A 39 años del inicio de la lucha del PKK, una historia de resistencia por la libertad

Como es bien sabido, la ofensiva militar del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) comenzó el 15 de agosto de 1984. Tras años de construcción y muchas discusiones sobre la “solución de la cuestión kurda”, se tomó la decisión de convertirse en una organización que también lucharía con las armas.

Era la respuesta a la colonización estatal, a la negación de la identidad kurda, a la asimilación forzosa y a las crueles prácticas de tortura en las cárceles, tras el golpe militar de 1980 en Turquía, bajo el régimen de Kenan Evren. El “primer disparo” se efectuó entonces en dos pequeñas ciudades del Kurdistán del Norte (Bakur, sudeste turco).

La necesidad de esto fue explicada por Abdullah Öcalan hace 25 años -y mientras estaba, como hasta hoy, encarcelado como rehén por el Estado turco- en su Hoja de ruta para la democratización de Turquía y la solución de la cuestión kurda: “Luchar por la ofensiva del 15 de agosto de 1984 era la única alternativa a la política de negación y aniquilación”.

En el mismo texto, dirigido al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), Öcalan explicó este paso como el punto 10 del marco de principios para la construcción de una nación democrática: “Así como no hay ser vivo que no posea autodefensa, las sociedades democráticas, las entidades más complejas de la naturaleza, no pueden nacer ni seguir existiendo sin autodefensa”.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. El puñado de apoístas en torno a Mahsum Korkmaz (Egîd), dispuestos a luchar también con las armas en la mano, se convirtió en una guerrilla profesional, que todavía resiste los ataques del segundo ejército más fuerte de la OTAN. Como Hêzên Parastina Gel (Fuerzas Populares de Defensa, HPG) y Yekîtiyên Jinên Azad (Unidades de Mujeres Libres, YJA-Star), la insurgencia opera en todas las partes de Kurdistán, protege y defiende las zonas de defensa liberadas de Medya (en Bakur, Kurdistán iraquí) y está presente allí donde los kurdos necesitan ayuda. Los y las combatientes de las HPG y las YJA Star fueron las primeras en llegar a Shengal en salvar a miles de yezidíes de los esbirros del Estado Islámico (ISIS).

La lucha del PKK no es un fin en sí mismo. Se trata siempre de defenderse de los ataques de los ocupantes y sus cómplices. Como un hilo rojo que recorre la historia de la guerrilla, está la prioridad de proteger a la sociedad que se organiza libre y democráticamente en su hábitat natural. Nadie cobra por ello. Quienes viven y luchan en las montañas lo hacen voluntariamente y arriesgando su propia vida.

La historia habla de éxitos, sacrificios y gestas heroicas… y sí, también de derrotas. La larga fila de caídos arde como una herida abierta. Pero a cada Şehîd (mártir) le siguen mujeres y hombres jóvenes que encuentran su camino en las montañas. La mayoría de ellos o sus familias tienen a sus espaldas un largo calvario lleno de represión. Hostigados, acosados y humillados por ser kurdos, prefieren una vida libre en las montañas a una existencia sin dignidad ni perspectivas. ¿Quién puede culparles? ¿Qué otra cosa se puede hacer cuando está en juego nada menos que la defensa de la humanidad?

Pero ahora la Oficina alemana para la Protección de la Constitución se atreve a escribir: “Los vídeos propagandísticos sobre las unidades guerrilleras del PKK pretenden ganar nuevos reclutas para la lucha armada en las zonas de asentamiento kurdas”.

Este “conocimiento” se utiliza luego en los tribunales. De este modo, la judicatura alemana intenta difamar a los presuntos activistas del PKK con procedimientos penales como “terroristas dispuestos a utilizar la violencia” que envían a otros a la guerra. Se muestran vídeos de operaciones de combate para demostrar la afinidad del PKK con el combate militar, a fin de reunir argumentos para condenas posteriores.

En la justicia y la política alemanas, los guerrilleros de la libertad son vistos como meros oponentes militares de un socio amigo de la OTAN. Tu enemigo es mi enemigo. Los ansiosos burócratas enumeran meticulosamente todas las acciones de las HPG y las YJA Star, y suman los heridos y muertos. Al final, afirman desde estas instituciones alemanas que el PKK es una organización que utiliza la fuerza armada, etc.

El derecho a la autodefensa sólo se concede a quienes sirven a los intereses de la hegemonía occidental, como demuestra el ejemplo de Ucrania. Y así, los anteriores crímenes de guerra del ejército turco quedan sin mencionar. Ni una palabra sobre los ataques con armas químicas, los bombardeos zonales, las ejecuciones de civiles con drones asesinos, los secuestros y violaciones, la quema de los bosques.

Se adopta la narrativa turca de que el ejército está librando una “guerra contra el terrorismo” y se confunden causa y efecto. Esto es conveniente, ya que proporciona una de las principales justificaciones para la persecución del PKK en Europa.

Lo que escapa a la imaginación de los jueces y fiscales es que la lucha de los y las guerrilleras de la libertad se guía por un paradigma que es mucho más poderoso que cualquier arma. El arma más poderosa de la insurgencia es el sabor de una vida libre, autodeterminada y cooperativa, y la determinación de protegerla. Es la esperanza de una alternativa a una vida amarga, sin identidad ni dignidad.

No necesita “vídeos propagandísticos” de operaciones militares que sólo se publican con fines de documentación para desenmascarar las mentiras del otro bando. Tampoco necesita “reclutamientos”. El Estado turco y la perspectiva de una existencia en la rutina de una triste vida cotidiana en la modernidad capitalista, proporcionan el “reclutamiento” sin la intervención del PKK.

Los que luchan en las montañas tienen un largo entrenamiento a sus espaldas, en el que atornillar fusiles es lo de menos. Se trata de cuestiones fundamentales: ¿dónde están mis raíces? ¿Cómo llevo una vida libre en la que hombres y mujeres se encuentren respetuosa e igualitariamente? ¿Cómo vivo en armonía con la naturaleza? ¿Qué significa ser cooperativo y responsable? La atención se centra en el desarrollo de una personalidad moralmente estable.

Por supuesto, la judicatura y la política no saben nada de esto. ¿Cómo podrían saberlo, ya que la lectura de los escritos de Öcalan no es obligatoria a la hora de juzgar y condenar a los activistas del PKK? Es más fácil limitar la agenda del PKK a la resistencia militar.

Se pasan por alto las profundas raíces de la filosofía de Öcalan en gran parte de la sociedad kurda -y más allá, como demuestra el creciente número de internacionalistas que se echan al monte para escapar de los estragos de la modernidad capitalista en la humanidad y la naturaleza-. Nadie emprende este camino para aprender a detonar un artefacto explosivo. Lo que se busca es la humanidad más allá del Estado, el poder y la violencia.

Por eso, hoy más que nunca, hay que felicitar al PKK por su marcha el 15 de agosto de 1984.

FUENTE: ANF / Edición: Kurdistán América Latina

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