Articulación, libertad y revolución

En la historia, las mujeres hemos sido parte indispensable de las luchas por la liberación de los pueblos, de las y los trabajadores, por mencionar algunos ejemplos. Desafiamos al sistema y confrontamos las jerarquías de poder impuestas durante años. Alessia Dro, representante del Movimiento de Mujeres de Kurdistán en Latinoamérica, compartió con laCuerda algunas experiencias adquiridas durante la lucha de su pueblo en la defensa no sólo del territorio físico, sino también en su “conexión cultural, espiritual e ideológica”, para tejer alianzas con otras mujeres.

Kurdistán se ubica en el Medio Oriente y está dividida artificialmente por las fronteras de cuatro estados: Turquía, Siria, Irak e Irán. Un pueblo con alrededor de 45 millones de personas que resiste frente a las opresiones del sistema patriarcal y capitalista, mientras construye nuevas formas de organización social.

En 2011, en medio de una guerra de poder, las mujeres decidieron tomar la vía de la autonomía democrática y de las alianzas entre pueblos, más allá del Estado-nación, y crearon un sistema basado en el confederalismo democrático, vinculando a 12 pueblos que coexisten en el área.

-¿Cuáles son los posicionamientos del Movimiento de Mujeres de Kurdistán?

-Cuando vamos a ver la historia de Kurdistán, planteamos que no está hecha por una sola corriente, sino por dos. Un río es el de la civilización democrática y el otro, de la civilización hegemónica y central. Los pueblos y las mujeres están reescribiendo su historia desde el río de la liberación, sin guerra, estados, poderes o fronteras.

La lucha de las kurdas se ha convertido en una referencia de alternativas para la organización. Tiene que ver con la posibilidad de una articulación equilibrada entre lo local y lo global, relacionada con la deconstrucción del pensamiento patriarcal hecho fronteras. El Movimiento de Mujeres de Kurdistán ha confrontado todos los términos con los cuales se han dado, en la historia, las luchas de liberación nacionales.

Vemos que muchas veces en estas insurrecciones el eje es la independencia, como éxito final, pero acá hablamos de un sistema de organización de democracia directa, sin Estado. Todo este movimiento es revolucionario; la forma en que las kurdas lograron, desde sus contextos, ver los vínculos entre el patriarcado, el Estado-nación, el capitalismo y el colonialismo; comprender que cada una de ellas no puede ser analizada sin la otra. Eso es uno de los aportes fundamentales de este movimiento.

Además, protagonizaron la derrota del Estado Islámico (ISIS), enfrentado por una fuerza ideológica de mujeres, que plantean como centro de la liberación social la libertad de las mismas mujeres. Fue éste uno de los valores con los que ganaron contra el fascismo despótico, patriarcal y capitalista del ISIS.

Vemos procesos que terminaron en la formación, en 1993, de fuerzas de protección femenina autónoma, que siguen organizadas desde la montaña y que tuvieron el rol de despatriarcalizar y descolonizar el concepto de autodefensa, fuera del militarismo y del patriarcado, sino como autoorganización en todos los ámbitos de la vida y de la sociedad. Es por eso que muchas somos conscientes de lo que significa la autodefensa en términos de organización y libertad. Significa sociedades libres, bajo una economía no capitalista; salud afuera de una hegemonía de control de cuerpos normalizada por el régimen patriarcal y heteronormativo.

En fin, las kurdas han venido elaborando alianzas con los procesos revolucionarios mundiales de mujeres, abriendo un nuevo curso a la historia.

-¿Cuáles han sido las discusiones con otras corrientes de pensamiento, con mujeres diversas?

-Durante un encuentro que hicimos en Frankfurt, Alemania, nos dimos cuenta la fuerza desde la que hablan las mujeres. Ninguna se expresó desde una dimensión de victimización o de una simple visión para constatar los problemas sufridos; al contrario, hablaron desde la fuerza de sus procesos colectivos alcanzados y acumulados en la historia. Esto nos hizo ver que estamos en un periodo de levantamiento planetario de las mujeres, pero también nos hizo reflexionar cómo fortalecer nuestras alianzas.

Hemos analizado, además, cómo el Estado-nación es un sistema intrínseco de cientifismo, religionismo, estadismo y militarismo, y cómo, si queremos pensar en una nueva sociedad, debemos sacarla de estos cuatro pilares. Además, ver con claridad la relación entre el patriarcado y el Estado para nosotras es la clave que puede hacernos avanzar en una transformación social.

-¿Qué similitudes han encontrado entre la lucha kurda y los movimientos en Latinoamérica?

-La memoria ancestral comunitaria; pensar cuáles son los métodos para la recuperación del saber. Todo esto está conectado a la creación de una sociedad alternativa. Construir desde lo vivencial. Los movimientos de América del Sur y de Mesoamérica han sido muy inspiradores. Desde el eje de la civilización democrática, estamos construyendo con más fuerza. Queremos aprender de todas, fortalecer nuestros posicionamientos y desafiar al sistema en el que vivimos, creando nuevas alternativas.

-¿Cuál es el mayor reto para los movimientos de mujeres?

-Hacer posible una nueva dimensión de articulación internacional de la lucha. Lo que más nos desafía es pensar en la solución a la modernidad capitalista a partir de las experiencias de las mujeres, más allá de las fronteras. Este es un reto que se adjudicaron las mujeres desde la acumulación histórica de los logros revolucionarios que tuvieron lugar en la Federación Democrática del Norte de Siria y que tienen potencial para ser aplicados en otras latitudes.

Debemos fortalecernos, definir que solidaridad no es sólo apoyarnos con la palabra sino defendernos mutuamente; tener más confianza las unas a las otras. Nos estamos llenando de nuevas fuerzas.

FUENTE: La Cuerda / Fecha original de publicación: 6 de enero de 2020

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *