Kurdistán: la invasión de la que nadie va a hablar

El domingo pasado, el ministro de Defensa de Turquía, Hulusi Akar, anunció que su país había lanzado ese mismo día la Operación Garra Cerrada contra diferentes zonas de Bashur (Kurdistán iraquí), con el único objetivo de golpear a las fuerzas guerrilleras del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). La insurgencia kurda, con más de cuarenta años de lucha, tiene sus bases en las montañas de Qandil, un extenso territorio liberado que es la frontera natural con Irán.

La razón del gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan para este ataque masivo, violando las leyes internacionales sobre soberanía territorial, es la misma de siempre. El ministro Akar la repitió para despejar dudas: “Estamos decididos a salvar a nuestra noble nación de la desgracia del terrorismo que ha castigado nuestro país durante 40 años. Nuestra lucha continuará hasta que el último terrorista haya sido neutralizado”.

Desde 2018 –como mínimo-, las fuerzas aéreas turcas realizan incursiones y bombardeos sobre Bashur, con el beneplácito no sólo de la administración central de Bagdad, sino también con la venia del Gobierno Regional de Kurdistán (GRK), liderado desde su creación en 2003 por el Partido Democrático de Kurdistán (PDK), el brazo político del clan Barzani. Este nuevo intento de invasión se produce dos días después que el primer ministro del GRK, Masrour Barzani, se reunieran en Estambul con el propio Erdogan.

En muchas ocasiones, los ataques kurdos contra las bases de la insurgencia son acompañados por incursiones terrestres de los Peshmerga, las fuerzas militares kurdas que dependen del GRK. El PDK, nacido en la década de 1950 al calor de las luchas nacionalistas que cruzaban todo Medio Oriente, en la actualidad es una organización de derecha que tiene a Ankara, Tel Aviv y Washington como sus principales aliados.

Las incursiones turcas sobre Bashur se sostienen, entre otras cosas, por el silencio de las potencias mundiales y regionales, que mantienen una política de “diplomático equilibrio” con el gobierno de Erdogan. Turquía es uno de los países donde Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea (en especial, Alemania) privilegian los grandes negocios armamentísticos por sobre la vida de las personas.

En esta ocasión, la invasión fue lanzada con aviones de guerra, drones, helicópteros, artillería y comandos y fuerzas especiales terrestres. En los otros intentos encabezados por Turquía, las guerrillas de las Fuerzas de Defensa Popular (HPG) y las Unidades de Mujeres Libres (YJA-Star) opusieron una dura resistencia a los ataques. También, en 2021 y 2019, Ankara utilizó armas químicas contra los y las milicianas kurdas, por lo cual la insurgencia y las instituciones kurdas en Europa denunciaron esta situación ante la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por supuesto, no obtuvieron ninguna respuesta.

Al cierre de la edición de esta nota, el gobierno turco todavía no había anunciado cifras concretas tras los primeros ataques. Por su parte, el centro de prensa de las HPG difundió un comunicado detallado sobre lo ocurrido el lunes. La guerrilla kurda detalló que “sólo en los últimos cuatro días, nuestros territorios han sido bombardeados 147 veces por aviones de combate (turcos), y ha habido innumerables ataques con obuses desde tierra. En el espacio aéreo, los vuelos de los drones armados y de los aviones de combate siguen teniendo lugar sin interrupción”.

Las HPG puntualizaron que “la primera oleada de ataques contra las regiones de Avaşîn y Zap fracasó debido a la resistencia de nuestras fuerzas, que se llevó a cabo con gran sacrificio. En las acciones de nuestras fuerzas, hasta ahora fueron castigados 28 invasores, nueve invasores fueron heridos y dos helicópteros de ataque fueron alcanzados. La resistencia heroica de nuestras fuerzas y las batallas continúan en forma masiva”.

Desde Europa, varias organizaciones kurdas se pronunciaron ante los nuevos ataques. El Congreso Nacional de Kurdistán (KNK), con sede en Bruselas, denunció que mientras Erdogan “está tratando de desempeñar el papel de mediador en la guerra de Ucrania y presentarse a sí mismo como un pacificador, ahora ha lanzado una renovada ofensiva militar a gran escala contra el Kurdistán del Sur”, en una nueva campaña de sus fuerzas armadas “para invadir, despoblar y ocupar más el área”.

“Una vez más, el verdadero rostro de Erdogan, el de agresor y ocupante, se puede ver en Kurdistán –alertaron desde el KNK-. Una política de negación y guerra contra el pueblo kurdo es un principio central del Estado turco y el liderazgo de Erdogan. Sus esfuerzos transparentes para actuar como mediador en el escenario interno solo sirven para distraer la atención del papel destructivo que sigue desempeñando en Turquía, Kurdistán y en toda la región en general”.

Los ataques turcos contra Bashur se suman a las permanentes incursiones militares en Rojava (Kurdistán sirio), con las cuales Erdogan y sus ministros intentan desbaratar el proyecto político y social encabezado por el Movimiento de Liberación de Kurdistán y otras organizaciones que representan a los diferentes pueblos de Siria, como árabes, armenios, asirios, turcomanos, etc. 

Cuando todos los ojos mediáticos están observando la guerra en Ucrania, Turquía aprovecha nuevamente para forzar una nueva masacre contra el pueblo kurdo. El despliegue militar del gobierno de Erdogan en Medio Oriente y en algunas regiones de África pasa desapercibido para los más importantes líderes mundiales. Con esta postura que mezcla pasividad y complicidad, Estados Unidos, Rusia, China y Europa dejan que Erdogan aplique una clara política de expansión territorial y de opresión a las minorías étnicas, no solo dentro de Turquía.

Con el correr de los días, los ataques turcos contra los kurdos de Bashur se van a esfumar. Es más, este lunes las agencia de noticias internacionales apenas reportaron lo que sucedía, siempre dando prioridad al relato construido desde Ankara. Hasta la latinoamericana Telesur “informaba” sobre los bombardeos turcos haciéndose eco del discurso oficial turco.

Como viene sucediendo desde hace años, las fuerzas turcas apuntarán sus bombas con el único objetivo de causar la mayor destrucción posible en Bashur. No importa si esa destrucción caiga sobre guerrilleros o civiles. Las últimas operaciones militares turca de gran envergadura tuvieron resultados escasos: los soldados turcos apenas pudieron instalarse en puestos militares que son asediados constantemente por la guerrilla. Del lado del PKK, la voluntad de resistencia es clara. A lo largo de los meses, los y las comandantes de la insurgencia reiteraron que están capacitados para resistir y golpear, una y otra vez, a las tropas de Erdogan. La larga historia del pueblo kurdo demuestra que la voluntad por existir es mucho más fuerte que las cientos de toneladas de bombas con las cuales el presidente turco pretende derrotar a la guerrilla y a la población que la respalda.

FUENTE: Leandro Albani / Revista Sudestada

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