El mundo celebró la lucha de las mujeres kurdas contra ISIS. Ahora, guarda silencio mientras son violadas y torturadas

Ha pasado un año desde que asesinaron a la política kurda Hevrin Khalaf en una carretera del noreste de Siria. La mujer de 34 años fue arrastrada por el pelo, vapuleada y asesinada a tiros por mercenarios. Más tarde, las fotos de su cadáver mutilado aparecieron en las redes sociales y muchos lo consideraron un claro mensaje de las fuerzas respaldadas por Turquía en la región: éste es el precio que pagarán las mujeres kurdas que han luchado por la liberación.

“Fueron días muy difíciles”, dijo a Haaretz Evin Swed, portavoz de Kongra Star, una federación de organizaciones de mujeres en el enclave kurdo, al reflexionar sobre la muerte de su amiga. “Y la situación no ha hecho más que empeorar desde entonces”, añadió. “Apenas pasa un día sin que tengamos noticias de secuestros, violaciones, matrimonios forzados y asesinatos de mujeres”, aseguró Swed desde la ciudad fronteriza de Qamishlo.

Una reciente comisión de investigación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU enviada a Siria puso de manifiesto el aumento de la “violencia sexual y de género contra mujeres y niñas” durante el primer semestre de 2020. El informe documentaba que al menos 30 mujeres de la ciudad kurda de Tal Abyad habían sido violadas solo en el mes de febrero.

“Un ex juez confirmó que combatientes del Ejército Nacional Sirio (ENS) habían sido acusados de violación y violencia sexual llevadas a cabo durante redadas en viviendas de la región. Sin embargo, ninguno de ellos había sido condenado, sino que habían sido puestos en libertad al cabo de unos días”, señalaba el informe.

Desde 2019, las mujeres kurdas de la región se han enfrentado a “actos de intimidación” por parte de soldados sirios, “lo que ha engendrado un clima de miedo generalizado que, de hecho, las ha confinado en sus hogares”, agregó el informe de la ONU.

“La vida pública de las mujeres en la región se ha vuelto insoportable”, resumió Dilar Dirik, activista kurda e investigadora de la Universidad de Oxford.

Los secuestros de mujeres se han vuelto tan habituales que el Proyecto Mujeres Desaparecidas de Afrin creó una página web a principios de 2018 para hacer un seguimiento de las denuncias de desapariciones en la ciudad de Afrin. Se registraron seis mil secuestros desde mayo de 2018, entre los que se encontraban los de mil mujeres, según detalló un informe de Kongra Star de agosto.

“Deshonrar” a las mujeres

En los días posteriores a la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de retirar las tropas del noreste de Siria el pasado mes de octubre, las fuerzas respaldadas por Turquía irrumpieron en el enclave kurdo con el objetivo declarado de crear una “zona segura” de 30 kilómetros a lo largo de la frontera con Turquía. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, estaba decidido a despejar la zona, que describía como un foco de terroristas ligados al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (también conocido como PKK), que tanto Turquía como Estados Unidos califican de grupo terrorista.

Para los cientos de miles de kurdos que viven en los aproximadamente 100 kilómetros que se extienden desde Ras al-Ayn hasta Tal Abyad, la realidad se ha convertido en una pesadilla diaria. El estruendo de los ataques aéreos, los bombardeos y las explosiones de vehículos se han convertido en norma. Aún siguen llegando denuncias de secuestros, violaciones, torturas y asesinatos en las filas de grupos locales pro derechos humanos. Se dice que el Estado Islámico (ISIS) aprovecha este vacío de poder y, al parecer, está resurgiendo en la región.

Swed alegó que las fuerzas turcas “atacan especialmente a las mujeres, cosa que quedó patente en el brutal ataque a la mártir Khalaf”. A lo largo del año transcurrido desde su asesinato, incidentes de grave violencia contra las mujeres se han convertido en una campaña en toda regla de agresiones sexuales y asesinatos selectivos de destacadas figuras femeninas, como denuncian activistas y funcionarios kurdos.

En junio, por ejemplo, un supuesto ataque turco con drones mató a tres mujeres. Entre ellas, a Zehra Berkel, conocida activista por los derechos de las mujeres, en el pueblo de Helincê, a las afueras de Kobane. “Con sus ataques a políticas y pioneras, el Estado turco pretende minar nuestra esperanza y nuestra voluntad”, aseguró la hermana de Zehra Berkel, Delia Berkel, en un mensaje de vídeo posterior. “No le daremos al enemigo el placer de decir que ha matado a una mujer o a una política kurda y que así ha destruido el movimiento de las mujeres”, añadió.

Aquel ataque “tuvo una enorme carga simbólica, porque en Kobane fue donde la mayor parte de la gente oyó hablar por primera vez de las combatientes kurdas alzadas en armas contra el Estado Islámico”, dijo Dirik en referencia a las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) que lucharon codo con codo con los hombres de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) que se aliaron con Estados Unidos para combatir el ISIS de 2015 a 2019.

Funcionarios del enclave kurdo de Rojava, al norte de Siria, informaron a Haaretz de que Turquía ataca sistemáticamente a mujeres activistas y políticas que han estado al frente de organizaciones políticas con la excusa de que están “neutralizando a terroristas”. Al parecer, muchas de las víctimas femeninas además han sido mutiladas y las fotos de sus cadáveres se han exhibido en las redes sociales. “Una cosa es matar a alguien en la guerra, pero lo que ocurre aquí es que desnudan los cadáveres de las mujeres, luego lo graban y difunden las imágenes”, alegó Dirik. “Como diciendo: ‘Mirad, estamos deshonrando a las mujeres’”, añadió.

Los autores no son soldados turcos, explicó el profesor Dror Zeevi, del Departamento de Estudios de Oriente Medio de la Universidad Ben-Gurion del Negev, en Be’er Sheva. Más bien, son “yihadistas que se han convertido poco a poco en mercenarios” al servicio de Turquía, afirmó.

Dado el protagonismo de las mujeres kurdas, no solo como políticas sino también como combatientes, “los yihadistas odian todo lo que representan, de modo que es una especie de revancha o venganza”, añadió Zeevi, refiriéndose al empleo de la violencia sexual.

“Una parte del incentivo es el dinero y, otra, es hacer la vista gorda frente a los abusos que se cometen allí”, afirmó Will Todman, miembro asociado del Programa de Oriente Medio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un laboratorio de ideas con sede en Washington. Enviar a facciones islamistas con el gancho de hacerse con un botín de guerra también exime a Turquía de una responsabilidad directa, señaló Zeevi.

Creciente influencia turca

El ascenso del liderazgo femenino en Rojava, como parte de una “revolución feminista” local, ha sido descrito a menudo en los informes de los medios de comunicación internacionales como una de las pocas buenas noticias surgidas de la catástrofe siria. Ahora, sin embargo, dicho avance está siendo amenazado. Las combatientes kurdas, según Dirik, trataron de liberar no solo a las mujeres kurdas sino a todas las mujeres del noreste de Siria y crearon un fuerte sentimiento de sororidad después del trauma del ISIS, pero ahora están siendo aterrorizadas y agredidas de nuevo por la operación militar respaldada por Turquía, detalló.

En ciudades, antes aclamadas como espacios igualitarios en los que cooperaban kurdos, árabes, sirios, armenios, yezidíes, turcomanos, cristianos y otros, ahora ondean banderas turcas en muchos edificios y retratos de Erdogan adornan las paredes. Se ha impuesto un plan de estudios turco en las escuelas y se dice que comandos, con apoyo de Turquía, están instaurando la Sharia (ley islámica), imponen conversiones forzadas, el uso del velo por parte de las mujeres y aplican la segregación de género.

Activistas sobre el terreno, residentes desplazados, la ONU y otros grupos pro derechos humanos afirman que “los idiomas de la región son ahora el turco y el árabe y se han quitado todas las señales en kurdo”, informó a Haaretz Mutlu Civiroglu, analista de asuntos kurdos con sede en Washington. “Cementerios, santuarios y lugares sagrados están siendo destruidos por estos grupos”, añadió, refiriéndose a denuncias de estos grupos, entre los que se incluye el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Todman, por su parte, observó que la región cuenta ahora con “oficinas de correos turcas, señales de tráfico turcas, campus de universidades turcas, la gente cobra en liras turcas y otros casos que muestran los crecientes vínculos entre estas zonas y Turquía. De esta manera, Turquía prepara el terreno para una presencia más prolongada allí. No hay duda de que forma parte de su plan de inserción”. “En cierta medida, también supone tener un rol que jugar en la negociación (sobre) el futuro de Siria”, explicó.

En muchos sentidos, la usurpadora influencia turca tiene una doble vertiente, sostiene Todman. En primer lugar, como parte de un mayor impulso de Turquía para afianzar su influencia en la región (igual que se ha visto en otros lugares como el Iraq kurdo, Libia y, más recientemente, en Nagorno-Karabaj). Y en segundo, es un intento de atenuar el poder de los kurdos, ya que Turquía desde hace tiempo lo considera una amenaza para la seguridad.

“Sunnificación” de la zona fronteriza

Loqman Ehme, portavoz de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), denunció que “la ocupación turca es similar al ISIS”. Según Ehme, las fuerzas con apoyo de Turquía han destruido hospitales, escuelas, estaciones de bombeo de agua y equipamientos agrícolas y se han apoderado de las propiedades de los residentes locales.

En agosto, el flujo de la estación de agua de Allouk, en la provincia de Hasakah, principal fuente de agua de unas 460.000 personas, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU en Siria, estuvo cortado aparentemente durante 10 días. Se trató del octavo incidente de este tipo desde que comenzó la operación militar turca el año pasado, que dejó a decenas de miles de vecinos de Ras al-Ayn sin agua en medio del calor estival y de las crecientes tasas de infección por COVID-19. Turquía alegó que los cortes se debieron a labores de mantenimiento.

Todas estas supuestas tácticas se emplean para “alejar a los kurdos de la frontera”, dijo Nir Boms, investigador del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv. “No se trata sólo de ‘turquificar’ sino de ‘sunnificar’ la frontera norte, para que haya una barrera entre Rojava y Turquía”.

Supuestamente, una combinación de combates y extorsión de propiedades ha provocado ya un cambio demográfico, que Gulistan, un activista kurdo alemán, calificó de “arma para reasentar a familias yihadistas”.

Unos 200.000 residentes de Rojava fueron desplazados el año pasado debido a la operación militar turca, mientras que otros 300.000 fueron desplazados en 2018 durante el asalto turco a Afrin, de acuerdo al Centro de Información de Rojava (RIC), organización dirigida por kurdos.

Según Civiroglu, Boms y Todman, familias de mercenarios se han instalado en lugares donde antes residían kurdos. Aunque algunos kurdos han denunciado una presunta política de limpieza étnica en la región y de sustitución de los kurdos por musulmanes suníes, no hay datos precisos sobre los cambios demográficos de la región. No obstante, analistas kurdos como Civiroglu, expresaron que el sentimiento sobre el terreno es que “el objetivo es borrar totalmente la identidad de los kurdos”.

Mientras no se vislumbra el fin de la operación turca, muchos kurdos que eran miembros de comunas y comités gubernamentales intentan organizarse donde pueden, y algunos órganos de decisión siguen reuniéndose en campos de desplazados.

Hombres y mujeres también han organizado concentraciones y manifestaciones locales, así como movimientos mundiales, como RiseUp4Rojava y Women Defend Rojava, que reclaman la solidaridad internacional con los kurdos.

Todman predijo que, a pesar de la operación militar en curso, la experiencia del “gobierno semiautónomo en el noreste de Siria no habrá hecho más que avivar las aspiraciones kurdas de seguir determinando su propio futuro y de poder gobernarse a sí mismos”. Para el activista kurdo Gulistan, este sigue siendo el único punto brillante en una época oscura: “Lo que no pueden matar ni negar es que el pueblo es realmente político y está dispuesto a todo, lo que significa una enorme fuerza a pesar de la pésima situación actual”.

FUENTE: Shaina Oppenheimer / Haaretz / Traducción: Rojava Azadi Madrid / Edición: Kurdistán América Latina

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