y cuerpas feminizadas en el mundo.

Promoción y defensa de los derechos humanos y de la naturaleza

Llamamos a los poderes globales, a los Estados y a los gobiernos a asumir los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, que son indisociables, así como a comprometerse en llevar a cabo un marco democrático por una agenda de defensa de la vida y del bien común, que genere procedimientos claros para la defensa de la vida y que a su vez prevenga más injusticias y violencias.

Generación de pensamiento y acción feminista

Nuestro compromiso es la construcción de pensamientos plurales y de acción feminista para una transformación que nos lleve a sociedades basadas en la defensa de los cuidados y del Buen Vivir. Estamos convencidas de que este camino de transformaciones estructurales requiere otra manera de educarnos, en donde las pedagogías emancipadoras, feministas y populares sean una luz que permita la denuncia y también la esperanza, el diálogo entre generaciones, y la recuperación de experiencias históricas y situadas que imaginen en la praxis, otras formas de educación.

Alianzas para una construcción colectiva de otro mundo

La revolución feminista que ahora protagonizamos requiere de una profunda solidaridad y una clara oposición a todas las formas de explotación, opresión y dominación. Necesitamos con urgencia construir alianzas y articulaciones internacionalistas, solidarias, que tengan la capacidad de oír, de entender, empatizar y elaborar propuestas conjuntas y colectivas. Así mismo es fundamental construir distintas formas de poder, de hacer política y de relacionarnos, no basta con asumir colectivamente las demandas de transformación, necesitamos con urgencia ensayar otras maneras de politizar la vida y construir organizaciones que no reproduzcan los patrones de poder burgueses, imperialistas, binarios, coloniales, machistas, estadocéntricos y xenófobos. Reafirmamos nuestra voluntad de tejer alianzas fuertes, de trabajar juntas sin jerarquías, promover la resistencia y la revolución de las multitudes hacia el Otro Mundo Posible que vislumbramos, construimos y que no puede ya esperar.

Por una economía feminista, popular y solidaria

Ante la crisis multidimensional es urgente que nuestras sociedades, Estados y organizaciones asuman la economía feminista como uno de los aportes fundamentales para dar paso a sociedades más justas y redistributivas. Necesitamos un conjunto de políticas públicas, mecanismos y presupuestos transversales que incidan en la prevención y erradicación de las violencias, desigualdades e injusticias contra las mujeres y las diversidades sexo genéricas. Así mismo requerimos romper con el binomio productivo/reproductivo e incorporar y visibilizar la esfera reproductiva en los discursos y las prácticas económicas, en la vida cotidiana y en el conjunto de luchas que sostenemos. Finalmente, compañeras y compañeros del Foro Social Mundial, no podemos terminar esta declaración sin antes hacer un llamado para que sigamos democratizando el Foro, necesitamos con urgencia caminar hacia espacios más inclusivos, plurales, horizontales donde ninguna voz quede fuera, y ninguna lucha sea secundaria. No podemos seguir reproduciendo en nuestros espacios lógicas excluyentes y verticales. La apuesta es por transformar el mundo y las relaciones que hay en éste; es por eso que llamamos a construir otras maneras de articulación que alumbren un Foro donde quepan todos los mundos que necesitamos para transformar éste que ya no da más.

¡Contra todas las violencias machistas, racistas, xenófobas, clasistas, contra todas las guerras y las ocupaciones! ¡Contra la alianza criminal del heteropatriarcado, el capitalismo y la colonialidad! ¡Contra todas las violencias económicas e imperialistas que despojan territorios, vidas, comunidades! ¡Por economías justas, solidarias, distributivas, feministas, ecológicas que coloquen en el centro la vida digna, humana y no humana! ¡Por la construcción de otras formas de poder, de hacer política y de organizarnos! ¡Por pedagogías liberadoras, emancipadoras, feministas, populares y comunitarias que permitan aprendizajes compartidos entre las compañeras que nos precedieron, las que estamos y las que vienen! ¡Porque juntas, juntes somos capaces de transformar este mundo, y construir otro sin capitalismo, ni heteropatriarcado, ni racismo, que repare la herida colonial y permita la existencia plena de todos los cuerpos, territorios y vidas! ¡Por feminismos plurales, populares, campesinos, comunitarios, internacionalistas y solidarios! ¡Feministas de todo el mundo en este Foro Mundial!

FUENTE: ANF

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