“Un día VENCEREMOS”

A veces los algoritmos me resultan maravillosos. Porque me traen cosas como estas, y en mi cabeza todo se acomoda como un tetris. Ni tan loca ni tan sola, es lo que pienso cuando leo o escucho a las compañeras kurdas y me alivia bastante que me sacudan el nihilismo que me invade o, mejor dicho, que lo acomoden y lo conviertan en algo un poco más cercano a una praxis  liberadora.  

No desconozco las críticas a sus posicionamientos, que suelen leerse para mí, con ese sesgo orientalista que nos impide reconocer no sólo un contexto, una realidad muy distinta a la nuestra en muchos aspectos, sino sobre todo un recorrido desde el origen de sus luchas. No es posible pensar y comprender la cuestión kurda y su proceso revolucionario desde una lógica aún colonial, y menos aún por fuera de la interseccionalidad que la atraviesa. ¿Cuánto es lo que conocemos sobre las sociedades de Medio Oriente, sus dinámicas y conflictos históricos como para impugnar sus fundamentos sin más? ¿Estamos segurxs que nada podemos aprender de sus luchas de resistencia?

En tiempos de radicalismos biologicistas repletos de odio, de mucho dogmatismo, categorizaciones y cancelaciones varias, también tenemos la necesidad vital de afirmar nuestra existencia, y nombrarnos “mujer”, para muchas de nosotras ha sido, como alguna vez leí, “para que estalle y revele todo lo que en esa construcción se encubre”.

Varias  veces he publicado sobre Zehra Doğan luego de que fuera encarcelada en 2017. Nuestrxs amigxs en común hicieron que esté pendiente de su situación a través de lo que me iban contando y de las campañas que se han organizado exigiendo su libertad. Zehra estuvo 600 días en prisión por pintar un cuadro que evoca la represión militar del régimen de Erdogan, y por publicar el testimonio de un niño en su página de Facebook. Así de absurdo como lo leen.

“La destrucción de Nusaybin”, de Zehra Dogan. Fue utilizado como prueba para condenarla por “propaganda y pertenencia a una organización terrorista”

“El proyecto anticapitalista llevado a cabo por el movimiento revolucionario kurdo sigue sin ser reconocido, cuando no es ignorado, incluso por la mayoría de las organizaciones feministas y antirracistas en Europa” (1). Esta nota que traigo fue publicada en Francia, pero desde aquí podríamos decir lo mismo. “Sin embargo, es un proyecto que tiene la singularidad de colocar la emancipación de la mujer en el centro de su teoría y práctica: el principio fundamental del socialismo es matar al macho dominante” (un eslogan que repetimos mucho, pero lxs kurdxs lo llevan cada día a la práctica. No es un camino fácil ni  exento de contradicciones, por supuesto).

De su correspondencia mantenida en aquellos días de cárcel con la cofundadora de la revista libertaria Kedistan, surgió También tendremos días hermosos. Un libro que reúne las cartas que esta artista y periodista militante kurda envió a su amiga Naz Öke, periodista turca residente en Francia que junto a Daniel Fleury llevan adelante la webzine Kedistan for Freedom 

Algunos extractos del libro:

“Podría contarte todo lo que está pasando aquí, pero las palabras no te van a decir nada sobre el canto de estas mujeres. Sin embargo son sus voces, que se elevan desde estas cuatro paredes y se aferran al alambre de púas, son las que mejor expresan el encierro. Estas voces, acompañadas de la lluvia, nos golpean en la cara y cantan la revuelta en el encarcelamiento, en toda su desnudez”. (10 de diciembre de 2018)

***

“Este mundo masculino apesta hasta las axilas. Grita desde su boca putrefacta. Nos vocifera sus guerras, su explotación y la vida tóxica que nos impone, llamándola ‘libertad’. Y cada vez, es con las mujeres que comienza. Porque la guerra que libra contra nosotras no es una guerra de sexos sino una guerra ideológica.

”El mundo que ofrecemos las mujeres es un mundo opuesto al de ellos. El  nuestro es ante todo político, ético y ecológico. Sabes, no ha pasado tanto tiempo desde que lo perdimos; solo cinco mil años. Teniendo en cuenta la edad de la Tierra estimada en 13,5 mil millones de años (2), la historia de nuestra derrota parece mínima. Creo firmemente que surgirá el mundo al que aspiramos. De lo contrario, estos niños seguirán contando estos horrores una y otra vez, y los adultos los escucharán como de costumbre con cansada indiferencia. Nosotras también, sigo diciendo, tenemos nuestra parte de responsabilidad por estos horrores. Si seguimos ayudando a que esta rueda gire de alguna manera, seguiremos siendo cómplices de ellos.

”Lo que la ‘civilización’ quiere que nos traguemos, es solo un agujero maloliente.

John Stuart Mill dice: ‘La primera lección de la civilización es la obediencia. Obedecemos todo. Ellos deciden cómo debemos vivir, qué debemos comer, qué nos debe hacer llorar o hacernos felices. Son ellos quienes definen la unidad de medida de la felicidad, incluso el grado de lo que una debe sentir cuando recibe u ofrece un regalo según su valor, su peso, su precio. Ya no puedo entender y perdonar a quienes no se dan cuenta de esto. ¿Pueden ser inocentes los que obstinadamente se ciegan a sí mismos? Todas estas personas son culpables. Si quieres lo mejor, tienes que luchar. ¿Por qué sería un crimen resistir contra quienes nos oprimen, explotan y dominan? En realidad, el sistema legal que califica tal acto como ‘crimen’ es lo opuesto a la justicia. Es obvio. Soy culpable porque dibujé, porque informé. Nezahat es culpable porque participó en una manifestación. Bahar es culpable porque se negó a obedecer. Sevgi es culpable de intentar transformar el orden establecido en un sistema más igualitario. ¿Podemos decir que todas estas acciones son delitos? Estos son solo intentos humanos de resistir la opresión y tomar medidas para reconstruir todo lo que nos rodea”. (7 diciembre  2018)

***

“Mi vecina de celda, Astêra, sostiene su libro, con el brazo levantado, en la parte superior de su litera iluminada por la luna. Ésta es la única forma de poder leer después de que se apagan las luces. Bajo el halo de la luna. Mi amiga todavía tiene cuatro años de condena por cumplir. ‘Me queda poco tiempo, tengo que terminar todos los libros que tengo que leer’, me dijo un día. Los lee a toda prisa. La vida de Astêra es una historia completamente diferente. Mientras luchaba contra el Daesh en Rojava, fue herida gravemente en la pierna y su estado ha sido incierto desde entonces. La herida se sigue infectando. Los médicos dicen que si continúa así, tendrán que amputarla. Tratamos de cuidarla, pero no nos deja hacerlo, se enoja: ‘Todos somos iguales. Si quieren amputarme, que lo hagan, ¡no es el fin del mundo!’.

”¡Si la vieras! Es una mujer muy feliz que se ríe a carcajadas. Hace unos días, después de hablar con su familia por teléfono, nos dijo que su padre había sido torturado. Pero ella se reía. Y nos contó también: ‘Habían declarado el toque de queda en el pueblo pero mi padre no lo escuchó y abrió su café. Por lo tanto, los aldeanos fueron allí como de costumbre. Los soldados se abalanzaron sobre ellos y los pusieron bajo custodia policial. Mi padre me dijo: Hija, a fuerza de golpes, me derribaron, y se reía! Tú también te debes estar riendo mientras me  escuchas.

”En la década de 1990, su aldea fue incendiada. Su madre no pudo sacar a su hermano pequeño de la casa en llamas y murió. Su tío fue condenado a cadena perpetua y su prima también, pero para él eso era incompresible. Al pie de la litera de Astêra, dice Efrîn. De hecho, su nombre real es Berivan, pero como es de Afrin (cantón de Rojava, bajo ocupación turca desde 2018), se llama así. No vas a creerme, pero ella dibujó ramas de olivo por todos lados. En su bolso, en su cuaderno, en su libro, en todas partes. También me hace dibujar ramas de olivo una y otra vez. En el bombardeo de Afrin, varios familiares murieron. Solo le quedan unos pocos familiares con vida. ‘No sé adónde iré cuando me liberen’, se pregunta.

”En principio, aquellos que no son ciudadanos turcos son acompañados por militares a la frontera y enviados de regreso a su país de origen. ‘No sé qué será de mí. Espero encontrar un lugar seguro’, dice riendo. Ella también se reiría durante horas. Esa mujer cuyos estallidos de risa hacen reluciente esta vida gris.

”Tenemos una amiga llamada Halise. Antes de que llegáramos a la prisión, tuvo la idea de decorar a mano las paredes con una pintura a base de agua que había encontrado en el barrio. Ella y sus amigos también dibujaron mariposas y animales. Se abrió una investigación disciplinaria contra Halise, quien asumió la responsabilidad, pero sea como sea, el lugar ahora está lleno de colores.

”Aquí, cada mujer proviene de un lugar diferente y tiene un carácter y una naturaleza diferente. Pero tenemos una creencia común y es esto lo que nos mantiene unidas. Compartimos los mismos valores de lucha. Esta hermandad no tiene nada que ver con un rebaño de ovejas. Es otra cosa muy distinta. Es la puesta en común de lo auténtico en cada una de nosotras.

”Aquí, cada una continúa su camino hacia la meta que se ha marcado con una maestría casi artística. Esto es lo que nos permite empezar un nuevo día cada mañana, motivadas, con la ambición de recrearnos pegada al cuerpo. Todos los días sentimos curiosidad por saber qué aprenderemos unas de otras. Pasamos años juntas, en el mismo lugar, rodilla con rodilla y logramos, a pesar de esta promiscuidad, estar atentas a cada palabra, escucharnos. Aquí hay una fuerza. Es el de las mujeres que son conscientes de la energía y determinación que llevamos dentro. Una fuerza comparable a la evocada por Nieztsche.

”Esto no es beligerante ni defensivo. Es la esencia de la vida, íntima, única para todos y cada uno. Encuentro en este filósofo ceñudo los sedimentos de la historia que he perdido. Veo en él la filosofía zoroástrica, cuyo principio fundamental es que todos y cada uno debemos encontrar lo correcto y lo verdadero por nosotros mismos. Nietzsche nos dice que sigamos nuestro propio camino, que intentemos crear nuestras propias virtudes y realizar nuestra propia vida. Seamos nosotros mismos y no lo que nos dicta la moral, la religión o el Estado. Nos invita a cuestionar todos los valores aceptados y nos dice que nadie sabe qué es bueno y qué es malo, que todos y cada uno debemos ser creadores. Como mujeres, lo necesitamos. Lo queremos. Debemos dejar de intentar caminar sobre los adoquines colocados por los hombres y encontrar nuestro propio camino.

”En ‘El segundo sexo’, Simone de Beauvoir habla sobre el destino de las mujeres y lo difícil que es para cada una librarse de él. Son los hombres los que inventaron este destino. Los hombres quieren mujeres que obedezcan en silencio a los dioses que inventaron. De hecho, habla sobre el mundo masculino de hoy y la necesidad de que las mujeres tengamos una lucha verdadera. Aquí, las prisioneras se niegan a adorar en silencio a estos dioses, luchan por un mundo libre y saben que es también luchando por la preservación de la tierra el modo en que la luz vencerá sobre  las tinieblas. Parafraseando a Simone de Beauvoir, diría que el día en que el ser humano se enorgullezca no de la diferencia de sexos, sino de la gloria y la dignidad de una vida libre obtenida a pesar de mil dificultades, y solo en este día, allí, la mujer podrá considerar que su historia, sus problemas, sus dudas y esperanzas son las mismas que las de toda la humanidad”. (8 diciembre  2018)

***

“Cuando mis padres llegaron a la ciudad, mi madre tenía sólo un par de aretes de oro. Ella los vendió y sobrevivieron con ese dinero. Ella siempre ha encontrado una solución a cada dificultad. Más tarde, mi padre, aunque trabajó durante años como taxista, tractorista y contrabandista, todavía no podía llegar a fin de mes. Luego fue a ver al hermano de mi madre, que en ese momento era un notable en Diyarbakır (ciudad del sudeste de Turquía), para pedirle que lo ayudara a encontrar trabajo. Así consiguió un empleo como trabajador del gobierno, lo que le permitió subir la colina y ampliar su círculo. Mis padres empezaron a construir una pequeña casa de dos habitaciones. Vivimos en el pueblo por un tiempo, en la ciudad por un tiempo, y finalmente, cuando la situación política comenzó a complicarse, nos instalamos en la ciudad para siempre. Mis tíos, los hermanos de mi padre, se fueron uniendo poco a poco.

”En un momento, éramos  treinta viviendo en estas dos habitaciones. Mis tíos también estaban casados. Una de las dos habitaciones sirvió como dormitorio para los recién casados ​​y la otra como sala, comedor y dormitorio para todos los niños, padres, abuelos e invitados. ¡Un verdadero lío! Me parece que mi madre hizo bastantes sopas para llenar todos esos estómagos. Mis tíos solían decir: ‘¡Ehem la tacaña, volvió a hacer sopa!’. Pero nadie preguntaba cómo se había cocinado ese plato. Mi madre corría para todos lados pero nunca era suficiente. Sin embargo, permaneció de pie, erguida. Ella era muy hermosa y sabía cómo sobrevivir”. (10 diciembre  20189

***

“Otra vez la noche y otra vez yo.

”Leo un libro a la luz de la luna. Miro las fotos de Sakine Cansız iluminada por la luna (Sakine fue una de las fundadoras del PKK, Partido de los Trabajadores del Kurdistán). Qué hermosa es esta mujer. En mi imaginación, la dibujo con todo su cabello rojo. Si se desarmaba la trenza y lanzaba su cabello al viento, salían chispas. Espero que puedas leerme. Eso es todo lo que puedo hacer en la oscuridad. No hay muchas posibilidades para leer y escribir en esta cárcel. Estamos constantemente perturbadas por el ruido de los pestillos, las puertas de hierro, las guardias y advertencias. También por nuestro alboroto habitual, las lágrimas y las risas del pequeño Dersim. Pero por la noche, cuando todas estas personitas duermen, todo es hermoso. Escribes con ojos cansados ​​o somnolientos pero te diviertes mucho.

”Qué difícil es vivir en esta parte del mundo. Hace cuatro años, el pueblo de Zergele en la provincia de Erbil fue bombardeado por aviones de combate. Todo lo que quedaba era una colina de escombros sobre la que se encontraba un niño. Intentaba adivinar dónde estaban las habitaciones de su casa destruida y se reía. Estaba feliz cada vez que encontraba la ubicación de una habitación. Me mostraba, ‘Mira, esta era nuestra sala de estar’, luego tomaba un cojín que estaba tirado entre los escombros, y se sentía feliz. Sus manos estaban todas rojas, cubiertas de sangre. Cavaba entre los escombros. De sus entrañas estaba retirando su pasado. En ese momento, una mujer joven con un pequeño bebé en brazos corrió hacia mí. Estaba subiendo la colina de escombros. Con cada paso, su colorido vestido se pegaba a algo, y con cada escollo, se tiraba de la falda y continuaba trepando obstinadamente. Finalmente, llegó cerca de nosotros. ‘Hijo mío’, dijo, ‘mira, tiene tres meses. Nunca conocerá a su padre. ¿Entiendes? ¡Nunca conocerá a su padre! Tampoco sabrá por qué murió. Porque ni yo, ni tú, ni nadie en este pueblo sabemos por qué estamos muriendo por las bombas. De repente nos bombardearon al amanecer. Nuestro mundo se oscureció de repente. ¿Por qué? No lo sabemos. Incluso la lluvia tiene una razón para caer. Una planta no se vuelve verde sin una razón, de lo contrario no tiene sentido en primavera. El lobo se come al cordero porque tiene hambre. Entonces, a nosotros, ¿por qué nos bombardean?’. Ella lloró sin descanso. Pero yo no tuve respuesta para él”. (11 diciembre 2018)

De las cartas de Zehra, de cada relato de las compañeras y compañeros kurdos, quizás comprendamos la fuerza de su viejo proverbio: “La resistencia es vida”. De eso se trata. Resistir para vivir.

Notas:

1- En 2017, la activista feminista y anticapitalista kurda Dilar Dirik se preguntaba por qué “la gran mayoría de los movimientos de mujeres del mundo no parecen preocuparse por el hecho de que una milicia de mujeres autónomas, impulsadas por una ideología de emancipación (…) estuviesen dedicando su victoria a las mujeres de todo el mundo, a través del lema Mujer-Vida-Libertad”.

2- La autora se refiere a una de las tesis desarrolladas por Abdullah Öcalan, uno de los fundadores del PKK, que estructura la “ciencia de la liberación de la mujer” del movimiento revolucionario kurdo: “El patriarcado no siempre ha existido. (…) Durante el período Neolítico, se creó un orden social comunal total, llamado socialismo primitivo, en torno a las mujeres. (…) La recolección, luego la agricultura, elementos predominantes de la cultura de la madre-mujer, son actividades pacíficas que no requieren guerra; la caza, una actividad predominantemente masculina, se basa en una cultura guerrera y una autoridad indivisa. (Öcalan, Liberando la vida: La revolución de las mujeres, Edición Iniciativa Internacional, 2013).

FUENTE : https://www.revue-ballast.fr/un-jour-nous-vaincrons-par-zehra-dogan/ / Texto, traducción y edición: Nathalia Benavides.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *