La sociedad matriarcal comunal: el retorno necesario a la base de la resistencia social

“Considerar la sociedad matriarcal comunal como patrimonio vivo de la humanidad puede ayudarnos a desarrollar una imagen más realista del mundo emocional y del pensamiento de nuestras respectivas sociedades. Sobre esta base, pueden ser comprendidas mejor las derrotas de la resistencia social y se pueden tomar las decisiones apoyadas en las políticas correctas  para la liberación de nuestra sociedad en el siglo XXI.”

Recientemente, en una entrevista con la revista Jacobin, la filósofa estadounidense Nancy Fraser reflexionó sobre los fundamentos de nuestra forma de vida actual, que podrían ser útiles como base para un futuro libre. Refiriéndose al trabajo de los representantes de la Escuela de Frankfurt, dijo: “Se creía que había algo en la historia y la sociedad moderna europea que valía la pena preservar, ya fuera la libertad individual, la ciencia, la democracia o cualquier otra cosa. Y también se creía que el capitalismo estaba distorsionando o pervirtiendo estos logros. Y es por eso que la gente comenzó a pensar en cómo el potencial emancipador de la modernidad podría realizarse en una sociedad post-capitalista. Y fue bueno que cada uno lo hiciera, siempre que se escapara del eurocentrismo y otros inconvenientes que no se abordaron realmente en ese momento”(1). Lo que es más interesante sobre la breve sugerencia de Fraser, de que el presente conlleva un potencial emancipatorio que podría ser útil para construir una vida libre, es ese “algo más”.

Con la rápida aceleración de la crisis de la modernidad capitalista a raíz de la pandemia del Covid-19, el colapso del equilibrio ecológico y la guerra en Ucrania, la cuestión de un modo de vida no capitalista está siendo discutida hoy con más urgencia que la de hace apenas unos pocos años. Las respuestas dominantes que se encuentran entre debates de las fuerzas democráticas van desde el resurgimiento de ideas como el marxismo-leninismo en forma de nuevos grupos comunistas con un rápido crecimiento, hasta campañas a pequeña escala sobre, por ejemplo, cuestiones ecológicas, democráticas o feministas, hasta incluso la desesperanza total. Queremos tomar un camino diferente en este momento, en la convicción de que el paradigma de la modernidad democrática desarrollado por el líder y pensador kurdo Abdullah Öcalan contiene la profundidad histórica necesaria, claridad sociológica y valiente cultura política de resistencia que necesitamos para superar la modernidad capitalista. Porque con su análisis diferenciado de la realidad social pasada y presente, el paradigma de la modernidad democrática nos proporciona las herramientas necesarias para desarrollar la organización adecuada, programa, estrategia y tácticas políticas para construir la Modernidad Democrática como alternativa al sistema capitalista-estatal en nuestro contexto socio-histórico particular.

Así, donde Nancy Fraser todavía está hablando de “algo más”, ya estamos en condiciones de nombrar más claramente el potencial emancipatorio de nuestro presente -y por lo tanto, de nuestro pasado. Con su observación sobre que la “sociedad matriarcal comunal” es una especie de célula madre de las formas de vida de hoy, Abdullah Öcalan ya nos dio hace años una categoría histórico-sociológica muy útil. Con su ayuda, podemos entender mejor de dónde saca su fuerza la resistencia social y, en consecuencia, desarrollar formas prometedoras para las luchas y el trabajo de las fuerzas democráticas necesarias hoy -movimientos de mujeres, organizaciones juveniles, movimientos ecológicos, comunidades culturales, partidos, sindicatos, etc.

La dinámica del desarrollo social

Quien quiera comprender su sociedad, incluyendo su mentalidad, su mundo emocional y sus reflejos prácticos, debe recurrir a su historia y sociología propias, así como a la historia del desarrollo social humano en general. La lucha por la libertad de Abdullah Öcalan y el Movimiento por la Libertad del Kurdistán, que se viene desarrollando desde hace más de 50 años, demuestra cuán prometedor es este enfoque.

Desde su discurso en el norte de la ciudad kurda de Elazig, en 1977 (2), que marcó de manera impresionante el despertar ideológico y organizativo del Movimiento de Libertad del Kurdistán en ese momento, hasta sus defensas publicadas en los últimos años, Öcalan se pregunta qué constituye el ser humano en general, para luego dirigirse específicamente a la naturaleza histórico-sociológica de la sociedad kurda.

Las preguntas iniciales que Öcalan se hace son siempre las mismas: ¿cómo tiene lugar el desarrollo social? ¿Qué dinámica da forma al cambio constante en la vida social? ¿Qué principios básicos determinan la convivencia social? En la forma del paradigma de la modernidad democrática, que presenta en detalle en sus cinco escritos de defensa, Abdullah Öcalan ha hecho sus reflexiones sobre lo que hace que las sociedades convivan pacíficamente, de manera sostenible e igualmente accesible a todos los pueblos de este mundo de una manera holística y coherente. Öcalan ve el esfuerzo de toda sociedad por salvaguardar su existencia como un impulso fundamental del cambio social: “En general, el principal problema de una sociedad (que puede constar de miles de comunidades) es seguir existiendo, preservarse, defender su existencia contra las fuerzas que quieren acabar con su existencia como sociedad. Este es el problema que las sociedades enfrentan siempre y en todas partes” (3). Esto resulta en una búsqueda constante -por parte de cada comunidad humana- de las mejores maneras de asegurar no solo su supervivencia, sino también una vida buena, hermosa y adecuada bajo las condiciones dadas en el tiempo y el espacio.

Cualquiera que recuerde que el Homo Sapiens, como nuestro antepasado más directo, se ha enfrentado precisamente a este desafío durante unos 200.000 años, no se sorprenderá de la variedad ilimitada de respuestas sociales concretas a esta pregunta. Especialmente, desde el surgimiento de las humanidades modernas, ha surgido un corpus inmenso de intentos históricos para explicar y categorizar el desarrollo social. Considerando estos intentos y su traducción en programas políticos, Öcalan subraya la necesidad de un método de análisis correcto: “Las interpretaciones progresistas de carácter lineal, es decir la sucesión de las sociedades primitiva, esclavista, feudal, capitalista y socialista, son demasiado dogmáticas; dicho de otra forma, son idealistas y fatalistas. Es importante señalar que esos tres modos de sociedad no se desarrollan linealmente sino que su funcionamiento se asemeja más a un ión recíproca de los contrarios. Las posiciones que tienen como método tesis, antítesis y síntesis pueden ser un instrumento adecuado para explicar las normas del universo pero, para la naturaleza, sería más adecuada una concepción dialéctica más enriquecedora que reconociera su diversidad y relaciones simbióticas” (4).

Las tres formas fundamentales de la vida social

¿Las tres formas de sociedad? Esta es una distinción que resulta central en el análisis histórico de Öcalan de la vida social y sus propuestas para la liberación de la sociedad derivadas de ella: “La historia conoce tres tipos de sociedad: la sociedad primitiva, la estatal de clases o civilización, y finalmente la sociedad plural y democrática ” (5). En este contexto, Öcalan subraya que su observación no es de naturaleza normativa, sino más bien una observación de los acontecimientos históricos: “Me gustaría afirmar una vez más que no estoy haciendo un descubrimiento cuando hablo del dinamismo de la realidad social, sino que simplemente intento adaptar ese dinamismo universal a la sociedad” (6). Al mismo tiempo, es importante que haga hincapié en que la sociedad de clanes, como la forma más antigua de coexistencia humana, es de suma importancia para todas las formas sociales posteriores: “Es realista considerar al clan como el núcleo sólido de la sociedad. Es la forma más original de la sociedad” (7).

En el curso de su segunda defensa -“La civilización capitalista: la era de los dioses desenmascarados y reyes desnudos”-, Öcalan propone el término “sociedad matriarcal comunal” para describir los valores culturales y materiales que han moldeado la vida social humana durante milenios de años: “Después de largas etapas de desarrollo y gracias a la fertilidad de las tierras en el sistema Taurus-Zagros, se inició la transición a la sociedad Neolítica. Este momento supone la cumbre de la sociedad matriarcal y el inicio de la acumulación de excedentes. Este sistema ha sido denominado por las ciencias sociales de varias formas -orden comunal primitivo, Neolítico, Paleolítico, etapa de salvajismo…- pero, en mi opinión, sería más ilustrativo denominarla sociedad matriarcal comunal, periodo que ha supuesto el 99 por ciento de la historia de la humanidad. No hay que minimizar este hecho” (8).

¿Características de la sociedad matriarcal comunal?

¿Cómo era o es exactamente la “sociedad matriarcal comunal”? No es de extrañar que las mujeres desempeñen un papel decisivo en esta forma de vida social: “Esta forma de sociedad se formó o se agrupó en torno a la ‘madre-mujer’, bajo la influencia de las condiciones biológicas, pero su práctica social tenía mucho más peso. La estructura etimológica de las primeras lenguas con sus afijos femeninos confirma este hecho. No debemos pasar por alto el carácter matriarcal de la sociedad. Es importante considerar a la madre-mujer no como un jefe, como una autoridad, sino como un centro de poder ‘administrativo’ natural debido a su experiencia de vida y la crianza de los hijos. Una vez que comenzó el orden de sedentarismo en viviendas, el papel y el atractivo de la ‘madre-mujer’ como centro creció aún más” (9).

Öcalan describe la sociedad matriarcal comunal como una forma de convivencia que tiene características lingüísticas específicas, valores culturales y condiciones materiales. La distribución de los excedentes producidos socialmente, la naturaleza temporal del mercado, la ciudad y el comercio, y su propia comprensión de la moralidad son solo algunas de sus características. Esto también se traduce en el reflejo social de la sociedad matriarcal comunal de tomar constantemente medidas contra la división de las personas en clases. Una gran apertura al cambio y la transformación, así como un uso sostenible de todos los recursos a su disposición, caracterizan la vida social. Öcalan resume las características básicas de la sociedad matriarcal comunal como forma de vida “en el que el principio moral y político juega el papel más importante, las clases apenas encuentran posibilidad de surgir, por lo que el poder y los aparatos estatales no pueden imponer su violencia o su reconocimiento mutuo a través del consenso, y en el que la unidad en la diferencia, la igualdad y la libertad existen como características tanto de la individualidad (no del individualismo) como de la sociabilidad” (10).

La dicotomía de la cultura comunal, matriarcal y patriarcal

Incluso hoy en día, muchos de estos aspectos todavía se pueden observar en la vida cotidiana de una amplia variedad de sociedades. Al mismo tiempo, a menudo tenemos que observar que en muchos lugares una cultura jerárquica y estatal ha desplazado fuertemente los valores y prácticas de la sociedad matriarcal comunal. Öcalan también hace esta observación como un punto de partida importante para sus reflexiones: “No habrá pasado desapercibido que al hablar de ‘civilización’ no nos estamos refiriendo al positivo progreso ético de la sociedad, sino a su degeneración como sistema y a la represión. La sociedad civilizada supone un gran retroceso respecto a los valores éticos de la antigua sociedad matriarcal comunal” (11). Usando epopeyas sumerias como la Epopeya de Gilgamesh y mitologías como la de Inanna y Enki, pero también características lingüísticas como la palabra sumeria Amargî (libertad), Öcalan trata de rastrear cómo pudo haber ocurrido este desplazamiento: “Esta leyenda es más antigua que la Epopeya de Gilgamesh y habla de la lucha entre el orden o sociedad matriarcal comunal, y la sociedad jerárquica patriarcal (la sociedad de transición a la civilización). Queda bastante claro que este proceso ha sido injusto y bajo lucha constante” (12).

De esta lucha milenaria, en la que el orden social comunal y matriarcal está sometido a ataques cada vez más severos, sistemáticos y finalmente exitosos por parte del sistema jerárquico-patriarcal, surgen dos nuevas formas de sociedad: por una parte, la sociedad de clases o la sociedad civilizada y, por otra, la sociedad democrática-plural, a la que Öcalan llamaría posteriormente únicamente sociedad moral-política. Öcalan asume que esta división de la realidad social, cargada de tensiones, es una razón importante para los conflictos, pero que también ha dado lugar a muchos de los desarrollos en el mundo desde entonces: “Los ardientes debates que se dan en los consejos de personas ancianas son el eco de los pasos de la sociedad democrática y uno de sus primeros reflejos. Teóricamente, se podría decir que la transición a la sociedad civilizada se solapa con la transición a la sociedad democrática; es un dilema que viven todas las sociedades en esta etapa: sociedad democrática-sociedad civilizada, más concretamente el dilema entre democracia y Estado. Allá donde hay Estado existe un problema de democracia y donde hay democracia existe el riesgo de que se transforme en Estado. Igual que la democracia no es una forma estatal, el Estado no puede ser democrático. Hay que tener mucho cuidado al relacionar ambos términos” (13).

Huellas vivas de la “sociedad matriarcal comunal”

Sin embargo, de acuerdo con el mencionado entendimiento de la dialéctica, Öcalan no entiende la sociedad matriarcal comunal como un evento histórico que ha pasado hace mucho tiempo. Más bien, nos recuerda repetidamente que las raíces de lo que hoy entendemos como una forma hermosa, buena y correcta de unión social se remontan a los comienzos de la sociedad matriarcal comunal, es decir, decenas de miles, incluso cientos de miles de años de antigüedad: “Otro hecho importante que tenemos que tener en cuenta es que ambas nuevas sociedades tratan de construir sobre la sociedad comunal. La sociedad comunal, como la hemos definido, todavía existe en todos los tejidos de las sociedades, aunque solo sea como remanente. Puesto que es indispensable para la especie humana, también podemos suponer y confiar que siempre seguirá existiendo. Esta sociedad tiene la calidad de una ‘célula madre’. Así como las células madre construyen varios tejidos corporales y los reparan cuando es necesario, la sociedad comunal sigue existiendo de manera similar en todas las sociedades hermandadas. El hecho de que insisto en que la sociedad comunal no ha desaparecido ni desaparecerá, que sigue existiendo en las sociedades democráticas y civilizadas nacidas de ella, en medio de conflictos, tensiones y a veces compromisos, tiene causas y consecuencias significativas” (14). Considerar la sociedad matriarcal comunal como patrimonio vivo de la humanidad puede ayudarnos a desarrollar una imagen más realista del mundo emocional y del pensamiento de nuestras respectivas sociedades. Sobre esta base, pueden ser comprendidas mejor las derrotas de la resistencia social y se pueden tomar las decisiones apoyadas en las políticas correctas  para la liberación de nuestra sociedad en el siglo XXI.

Política democrática para el siglo XXI basada en la sociedad matriarcal comunal

En sus respectivos contextos sociales, las fuerzas democráticas de este mundo siempre se enfrentan al desafío de desarrollar las formas más adecuadas de lucha por la liberación de su sociedad del poder, el patriarcado y el Estado. Dependiendo de las circunstancias en las que se encuentren, encuentran diferentes respuestas a qué tipo de organización, programa, estrategia y táctica son necesarias. El paradigma de la modernidad democrática puede servir aquí de base útil, pero su traducción y aplicación a las condiciones concretas de cada sociedad es y sigue siendo responsabilidad de las diversas fuerzas democráticas de este mundo.

La referencia de Öcalan al hecho de que las raíces de los valores sociales más fundamentales como la democracia, la libertad y la igualdad tienen muchos miles de años de antigüedad y comenzaron en forma de la sociedad matriarcal, es una ayuda muy importante en un momento de búsqueda urgente de respuestas a la crisis de la modernidad capitalista. Para recordar los valores, la cultura y la práctica de esta forma de sociedad puede ayudarnos a determinar correctamente la meta, las herramientas y las formas de nuestra lucha hoy. Aquellas personas que conscientemente se refieren a la tradición social del comunalismo y la matrifocalidad, elegirán formas específicas de lucha. Esta perspectiva conlleva un tipo de lucha social mucho más holística, sensible y sostenible que una orientación hacia las luchas de clases puras o la resistencia anarquista a pequeña escala. Porque si el poder de la vida social ha estado escondido en la organización comunal y matricéntrica de la vida humana durante unos 200.000 años, es precisamente en estos principios que las fuerzas democráticas deben fortalecerse en todas partes en sus respectivas sociedades y oponerse con confianza a la cultura estatal del individualismo, la búsqueda de ganancias y la monopolización del poder. Siempre y en todas partes tendremos que preguntarnos cómo la cultura comunal matriarcal puede ser implementada bajo las condiciones concretas de nuestra sociedad y convertirse en una alternativa fuerte. ¿Cómo se puede hacer esto mejor en el campo y cómo en los vastos espacios urbanos del siglo XXI? ¿Qué huellas de vida matriarcal comunal podemos encontrar en las diferentes regiones y culturas de nuestra sociedad, y cómo podemos defenderlas o fortalecerlas? ¿Qué requisitos previos aportan los rasgos predominantes de personalidad de nuestra sociedad a la vida comunal-matriarcal?

Las fuerzas democráticas que basan su lucha por la libertad, la democracia y la igualdad en el patrimonio histórico de la sociedad comunal matriarcal, pronto se darán cuenta de que a través de un análisis histórico-sociológico más adecuado de su sociedad pueden mejorar su auto-identidad, cuestionando críticamente las derrotas en su propia historia de resistencia y así desarrollar formas más prometedoras de organización, programa, estrategia y táctica. De esta manera, estarán en mejores condiciones de cumplir con la responsabilidad de hacer política con éxito para sus respectivas sociedades y la humanidad en el siglo XXI.

Notas:

1. https://jacobin.de/artikel/nancy-fraser-intersektionalitat-beschreibt-etwas-aber-erklart-nichts-kapitalismus-feminismus-ausbeutung/

2. En dicho discurso, Abdullah Öcalan analizó, sobre la base del paradigma marxista-leninista, las relaciones capitalistas globales de dominación, las relaciones colonialistas resultantes en Kurdistán, la historia y luego la presencia social de Kurdistán, la cuestión de la lucha de liberación nacional en Kurdistán y la construcción de un movimiento revolucionario. Este fue un paso importante para el movimiento de libertad del Kurdistán, que todavía estaba en proceso de formación en ese momento.

3 – 9. Abdullah Öcalan, Civilización Capitalista: La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. Manifiesto por una civilización democrática. Todas las notas se encuentran en el capítulo “Factores del nacimiento del capitalismo”, pág. 122 – 126 .

10. Abdullah Öcalan, Sociology of freedom. Manifesto of Democratic Civilisation. Volume III, p. 322

11 – 14. Abdullah Öcalan, Civilización Capitalista: La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. Manifiesto por una civilización democrática. Todas las notas se encuentran en el capítulo “Factores del nacimiento del capitalismo”, pág. 128- 132.

FUENTE: Arif Rhein / Academia de Modernidad Democrática

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