Estambul: Cultura de la solidaridad en la pandemia

Una iniciativa en Estambul se centra en la solidaridad en lugar de la caridad en la pandemia. El gobernador ha prohibido la distribución de alimentos en las calles. La Red de Solidaridad pide que las personas sin hogar se alojen en centros deportivos.

En el barrio de Kadiköy, en Estambul, surgió una red solidaria al comienzo de la pandemia de Coronavirus que, entre otras cosas, distribuye comidas calientes en la calle. La distribución de alimentos fue prohibida por la oficina del gobernador de Estambul a mediados de enero. El activista Rahim Noz condena la prohibición y pide que se abran los gimnasios a los sin techo.

La Red de Solidaridad se fundó en marzo del año pasado. Rahim Noz explica que al principio sólo pretendía ser una ayuda para las compras de las personas del grupo de riesgo de la tercera edad. Con el tiempo, el grupo objetivo se amplió: personas sin hogar, inmigrantes, niños, trabajadores sanitarios. Cuando se impuso el primer toque de queda, se creó una comisión para personas que padecen el hambre y se empezaron a servir comidas calientes en la calle.

“Hemos creado seis o siete comisiones dentro de la Red de Solidaridad que trabajan en diferentes áreas. Hay un consejo de deportes y una comisión que distribuye juguetes y libros para los niños. Nuestro objetivo era promover la solidaridad entre las personas, frente a la lógica de la caridad. Por ejemplo, proporcionamos máscaras y ropa de protección a los trabajadores del sector sanitario. Esta labor no se limitó a Estambul; enviamos material a los hospitales públicos de siete provincias de Turquía”, explica Noz.

El número de voluntarios pasó de 25 a 3.000

Junto con las recientes restricciones de la pandemia, la red ha distribuido paquetes de alimentos a los necesitados. La necesidad es grande, ya que muchas personas han perdido sus ingresos. Entre otros, se proporcionan alimentos a los recolectores de papel y a los trabajadores inmigrantes. Noz cuenta que la solidaridad ha tenido una gran respuesta por parte de la sociedad. En los últimos diez meses, sólo en Kadiköy el número de colaboradores ha pasado de 25 a 3000. Esta labor ha surtido efecto también en otras ciudades, y se han fundado iniciativas similares en muchos lugares.

La gente se muere de hambre y de frío

La red ha buscado espacios para alimentar a los sin techo durante el invierno. En lugar de proporcionar habitaciones, el gobernador prohibió la distribución de alimentos en la calle. “Un día después de la prohibición, Sami Babacan, que vivía en la calle en Kadiköy, murió congelado. En lugar de prohibir la distribución de comidas calientes, deberían abrirse gimnasios”, exige Rahim Noz.

Ataque a la cultura social de la solidaridad

La comida es cocinada por voluntarios en apartamentos y empaquetada higiénicamente para su posterior distribución en la calle. Rahim Noz señala que la distribución continúa a pesar de la absurda prohibición. Tras la muerte de Sami Babacan, la red inició una campaña en Internet para el alojamiento de personas sin hogar en pabellones deportivos. “¿Dónde están las autoridades cuando la gente muere en la calle de hambre y frío?”, se pregunta Noz, y añade: “La prohibición va abiertamente en contra de la cultura de la solidaridad en la sociedad. En la pandemia, se supone que la gente debe mantener las distancias y convertirse en extraños entre sí. Contra esto, hemos tejido una red de solidaridad. Seguiremos ampliándola. Podemos mantener la distancia y seguir llevando nuestras relaciones sociales a un nivel superior. La prohibición pretende distanciar a la gente entre sí, pero no cabe duda de que seguiremos repartiendo comida por las tardes y mostrando solidaridad con los que la necesitan”.

ZEYNEP KURAY -ESTAMBUL

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