Barîn Kobanê: una vida en resistencia

Barîn Kobanê es una de las muchas combatientes heridas durante la Revolución de Rojava. Procede de una familia patriota de Kobanê y creció allí con su madre, que la introdujo en la lucha por la libertad kurda, incluso antes de la revolución. Su madre había sido testigo de los 20 años de lucha de Abdullah Öcalan por la libertad en Siria, e incluso tuvo la oportunidad de conocerlo antes, en Líbano. Barîn Kobanê creció escuchando las historias de su madre y se unió a la Revolución de Rojava en 2014. Por aquel entonces, tuvieron lugar la ofensiva “Şehîd Gelhat” para liberar la zona de Qamishlo y la ofensiva “Şehîd Rûbar Qamişlo”, en la región de Cizîrê.

Dos buenas noticias

Cuando se conoció la noticia de la liberación de Girê Spî (Tell Abyad), Barîn vivió su primera batalla. “Iba a ser la primera vez que lucharía en primera línea”, relata. “Mientras sentía la alegría de hacerlo, nos llegó la segunda buena noticia: Girê Spî ya era libre –recuerda-. Ya no había nada que se interpusiera entre las zonas de Kobanê y Cizîrê. Las fuerzas de las YPG/YPJ de ambos cantones iban a reunirse, celebrar el acontecimiento con una gran ceremonia y viajar en convoy a Kobanê en busca de refuerzos”.

“Tras la liberación de Kobanê, todos querían ver con sus propios ojos la ciudad liberada. Porque Kobanê se había convertido en un bastión de la resistencia –continúa-. Todos y todas estábamos asombrados de cómo esta pequeña ciudad se había convertido en testigo de una resistencia tan grande y significativa. Formábamos parte de esta resistencia, pero queríamos volver a verla con nuestros propios ojos”.

Un lugar sagrado

Para Barîn, “Kobanê se convirtió en un lugar sagrado gracias a la sangre de los caídos. En medio de toda esta emoción, ni siquiera nos dimos cuenta de cómo habíamos llegado. Nuestro viaje a Kobanê duró cinco horas. Llegamos al distrito 48. Las casas destruidas y el olor a pólvora marcaban la imagen de un barrio empapado con la sangre de los caídos”.

“Yo tenía poca experiencia de combate. Por eso me asignaron a una unidad profesional y escuché las experiencias de mis amigos y amigas para aprender –rememora la miliciana-. Participé en acciones menores e intenté aplicar lo que había aprendido en combate. Además, construíamos continuamente fuertes posiciones defensivas. Todos estábamos muy agotados, tanto de luchar como de fortificar las posiciones. A veces no dormíamos en una semana. Durante un periodo tan intenso y agotador, los mercenarios no desaprovecharon ninguna oportunidad para infiltrarse en nuestras posiciones”.

La masacre del 25 de junio

El 25 de junio de 2015, ISIS invadió Kobanê, también a través de la frontera turca, y asesinó a 252 civiles. Este día pasaría a la historia como el Día de la Masacre de Kobanê.

Barîn dice que esa fecha “fue un caluroso día de verano. Hacía tanto calor que no sabíamos dónde encontrar sombra. En medio de este calor, nuestro comandante se acercó a nosotros y nosotras y nos dijo: ‘Los mercenarios han entrado en Kobanê, ha habido una masacre’. Tras estas palabras, nos olvidamos del calor, como si lloviera fuego del cielo, e inmediatamente corrimos hacia el pueblo porque unos amigos y amigas nos dijeron por el camino que los mercenarios habían entrado en el pueblo de Berxbotan”.

“Cuando llegamos, algunos mercenarios todavía estaban en el pueblo. Estos despiadados mercenarios habían asesinado a todos los que encontraron, incluidas mujeres y niños –explica-. Los aldeanos abrieron sus puertas y gritaron: ‘¡Son amigos!’. Los aldeanos les habían acogido calurosamente, pero los mercenarios iban de casa en casa disparando a una persona tras otra. Cuando llegamos al pueblo, los habitantes de Berxbotan nos mostraron dónde se escondían los mercenarios, y con la ayuda de los aldeanos, todos los mercenarios fueron eliminados”.

Barîn agrega que “en la masacre de Berxbotan murieron 233 civiles y al menos 273 resultaron heridos. Esta masacre infligió otra herida a nuestro pueblo, cuyos corazones ya estaban gravemente heridos por la guerra por Kobanê. Esto ocurrió en un momento en que las heridas existentes apenas empezaban a cicatrizar. Algunas familias habían perdido a sus hijos e hijas tanto en la resistencia en Kobanê como en esta masacre”.

“Siendo hijos de este pueblo, podíamos entender muy bien el dolor y la alegría de las madres y los padres –asegura la combatiente-. Nuestros corazones habían sido heridos con los corazones de la gente. No pudimos proteger al pueblo a tiempo. Una autocrítica a la masacre de Berxbotan sólo fue posible a través de la realización de los sueños de libertad del pueblo de Kobanê”.

La lucha por Sirîn

En su relato, Barîn indica: “La lucha continuó con la liberación de Sirîn. Yo participé en ella. Avanzamos paso a paso. El enemigo hizo todo lo posible para ganar tiempo y obstaculizar nuestro avance. Las trampas explosivas eran las más utilizadas. El lugar donde nos encontrábamos estaba sembrado de restos de minas desactivadas”.

“Avanzábamos día a día. Nuestros pasos eran cuidadosos porque los alrededores estaban llenos de minas –recuerda-. Al pasar una mina tras otra, me llamó la atención una que tenía delante. Al pasarla, vi un cable fino de color tierra. Cuando me volví para avisar a mis amigos y amigas, uno de ellos chocó con el cable y las minas explotaron una tras otra. Ya no podía abrir los ojos. En cuanto me llevé la mano al ojo, se me humedeció. Cuando desperté, estaba en el hospital. Habían pasado cuarenta días y había perdido los dos ojos. El polvo y el humo de la explosión me ocultaban en la oscuridad”.

FUENTE: NûjiyanAdar / ANF / Edición: Kurdistán América Latina

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