El placer de leer libros kurdos

Ayşe Sadun, de 67 años, dijo que ama la lengua kurda y que su anhelo no ha terminado. “Nuestros hijos y nietos que crecieron con la revolución en Rojava están aprendiendo fácilmente su lengua nativa. Leen, escriben y hablan kurdo. Ahora mis nietos pueden vivir cómodamente lo que yo anhelaba”, aseguró.

Ayşe nació en 1954 en el pueblo de Kuldîman, en Dêrîk. Vive rodeada de naturaleza y recoge hierba para que pasten los animales del pueblo. Concede gran importancia a la agricultura y la ganadería, y está ocupada hasta altas horas de la noche.

Cuando sólo tenía 10 años, también hacía manualidades y aprendió su lengua materna, el kurdo, delante de una lámpara de queroseno por la noche. Debido a la mentalidad monolingüe del régimen de la época, aprendió kurdo a escondidas y, tras casarse, su marido la obligó a dejar de leer.

Ayşe, que hace artesanías como bolsos, chales, botines y carteras con ropa vieja, relató: “Doy mis artesanías a cualquiera que las necesite. Mis vecinos están contentos, y yo me alegro por ello”.

Hablar kurdo en los años 1970

Ayşe explicó que el kurdo es una lengua rica y que, a pesar de todo el trabajo de la vida del pueblo, no descuida el aprendizaje de su idioma. Al afirmar que el poeta Cigerxwîn iba de pueblo en pueblo y explicaba la importancia del kurdo, añadió que enseñó su lengua a su padre, y su padre le enseñó kurdo a ella.

“Mi padre me enseñó primero el alfabeto. Unía las palabras como si fuera un juego. Entonces no había libros. Teníamos un bolígrafo y un pequeño cuaderno. Apenas encontrábamos esos objetos. Si se supiera que estaba aprendiendo kurdo, la presión del régimen hubiera aumentado aún más. Por eso mi padre me enseñaba en secreto”.

La alegría de leer un libro en kurdo

Ayşe señaló que no pudo seguir leyendo y escribiendo después de casarse a los 22 años. “Mi marido no aceptaba que escribiera. Por aquel entonces, recibí el libro de Hemîdê Hecî Derwêş. Quería leerlo, pero mi marido no me lo permitió. Incluso me dijo que nunca me dejaría quedarme con ese libro. En aquella época no se toleraba y era vergonzoso que una mujer leyera o escribiera. Después de aquella discusión, no pude volver a abrir un libro hasta que él falleció. Tras su muerte, en 2003, volví a leer Cigerxwîn y a Hemîdê Hecî Derwêş. Eso fue unos 30 años después de aquella primera vez”.

Ahora mis nietos pueden aprender libremente

Ayşe remarcó que leer y escribir en kurdo es una fuente de alegría, y añadió: “Leer en kurdo es muy agradable. Ojalá pudiera volver a los años de mi infancia y tener las mismas condiciones que tenemos ahora. La educación de nuestros hijos y nietos es en kurdo. Gracias a la revolución de Rojava, ahora tenemos escuelas que imparten educación en kurdo. Tengo 69 años y, sin embargo, sigo queriendo ser profesora de kurdo. Me gusta mucho el kurdo. Ahora, por suerte, mis nietos pueden aprender y hablar libremente su lengua materna”.FUENTE: ANF / Edición: Kurdistán América Latina

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